En un movimiento que pone bajo la lupa la estrategia de seguridad alimentaria del Gobierno Nacional, la Contraloría General de la República emitió un serio llamado de atención al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural. El organismo de control advierte que la implementación de las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos (APPA) enfrenta riesgos estructurales que podrían comprometer tanto su legalidad como su efectividad en el territorio.
Según el informe sectorial de la Contraloría, el principal «talón de Aquiles» del proyecto radica en la ausencia de un marco normativo sólido. A pesar de que las APPA se proyectan como la piedra angular para blindar los suelos con vocación agrícola frente a la expansión urbana y la minería, el ente de control detectó que el Ministerio aún no ha definido con precisión los criterios técnicos para su declaratoria.
¿Por qué las APPA podrían fracasar? El análisis de la Contraloría sobre el blindaje de suelos agrícolas
Esta falta de claridad genera una incertidumbre jurídica que preocupa a los entes territoriales. Sin directrices claras sobre cómo delimitar estas zonas, el país corre el riesgo de que las APPA se conviertan en «figuras de papel» que no logren frenar el cambio de uso del suelo en las regiones más productivas.

Uno de los puntos más críticos señalados por el organismo de control es la falta de coordinación interinstitucional. La Contraloría advierte que existe una alta probabilidad de que las nuevas áreas de protección se solapen con: Títulos mineros ya adjudicados. Zonas de reserva forestal y áreas protegidas del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP). Planes de Ordenamiento Territorial (POT) municipales que ya tienen usos definidos.
El análisis del ente de control también arroja dudas sobre la viabilidad financiera del ambicioso plan. La Contraloría cuestiona si el Ministerio cuenta con los recursos presupuestales suficientes para sostener el monitoreo y la gestión de estas áreas a largo plazo. No basta con declarar el área; se requiere una inversión constante en asistencia técnica y tecnología para que los campesinos y productores realmente puedan cultivar bajo este modelo de protección.
Además, se observó una debilidad en los sistemas de información. La base de datos utilizada para identificar las zonas de mayor aptitud agropecuaria presenta desactualizaciones que podrían llevar a decisiones erróneas en la cartografía nacional.
La Contraloría General ha instado a la cartera de Agricultura a establecer un cronograma de cumplimiento estricto que aborde estas falencias. Entre las peticiones específicas se encuentran: Expedir los actos administrativos que den seguridad jurídica a la figura de las APPA. Cruzar datos con el Ministerio de Minas y Energía y el Ministerio de Ambiente para evitar conflictos de competencia. Crear mecanismos de diálogo con los alcaldes y gobernadores, quienes son, en última instancia, los encargados de aplicar estas medidas en sus jurisdicciones.
El Ministerio de Agricultura ahora tiene el reto de ajustar su hoja de ruta. De no hacerlo, lo que nació como una promesa para garantizar la soberanía alimentaria de Colombia podría terminar enredado en una maraña de litigios y burocracia ineficiente. La lupa de la Contraloría permanecerá sobre este proceso, recordando que la protección del campo requiere algo más que buenas intenciones: requiere planeación técnica impecable.
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