El carbón nos está salvando del apagón

Es necesario tener presente en momentos tan cruciales y sensibles como este en materia de abastecimiento energético y de agua, las discusiones que estamos teniendo hoy y los cambios que se quieren incorporar y los cambios que se quieren incorporar en la matriz energética colombiana.

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Hemos suscrito un acuerdo social, si se quiere, a nivel mundial sobre la necesidad de avanzar hacia una economía y un mundo en general en donde se actúe preservando en la mayoría de las posibilidades todo lo que significa el medio ambiente preservando nuestro hogar, el planeta tierra, combatiendo el cambio climático, apostando por la sostenibilidad, y desde luego esto está enmarcado en que los países avancen hacia el uso de energía limpias.

Eso en el papel y en objetivos está muy bien planteado, pero como todo en la vida no todo va en cartas al Niño Dios o en que los mundos que nos imaginamos se construyan de un momento a otro sin estudio y sin responsabilidad. Todo tarda tiempo. Esa es la ley de la vida.

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Colombia está afrontando una seria amenaza en cuanto a su capacidad de generación de energía y de suministro de agua por cuenta de un fenómeno de “El Niño”, que siendo justos no ha sido el más fuerte que ha tenido el país y ni siquiera se puede comparar con otros fenómenos de este tipo que se han presentado en otros lugares del mundo, que han puesto a prueba a varios países por más de siete meses.

En estos últimos dos años desde un sector de la sociedad y de la política se ha intentado destruir de un tajo la industria del carbón, que por muchos años han aportado no solo a la economía, sino que le han permitido a Colombia tener soberanía energética, exportar y aprovechar los recursos hídricos con los que se cuenta.

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Si bien, incluso empresas de las industrias extractivas como ahora las llaman, que para algunos políticos tienen que desaparecer, estas entidades han mencionado que están de acuerdo en avanzar hacia un país y una sociedad con menos emisiones. Ya están poniendo su parte y están realizando más que otras empresas que no representan amenazas al medio ambiente, pero las pruebas demuestran que sí.

Hoy los colombianos tienen que saber que a pesar de que el 71% de la electricidad que usamos en Colombia proviene de fuentes hídricas, lo que quiere decir que nuestra matriz energética es muy limpia, no somos una amenaza para el mundo como lo han querido vender.

De manera que Colombia ha construido una matriz balanceada y con una gran capacidad de recursos para enfrentar los desafíos naturales. Ahí es cuando nos hemos encontrado en que el carbón y gas han sido fundamentales para que el país mantenga un suministro eléctrico.

El carbón ha dicho presente otra vez para salvar al país

Para ser concretos, sin el carbón Colombia estaría apagado. Cuando los embalses bajan, el fenómeno de “El Niño” se extiende y el consumo por natural se sigue aumentando, el carbón y el gas han dicho otra vez: acá estamos otra vez garantizando hoy en día casi el 50% de la electricidad que los hogares colombianos están consumiendo.

El carbón nos está salvando del apagón

¿Quién va a negar la importancia del carbón en este país y en el mundo? Un carbón que le viene de salvar la vida a los europeos en los últimos dos años. Como no es necesario contar con minas de carbón formales y comprometidas con el medio ambiente como las que tenemos en Colombia, que respaldan al país, generan progreso y desarrollo en las regiones que están presente, y son las que hoy tienen al país de píe.

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Es importante que las personas que tienen que tomar decisiones en esta materia se den cuenta que no a través del sesgo y la opinión personal se construye un país con seguridad energética. Hay que aprovechar los recursos, las bondades del carbón, y tienen que mirarlo como un aliado de cara a esa transición energética que se construye día a día de la mano de comunidades, industrias, Gobierno, regiones, de todo un país.

En buena hora contamos con compañías carboneras y a ellas nuestra gratitud, pues han sido estoicos y hoy tienen la camisa puesta del país para seguir manteniéndonos de pie.

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