El próximo 4 de octubre, Brasil será participe de una de las decisiones políticas más importantes para el país y la región: las elecciones presidenciales 2026. En un ambiente polarizado y tenso por dos candidatos que representan visiones diferentes para llevar al gigante sudamericano a otra instancia. Flávio Bolsonaro por un lado, y Lula Da Silva por el otro.
Ambos candidatos fuertemente respaldados por sectores políticos que no pueden ser más contrarios y de cierta forma, reflejan el debate político actual en la región: posturas de derecha conservadora con una apuesta de reduccionismo del Estado y apoyo a potencias como los Estados Unidos e Israel, frente a la visión de políticas sociales, inversión estatal y rechazo al genocidio en Gaza.
Ciertamente estas elecciones pueden marcar una tendencia total a la derecha en Sudamérica o, por el contrario, alejarse de las posturas de gran parte del globo sur americano. De acuerdo con personalidades como Henry Kissinger (ex secretario de Estado estadounidense), las elecciones presidenciales en Brasil siempre serán importantes, al marcar una relevancia política en la región.

Lula y Bolsonaro, un país y dos visiones de gobernarlo
En 2022, Brasil tenía un escenario similar tras la reñida contienda electoral que dio como ganador a Luiz Inácio Lula da Silva frente al entonces saliente presidente Jair Bolsonaro. Lula, de 80 años, busca mantenerse en un segundo mandato consecutivo y su cuarta oportunidad en el poder, de llegar a ganar las elecciones.
Aunque Lula tiene una ligera ventaja sobre Bolsonaro, no es la suficiente para garantizar una victoria sobre la derecha brasileña en primera vuelta. Cabe recalcar que si no se concreta un nuevo presidente este domingo, el Tribunal Superior Electoral de Brasil (TSE) decretó al 25 de octubre como fecha para la segunda vuelta.
Su contraparte es Flávio Bolsonaro, de 45 años hijo de Jair Bolsonaro, quien fue el presidente anterior a Lula da Silva y quien fue condenado a 27 años por intento de golpe de Estado en 2023. Flávio representa todas las ideas de su padre, en una postura inclinada a la extrema derecha.
Para ganar en primera vuelta electoral, es necesario que el candidato supere el 50% de votos para ser declarado el nuevo presidente del Brasil, en este régimen de escrutinio no se toman en cuenta los votos nulos ni en blanco.

En ese contexto, bastiones electorales como el estado de São Paulo, con 34,1 millones de electores será clave, en contraste a lugares como Rio de Janeiro, donde el Bolsonarismo es la propuesta más popular y es el tercer estado más grande de Brasil, con 12,84 millones de electores.
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