En una declaración que ha sacudido el tablero político y social del país, Abelardo De La Espriella conocido como «El Tigre» ha emitido un pronunciamiento crítico sobre la situación de orden público en Colombia. Bajo la premisa de que la nación atraviesa un periodo de desangre incontrolable, el portavoz exigió el cese inmediato de la estrategia de «Paz Total» impulsada por el Ejecutivo, calificándola como un modelo agotado que ha permitido el avance de la criminalidad.
El mensaje, que circula con fuerza en plataformas digitales, subraya una percepción de desgobierno en los territorios más vulnerables. Según el comunicado, la ausencia de una postura firme por parte del Estado ha dejado un vacío que los grupos al margen de la ley han aprovechado para fortalecer su control territorial, afectando directamente a la población civil.
Violencia en Colombia: Los hitos que detonaron la exigencia de «El Tigre»
El núcleo del reclamo de «El Tigre» se centra en la recuperación de la autoridad institucional. Para el líder, la política de diálogo sin condiciones de seguridad claras ha debilitado a las Fuerzas Armadas y de Policía, generando un clima de impunidad que se refleja en el aumento de homicidios, extorsiones y desplazamientos forzados.se cuestiona la legitimidad de los diálogos con grupos que mantienen actividades delictivas vigentes. Exigen una presencia militar efectiva en zonas donde la gobernabilidad ha pasado a manos de estructuras ilegales. El llamado a priorizar el cumplimiento de la ley por encima de las concesiones políticas.

La intervención de «El Tigre» llega en un momento de máxima tensión. Los reportes de inseguridad en regiones como el Cauca, el Catatumbo y el Chocó han intensificado el debate nacional sobre si el enfoque de negociación es el camino correcto o si, por el contrario, se requiere una ofensiva de seguridad que restablezca el orden perdido.
El término «desangre» utilizado en el título original se refleja en las estadísticas de violencia que han repuntado en los últimos meses. Sectores de la oposición y ahora voces críticas desde diversos frentes coinciden en que la estrategia de pacificación debe ser replanteada desde sus cimientos para evitar que el país retroceda a épocas que se creían superadas.
Aunque el Gobierno aún no ha emitido una respuesta oficial directa a las palabras de «El Tigre», el debate en el Congreso y en las calles ya está encendido. La opinión pública se encuentra dividida entre quienes sostienen que la paz requiere paciencia y quienes, como este líder, aseguran que el tiempo de la diplomacia sin resultados ha terminado.
La exigencia de un «regreso a la autoridad» no es solo un eslogan, sino un mandato que gran parte de la sociedad civil empieza a abrazar ante el temor de una crisis humanitaria mayor. En las próximas semanas, se espera que el Ejecutivo defina si ajustará las tuercas de su política bandera o si mantendrá el rumbo a pesar de la creciente presión social y de los llamados de advertencia como el que hoy protagoniza la agenda nacional.
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