Escala la violencia e inseguridad alcaldes y gobernadores piden auxilio

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Las cosas independiente de los deseos de los protagonistas hay que decirlas como son y lo cierto hoy es que, el proceso de paz total está fallando sistemáticamente en todo el país.


EDITORIAL


Hace varias semanas planteábamos una pregunta en uno de nuestros editoriales en donde decíamos que si no era Gustavo Petro quien hacía la paz en este país, ¿Quién lo iba a hacer? ¿Quién más podía entender tan bien no solamente la ideología  sino las estrategias de los grupos guerrilleros en Colombia? ¿Quién más podría darle la garantías que hoy Petro les ha extendido a todos los grupos delincuenciales y terroristas que hay en Colombia?

Es una respuesta que nadie se atreve a dar, porque es claro que han pasado más de 6 meses del gobierno de Gustavo Petro y no hay un solo avance significativo en esa materia, todo lo contrario, el país ha podido ver cómo secuestraron a mucha gente del ejército en las últimas horas, la guerrilla terroristas del ELN, como una de las disidencias de las FARC secuestraron un contratista de la empresa Celsia en Jamundí, que afortunadamente fue liberado.

Los gobernadores y alcaldes están teniendo que evitar mayor parte de sus días, a atender diferentes denuncias, gravísimas de orden público y en ellas, lo que más preocupa es el aumento de los indicadores de extorsión, de fleteo y sobre todo el aumento considerables del negocio del narcotráfico y dependiendo de la región también se está reportando como existe un nuevo despliegue de estas estructuras criminales para hacerse con el control de distintas tierras, en donde incluso, están desplazando a sus propietarios. 

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Cabe entonces la pregunta ¿Qué está sucediendo con los diálogos que se sostienen con toda la red de delincuentes que hay en Colombia? ¿Qué está exigiendo el gobierno a cambio del cese de hostilidades? y ¿Por qué se está quedando corto? a la hora, no solo en el momento de «reclamar gestos» como diría Ivan Cepeda o buenas intenciones, sino, en que existe un supuesto compromiso de sacar esta casa adelante y que tendría que haber unas líneas rojas en donde las dos partes hacen respetar lo acordado, pero hoy parece inexistente.

El grave y gran problema de todo esto es que la policía, el ejército, la armada, fuerza aérea están amarrados de pies y manos, no pueden hacer absolutamente nada contra esos grupos delincuenciales, tanto así, que les ha tocado tolerar los patrullajes de estos grupos terroristas en distintos territorios de Colombia paseando como si fueran la autoridad, ley y orden.

Las personas están asustadas, las personas tienen en su cabeza imágenes aún muy frescas de lo que acontece en Colombia entre el 95 y el año 2002. Esto que escribimos en este editorial no solo es un llamado para que se reflexione a lo que se viene haciendo dentro de la mesa de diálogos, sino unas líneas de solidaridad con los mandatarios locales que están teniendo que padecer las consecuencias de que este proceso que no va bien.

Si este proceso, no se revierte puede llegar a un punto de no retorno en el que ni Gustavo Petro, ni absolutamente nadie en este país tendrá la posibilidad de retornar a un control territorial y a una lucha efectiva de la delincuencia. ¿Por qué?, porque estamos cediendo lo que el estado Colombiano ganó en más de 20 años de confrontación, contra estructuras ilegales, si las vuelven a retomar, será una tarea titánica, imposible que claramente que este gobierno por su ideología sería incapaz de hacer. 

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