En las profundidades de las redes sociales y a través de cadenas de mensajería instantánea, se está gestando una trampa mortal para cientos de exmilitares y civiles colombianos. Bajo la fachada de «oportunidades laborales en el extranjero», estructuras de reclutamiento están captando ciudadanos para combatir en la guerra entre Ucrania y Rusia, utilizando como principal anzuelo salarios astronómicos que, en la mayoría de los casos, resultan ser una mentira.
La oferta parece irrechazable. Los anuncios, que circulan con frecuencia en grupos de Facebook y Telegram, prometen ingresos mensuales que oscilan entre los $15 millones y los $40 millones de pesos. Para un país donde el salario mínimo apenas supera el millón de pesos, la cifra actúa como un imán irresistible para quienes enfrentan deudas o falta de oportunidades.
Ucrania: Promesas de sueldos ocultan una red de reclutamiento mortal
Sin embargo, detrás del brillo del dinero se esconde una realidad sombría. Según investigaciones y testimonios de sobrevivientes, estos montos están sujetos a condiciones casi imposibles de cumplir. «Te dicen que ganarás 3.000 dólares mensuales, pero no te explican que gran parte de ese dinero se queda en ‘gastos operativos’, seguros que no existen o comisiones para los intermediarios que te llevaron allá», relata un exsoldado que regresó recientemente al país.
El proceso de captación es metódico. Los reclutadores en Ucrania suelen buscar perfiles con experiencia previa en el manejo de armas (especialmente reservistas del Ejército y la Policía Nacional) aprovechando la formación de alta calidad que reciben las fuerzas armadas colombianas. Al llegar a territorio ucraniano, la narrativa cambia drásticamente. Los colombianos son integrados a la Legión Internacional, donde la barrera del idioma y la falta de equipo adecuado se convierten en enemigos tan peligrosos como los misiles rusos. Los pagos, que supuestamente llegarían a las cuentas bancarias de sus familias en Colombia, suelen retrasarse meses o simplemente nunca aparecen de forma íntegra.

Muchos de los combatientes se ven atrapados en una guerra que no comprenden, motivados únicamente por una necesidad económica que los reclutadores explotan sin piedad. Las autoridades colombianas han reiterado en diversas ocasiones que no existe un marco legal que proteja a los ciudadanos que deciden unirse voluntariamente a conflictos armados extranjeros. Al tratarse de decisiones individuales y, en muchos contextos, de mercenarismo, el Estado tiene un margen de maniobra limitado para intervenir en caso de incumplimiento de pagos o repatriación de cuerpos.
La situación sigue escalando, mientras las cifras de bajas extranjeras en el conflicto aumentan, las redes de reclutamiento siguen activas, adaptando sus mensajes para seguir cazando a aquellos que, por un puñado de millones, están dispuestos a apostar su vida en un tablero ajeno. La recomendación es clara: desconfiar de ofertas laborales que prometen salarios fuera de la lógica del mercado y que implican el traslado a zonas de conflicto bélico.
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