La justicia colombiana dio un paso determinante en el esclarecimiento del magnicidio del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay. Harold Daniel Barragán Ovalle, uno de los engranajes fundamentales en la estructura que perpetró el crimen, fue condenado a 21 años y 4 meses de prisión. La sentencia se produjo tras la validación de un preacuerdo con la Fiscalía General de la Nación, en el que el implicado aceptó su responsabilidad en una operación criminal que combinó tecnología digital y el uso instrumental de menores de edad.
Con este fallo, ya son nueve las personas vinculadas formalmente al caso que conmocionó al país, evidenciando una red de sicariato de alta complejidad técnica y logística.
Panorama general: La investigación de la Fiscalía reveló que el asesinato no fue un hecho fortuito, sino una operación ejecutada en fases quirúrgicas. El papel de Barragán Ovalle fue el de un coordinador logístico desde la sombra. Según las pruebas del ente acusador, la organización utilizó grupos de WhatsApp para documentar minuciosamente los movimientos del senador: su residencia, sus vehículos, sus rutas de desplazamiento y sus rutinas diarias.
«Durante la planificación del atentado, Harold Daniel Barragán participó en cuatro videollamadas estratégicas. Estas llamadas no solo servían para coordinar los detalles del ataque, sino para presentar al menor de edad que finalmente apretaría el gatillo», explicó la fiscal asignada al caso durante la audiencia.
Sicariato por WhatsApp: Así se planeó el asesinato de Miguel Uribe Turbay

Uno de los momentos críticos documentados por los investigadores ocurrió el 6 de junio de 2025, apenas 24 horas antes del crimen. Ese día, Carlos Eduardo Mora González, Elder José Arteaga Hernández y un adolescente se desplazaron hasta el Parque El Golfito, en el barrio Modelia, al occidente de Bogotá.
El objetivo era realizar un reconocimiento de campo y «preparar» la escena. Durante ese recorrido, Elder contactó a Barragán vía videollamada para mostrarle el lugar exacto del futuro ataque y confirmar que el menor de edad, quien actuaba bajo la subordinación de Barragán y alias ‘El Caleño’, estaba listo para cumplir su rol como autor material.
Ante la contundencia del material probatorio, Barragán Ovalle optó por la negociación. El hoy condenado aceptó cuatro cargos de alta gravedad:
Homicidio agravado.
Concierto para delinquir agravado.
Uso de menores para la comisión de delitos.
Fabricación, tráfico y porte de armas de fuego agravado.
Además de su participación en el magnicidio, la Fiscalía determinó que Barragán integraba una estructura delincuencial dedicada de forma sistemática a los homicidios selectivos y al tráfico de estupefacientes en la capital.
Por qué es importante: La condena de Barragán se suma a las ya proferidas contra Katherine Andrea Martínez Martínez y Carlos Eduardo Mora González, quienes también purgan penas de 21 años. Entre los otros seis vinculados destaca Simeón Pérez Marroquín, señalado de ser el puente humano entre los determinadores (quienes ordenaron el crimen) y los ejecutores materiales.
Mientras el proceso judicial avanza, el caso de Miguel Uribe Turbay sigue dejando al descubierto cómo las estructuras criminales urbanas han sofisticado sus métodos, utilizando la mensajería instantánea para coordinar magnicidios y reclutando jóvenes para evadir, inicialmente, el peso total de la ley. La sentencia proferida hoy cierra un capítulo clave, pero la pregunta sobre los autores intelectuales sigue gravitando en los tribunales.
