¿Cuál es el contexto?: la atención médica en Colombia ha alcanzado su punto más crítico, convirtiéndose en uno de los desafíos más urgentes para la administración entrante de Abelardo De la Espriella. A pocas semanas de asumir oficialmente la jefatura de Estado, el mandatario electo ya ha calificado la situación actual como una auténtica «emergencia humanitaria», advirtiendo que el esquema de aseguramiento e infraestructura se encuentra en una fase de «cuidados intensivos». La coyuntura combina un severo ahogo financiero, barreras operativas para los usuarios y un profundo rezago estructural que exigirá medidas inmediatas para evitar la parálisis del servicio.
El pilar de la problemática radica en la asfixia económica que arrastran los distintos actores del sector. La falta de liquidez oportuna mantiene paralizados los pagos a clínicas y hospitales, mientras que el cálculo desactualizado de la Unidad de Pago por Capitación (UPC) sigue abriendo la brecha entre lo que el Estado reconoce y el costo real de los servicios prestados.
A este escenario se suma el impacto fiscal provocado por el retraso en los presupuestos máximos destinados a cubrir las patologías de alta complejidad. Con cerca de 25 millones de ciudadanos adscritos a Entidades Promotoras de Salud (EPS) que hoy se encuentran bajo esquemas de intervención estatal, la gobernabilidad financiera está fracturada. El desabastecimiento en la dispensación de fármacos esenciales y la acumulación de deudas históricas con las redes hospitalarias públicas y privadas completan una ecuación que amenaza la continuidad terapéutica de millones de personas.
El plan de De la Espriella para rescatar el sistema: Auditorías y salvamento en los primeros 100 días
Más allá de los balances contables, el impacto más agudo de la crisis lo padecen los usuarios en las salas de espera. De acuerdo con los diagnósticos sectoriales que soportan el plan del nuevo ejecutivo, las demoras extremas para la asignación de citas con especialistas y la programación de procedimientos quirúrgicos han deteriorado gravemente la calidad de vida de la población, en especial de los 12 millones de pacientes crónicos identificados en el país.
El desabastecimiento de insumos médicos es otra de las alarmas encendidas. Reportes recientes evidencian que un alto porcentaje de los afiliados reporta entregas incompletas o retrasos críticos en sus tratamientos farmacológicos. Esta falta de oportunidad y resolución oportuna ha empujado al sistema a una judicialización extrema, disparando el uso de la acción de tutela como el único mecanismo efectivo que encuentran los ciudadanos para acceder al derecho fundamental a la salud. Además, las diferencias territoriales agudizan el problema, dejando a las regiones periféricas y rurales con una cobertura asistencial mínima según De la Espriella.

Para contrarrestar este declive, el equipo técnico de De la Espriella ya tiene diseñado un plan de choque financiero y operativo centrado en estabilizar el modelo mixto antes de proponer transformaciones legislativas de fondo. La estrategia contempla una inyección de recursos de corto plazo enfocada prioritariamente en saldar las nóminas atrasadas del talento humano y reactivar el flujo de caja hacia las Instituciones Prestadoras de Servicios (IPS).
Asimismo, el nuevo esquema gubernamental implementará un estricto control de fiscalización que incluirá auditorías trimestrales detalladas a la ejecución de la UPC por parte de las EPS operativas, fijando topes estrictos a sus gastos administrativos. Complementariamente, se contempla la adopción de herramientas digitales y tecnologías avanzadas para monitorear en tiempo real los tiempos de atención, garantizando que el paciente vuelva a ser el eje central de la operación sanitaria y blindando los recursos públicos contra cualquier riesgo de desvío o ineficiencia administrativa.
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