El consumo diario de los electrodomésticos se ve reflejado mensualmente en la factura eléctrica, y sin duda, el refrigerador ha sido históricamente el líder por su funcionamiento permanente, día y noche, sin interrupción.
Sin embargo, en los meses más extremos del año, las temperaturas obligan a poner en marcha los aires acondicionados o la calefacción y los equipos de climatización, lo que genera picos de demanda importantes.
Pero los electrodomésticos dedicados a la ropa les siguen bien de cerca en este “terrible” ranking. Para quitar manchas difíciles hay que calentar el agua y esto requiere una cantidad gigantesca de energía. Además, cuando no se dispone de mucho espacio en casa, se suele preferir una lavadora secadora para realizar la limpieza y el secado en un solo ciclo, de forma ininterrumpida. Y si bien esta combinación tecnológica resulta práctica, al mismo tiempo puede convertirse en un arma de doble filo si no se está atento a la certificación de eficiencia, ya que puede llegar a multiplicar sin control los costos a fin de mes.
Capacidad de carga ajustada a las necesidades reales
La compra por impulso del equipo más grande de la tienda suele ser un error común, tanto logístico como financiero. Una persona sola o en pareja malgastará muchísima agua y electricidad con el encendido de un tambor gigantesco que siempre estará a medio vaciar. Los modelos con capacidad de cinco a siete kilogramos son perfectamente ideales para apartamentos pequeños con un ritmo de limpieza habitual.
Por el contrario, las familias numerosas con niños necesitan equipos de ocho a diez kilogramos para procesar constantemente grandes volúmenes de prendas, sin sobrecargar los engranajes internos.
Lo ideal es analizar de manera objetiva el volumen de ropa sucia que se acumula cada semana, ya que de esta forma se puede aproximar el equipo que será más adecuado y, en especial, se evitarán gastos innecesarios de agua y energía en el largo plazo.
Eso sin mencionar que, para obtener un buen resultado en el lavado, es importante que el tambor esté bien dimensionado, de forma que las prendas tengan una fricción adecuada para garantizar su limpieza.
Eficiencia energética y nuevas tecnologías de ahorro
La placa de clasificación eléctrica define el costo real del aparato a lo largo de su vida útil en el hogar. Si optas por un modelo económico con baja calificación térmica, verás cómo tus facturas de servicios públicos se convierten en una verdadera fortuna con el paso de los años.
Los equipos modernos de mayor clasificación ahorran de forma significativa el consumo eléctrico gracias a sus componentes mecánicos con velocidad variable. Para analizar bien las distintas lavadoras que hay en el mercado, hay que tener en cuenta tanto el consumo eléctrico como los litros exactos de agua que usan en cada ciclo de trabajo.
Por suerte, los modelos más recientes ya han dado solución a problemas comunes al incorporar un sistema de dosificación automática del detergente para evitar que haya demasiada espuma en el interior. De esta forma se reduce el número de enjuagues necesarios, lo que se traduce en menos recursos hídricos y energéticos en cada uso.
Inteligentes programas y eficaces rutinas de limpieza
Los usuarios modernos prefieren ciclos rápidos de quince minutos para refrescar prendas con muy poco uso, ahorrando un tiempo verdaderamente valioso antes de salir al trabajo; sin embargo, es necesario que cuente con un panel de control completo.
Los programas ecológicos lavan a temperatura fría, prolongando la duración del proceso para eliminar la suciedad profunda sin encender las resistencias internas. Aunque pueda parecer contraproducente, la realidad es que esta configuración, de forma rutinaria, reduce el consumo de electricidad hasta un 80%.
Los modelos con conectividad inalámbrica permiten programar desde el teléfono inteligente el inicio del ciclo; de esta forma se pueden aprovechar las tarifas eléctricas más económicas de la madrugada. Este sin duda es un truco que vale la pena aprovechar.
Por último, para que los tejidos estén bien cuidados, hay que elegir funciones específicas para lana, algodón o prendas deportivas. De esta forma no solo se protege la ropa, sino que también se logra un menor impacto en la tarifa mensual de electricidad.
