La reforma tributaria es impresentable

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EDITORIAL

No podemos actuar como si nada pasara, el Gobierno está disfrazando con un remoquete de “solidaridad, fraternidad y sostenibilidad”, lo que es un robo a mano armada a los colombianos por cuenta de la nueva reforma tributaria.


La solidaridad y la fraternidad no implican destruir el patrimonio y la riqueza de los empresarios para repartir miseria. Es realmente deplorable lo que se conoce sobre la reforma que el presidente Iván Duque y el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, se proponen presentar después de la Semana Santa ante el Congreso de la República.

Hasta ahora, este es un Congreso que en su mayoría no ha estado a la altura de las exigencias ciudadanas y, sabemos que a un año de elecciones, fácilmente van a entregar todo lo que tengan para salir electos nuevamente.

Incluso más irónico, incoherente e impensable es que el gobierno de Iván Duque, de los mismos creadores de “Salvemos a Colombia en el 2022” y quienes hablaron de aumentar el salario y bajar impuestos; hoy estén en el firme propósito de gravar productos como el huevo, la sal y el café con IVA. Es increíble y demuestra la ignorancia de quienes están en el Gobierno porque es evidente que no saben de costos ni de presupuestos.

No tienen idea de lo que cuesta producir un huevo en Colombia, o una libra de sal o un bulto de café. Lo que se está buscando simplemente en este país es terminar de quitarle lo poco que les queda a los ciudadanos y a los empresarios, a través de tasas confiscatorias. Pues lo que van a lograr es incentivar que los que tienen capital migren a otros países como ya lo han hecho, yéndose a Panamá, Miami o Europa. Este panorama no es atractivo para ningún inversionista internacional.

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Además, y sin ir más lejos, la propuesta de eliminar el Régimen de exentos, que involucra gravar el pollo y el huevo con IVA, es un golpe directo a la base popular y la clase media del país, aun considerando que la base popular hoy goza de subsidios y devolución de IVA. Y peor, la clase media, que es considerada rica porque cuentan con un celular inteligente, algún vehículo para movilizarse y están pagando un apartamento, a ellos es a los que el Gobierno quiere “clavar” fuertemente con más impuestos.

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Esto no es solo un conjunto de malas decisiones, de malas proyecciones, un derroche de dinero público que el gobierno de Iván Duque ha tenido y que se lo quieren trasladar a los contribuyentes; es el descaro de las decisiones de normalizar a más de 1,5 millones de venezolanos, de mantener una estruendosa nómina burócrata y clientelista estatal y no hacer ningún esfuerzo por reducir los costos, más bien siempre salir con los mismos cuentos de cada reforma tributaria, que van a reducir en publicidad cuando ni siquiera lo hacen, o que van a viajar en clase turista como tampoco lo han hecho. La gente ya no cree en ese cuento, está quemado.

La reforma realmente debe trabajar en asuntos de peso, como que la mayoría de pensiones altas están subsidiadas por el Estado, es decir, hoy recae esa responsabilidad en los contribuyentes. Por esto, es una obligación gravar a los pensionados de más de 7 millones de pesos, porque nuestros impuestos les están pagando casi 48 millones de pesos por año. Este debate se debe hacer rápido para que este barril sin fondo se acabe.

Además, elevar el impuesto al patrimonio al 3% es sevicia del gobierno Duque y, también, aumentar el impuesto a los dividendos es otra invitación para que sigan buscando todas las formas de evadir el pago de tributos en Colombia y, por ende, un Congreso decente no aprobaría la reforma tributaria que el Gobierno Nacional va a presentar.

Estas propuestas son absolutamente calcadas de programas socialistas, incluso programas tan populistas como el de Pablo Iglesias en España, que conversaría muy bien con Duque sobre las cargas impositivas.

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 El Gobierno no se atreve a dar debates como el cobro de impuestos a las motos, es decir, que paguen un peaje, un impuesto al rodamiento, un impuesto al consumo, que paguen IVA…, más de un 50% de las motos del país andan sin SOAT y sin ningún problema por todo el territorio nacional. Pero el Gobierno no está dispuesto a encarar esta discusión, ¿será que el Uribismo vende motos?

Cualquier persona con dos dedos de frente y una idea de economía sabe que esta reforma que se va a presentar es inmoral, es irresponsable, no tienen las credenciales para presentarse y ojalá que los colombianos se apresten a protestar, a criticar, a cuestionar, a llamar a sus congresistas, a los congresistas por los que votaron, para decirles que ningún voto va para ellos si aprueban esta reforma tributaria absurda y que no puede ser realidad.

Primero, que reduzcan el Congreso; primero, que supriman las Altas Consejerías; primero, que eliminen a miles de contratistas que entregan informes insulsos cada mes para ganarse un puesto; primero, que el estado colombiano se ponga en los pies del empresario; primero, que se ponga en los zapatos de los colombianos que trabajan sus jornadas completas y que no les cabe un impuesto más.

El llamado es a que el Estado sea responsable y dé debates de largo aliento, como que se deberían gravar todos los bienes y los productos, pero con tarifas diferenciales, progresivas y justas; que todos los colombianos declaren renta, que no es lo mismo que pagar impuestos, en fin, que todos aportemos al país.

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