La amenaza de Maduro ante una región que mira en silencio

Los planes expansionistas del presidente de Venezuela son reales y quiénes consideren esto como un juego están muy equivocados.

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En medio de las fechas decembrinas y los asuntos álgidos de cada país, específicamente en el caso colombiano, iba pasando desapercibida la intención del autócrata venezolano de anexar una región, por ahora, de Guyana a territorio venezolano, bajo el argumento trasnochado y claramente sin fundamento, sin ningún piso, soporte o decisión jurídica que la preceda, de que en algún momento de la historia ese territorio le perteneció a Venezuela. Esto no se trata de nacionalismo, no se trata de recuperar un territorio que ha estado en disputa latente y en el cual se ha proferido una decisión, por parte de una corte.

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Venezuela, la cual ha intentado de manera balbuceante, despertar de un fenómeno de pobreza y de miseria espeluznante que ha cobrado vidas, que ha cobrado libertades, que ha hecho que se produzca un éxodo de millones de venezolanos a lo largo del mundo.  

Esa misma crisis ha llevado a Maduro, en las últimas fechas, a tratar de encontrar soluciones en materia económica para un país que está devastado, saqueado y que el último espaldarazo que recibió fue por parte de Estados Unidos, quien les levantó unas sanciones con base en los supuestos avances de las mesas de diálogo entre oposición y oficialismo.

Se levantaron las sanciones, se reanudaron algunas inversiones en el sector petrolero y hoy Maduro amenaza al continente con esta decisión.

Maduro ante la imperante y urgente necesidad de conseguir recursos económicos, revisó en sus mapas, en sus posibilidades y en sus reuniones con sus mandos militares que podían hacer, no solamente porque tienen gran parte del petróleo embargado, sino porque su industria petroquímica y petromineral, está destruida. 

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Ante esto, la mejor solución que se le ocurrió al mandatario, para reavivar un patriotismo fundido hace muchos años, para tratar de unificar al país con un enemigo externo que es la Guyana y diciéndoles vamos a recuperar lo que nos pertenece, que nos va a beneficiar, a puertas de unas elecciones presidenciales; luego de haber recibido con contundencia un resultado en las primeras de la oposición que le dan todo el respaldo a María Corina Machado.

En ese sentido, Maduro convoca a un plebiscito, donde claramente ganó él, en el cual votaron a mitad de los venezolanos y todos votaron que sí, que estaban de acuerdo en anexar, en recuperar esta parte de Guyana. Dejando como resultado que hoy, Maduro  ordenara a PDVSA empresa, ahora socia de Ecopetrol, que vaya ese territorio explorar y explotar carbón, petróleo, gas y todo lo que se encuentre.

Paralelo a eso su socio comercial y sociopolítico, Gustavo Petro, estaba diciendo al mundo desde Dubai, la semana pasada, que Colombia no va a explotar más petróleo y no va a firmar más contratos porque tenemos que salvar al mundo, el mundo depende de que Colombia no explote sus recursos naturales, todo se cae por su propio peso.

Lo peor de todo, lo más lamentable, es que la comunidad del continente está de brazos cruzados, tomando mate, viendo como Maduro en un intento de emular de Putin, planea reconquistar alguna tierra que alguna vez fue de Venezuela y de paso mira Colombia y nos quiere conformar la gran Colombia, de nuevo.

Este silencio cómplice, tímido, cobarde, canalla porque hay una comunidad, hay un país, Guyana, quien fue en algún momento Colonia británica, jugó un papel importantísimo en materia minero energético, donde tiene una de las mayores reservas de gas, de petróleo y minerales del mundo. Hoy está bajo los ojos de Maduro, porque sabe que allá puede hacer negocio.

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De manera, que hay que plantearse muchas dudas, sobre realmente detrás del presidente de Venezuela, a quién beneficia este negocio, hay potencias interesadas detrás Irán, Rusia, China, Estados Unidos, entonces porque ese silencio. Unas invasiones se condenan y otras no, dependiendo de quién gana y quién no en la guerra.

La ONU seguirá de adorno, como un jarrón chino en una sala, que no les da pena botarlo, pero no saben dónde ponerlo.  Si el continente y Colombia, que claramente no lo harán, porque ahora somos amigos inseparables de Venezuela.

Brasil sí está reaccionando con algo refuerzo en la frontera, si no le pone atención a esa situación y no se le exige a Maduro que cese semejante plan criminal, será un episodio más en la cruenta historia política latinoamericana, hipócrita, de doble rasero, que le permita un autócrata como lo es Maduro seguir usurpando, el poder seguir atornillando hacia él y sobre todo seguir destruyendo la democracia en la América Latina. 

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