El riesgo de perder la democracia por esperanzas frustradas

Las mismas limitantes de los modelos democráticos. Esas que no permiten la mayor eficiencia, que invitan constantemente al diálogo y que bajo los tiempos modernos de Gobierno, que son cortos para hacer el bien ni muy largos para hacer el mal, parecería estar colapsando.

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A nivel mundial cada vez se está reevaluando más el modelo de la democracia. Parecería que hoy este ítem como diría algún personaje ficticio de una serie, y por eso es menos importante o carece de seriedad, la democracia está sobrevalorada.

En la realidad en el terreno estamos viendo como los países están migrando por lo menos en el debate público, en la comunicación y análisis de los Gobiernos hacia unas necesidades que parecen incompatibles con la democracia. Las personas necesitan todo ya, quieren todo ya, piden resultados rápidos, quieren acción, decisión y la misma ausencia de fuertes liderazgos en los últimos años despierta anhelos por parte de la ciudadanía, y sobre todo en Colombia, un país tan dependiente de sus gobernantes, tanto nacionales como locales.

Hablamos de las esperanzas frustradas en nuestro editorial porque recogemos que gran parte de la indignación de los resultados que no fueron de esas personas que no tenían nada que perder, fueron las que llevaron a Gustavo Petro al poder. Hoy se podrá discutir el Gobierno actual, pero nunca se pueden dejar de ver las causas de porque paso lo que paso.

Hemos mencionado en repetidas ocasiones que este ejercicio también lo deben hacer las regiones. No basta de librarse de un mal alcalde en una elección. Se necesita hacer un buen trabajo desde ya para sembrar un buen mediano y largo plazo.

Invitamos a esta reflexión porque nos aventuramos a decir que difícilmente el Gobierno de Gustavo Petro cumpla las expectativas y las promesas de campaña. Incluso ese anhelo que esos más de 11 millones de colombianos que votaron por él tenían. Muchos por sesgos políticos, otros por querencias, malquerencias, pero desconocer que había una necesidades y sentimiento real de cambio es una necedad.

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En ese aspecto hoy creemos que en los próximos meses se van a consumar muchas esperanzas frustradas. Sobre todo, en el último año de Gobierno las personas van a identificar que su situación económica no cambió, que el empleo no cambió, no hay seguridad, no hay justicia, y esto va a llevar al país a buscar otra solución más radical que la que buscó en el 2022.

Ahí está la importancia de cuidar la democracia, tanto para este Gobierno como para los que vienen. Es claro que las dictaduras de izquierda, derecha o cualquier sector político no deben ser bienvenidas.

Sucede que este Gobierno se debe ir el 2026, no hay espacio para dudar en eso y el presidente debe ser consciente de que no hay espacio para hablar de relección y otros ataques a la democracia.

Como conclusión, esa gran preocupación que queremos manifestar es que pasará con las personas que van a ver como la primera presidencia de izquierda les quedó más mal que todos: ¿Dónde volverán a poner una ilusión nuevamente y en qué van a creer?

Esa es la mayor desventaja de los presidentes modernos que llegan y no están preparados para esos cargos, y si lo sistemas democráticos no se modernizan, no flexibilizan, no ganan rapidez y son compactos en el modelo de gobernanza, se van a quedar como modelos arcádicos en el mundo.

De manera que es una reflexión dura, pero necesaria y en ese aspecto quisiéramos sembrar este debate. Colombia se lo merece.

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