miércoles, febrero 1, 2023
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    Manual del perfecto idiota… facho

    Como todo manual es sesgado y tira para el lado que le conviene. Igual ocurre con el texto de Galeano, el cual dijo en alguna ocasión que si pudiera hubiera investigado más para esa obra. Sin lugar a duda, en los anales del periodismo y el ensayo latinoamericano, Eduardo Galeano tiene un sitial de honor, no solo por la calidad de su prosa sino por su sentido humanista y político.


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    Por: Wilmar Vera Zapata

    A finales de la última década del siglo pasado, tres “intelectuales” de la derecha latinoamericana publicaron un libro que pretendió ser la guía para conocer al “perfecto idiota latinoamericano”. Su texto, Manual del perfecto idiota latinoamericano, escrito por Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, pretendió ser una carta de navegación y crítica a los conceptos de izquierda aún presentes en la región. Además, quiso ser la versión reaccionaria de otro clásico de la política regional: Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano.

    En 2007, se reencaucharon con El regreso del idiota, versión actualizada de sus odios y tergiversaciones en medio del giro al progresismo que había dado en ese momento América del Sur.

    Para ambos textos hay detractores y áulicos. Sobre el libro de los momios, vale la pena decir que fue una compilación de frases comunes y análisis sesgados sobre cómo el comunismo internacional había llevado a la ruina a países prósperos y felices, como la Cuba de Batista, donde los dólares fluían y La Habana era una de las ciudades más animadas del mundo… hasta 1959, cuando cayó el muro de hierro sobre el tropical paraíso mafioso y capitalista.

    Del mismo autor: Febrero 13, ¿golpe de Estado contra Petro?

    Como todo manual es sesgado y tira para el lado que le conviene. Igual ocurre con el texto de Galeano, el cual dijo en alguna ocasión que si pudiera hubiera investigado más para esa obra. Sin lugar a duda, en los anales del periodismo y el ensayo latinoamericano, Eduardo Galeano tiene un sitial de honor, no solo por la calidad de su prosa sino por su sentido humanista y político.

    De su contraparte, no podemos esperar un nivel parecido. Apuleyo es un hijo mimado del sistema cuyo mérito es haber sido amigo de Gabo (izquierdista, castrista y perseguido político) del cual ha explotado esa relación publicando libros de chismes y recuerdos, pues sabe que develar la memoria del Nobel de Literatura colombiano le representa algunos centavos en su vida de intelectual de derechas, que no da un golpe a la tierra, pero vive de anunciar desde su torre de marfil los errores del socialismo.

    Montaner y Vargas Llosa son dos lánguidas sombras que poco aportan a la reflexión política y que, en suma, representan, la carencia de autores y pensadores latinoamericanos de esa corriente retrógrada. El más cercano y no produjo mucho fue Álvaro Gómez Hurtado, un derechista moderado, a diferencia de su padre Laureano Gómez, que era un filonazi, racista y católico (perdón el pleonasmo).

    Ahí segaron un intelectual de derecha, porque sus descendientes no pasan de ser oportunistas y disminuidos mentales. Como todos los representantes de la gloriosa línea ideológica azulada, desde Rafael Núñez, Mariano Ospina Pérez, Guillermo León Valencia, Andrés Pastrana o Álvaro Uribe. Ni hablar de Duque, que fue un pelele…

    Vale la pena recordar el origen de la palabra idiota. En la antigua Grecia, los eupátridas estaban llamados a gobernar la polis, como las mujeres dirigir la casa. De ahí vienen las palabras política y economía. A esos varones, mayores, ricos, educados, que no querían participar en la gobernanza de la ciudad-estado, se le llamaba ideota. De ahí nuestra palabra e insulto.

    Hoy los idiotas son otros, se enorgullecen de serlo y hasta lo pregonan. Repiten como loras consignas caducas y absurdas, que no superan un leve remezón de conciencia, porque es más fácil creer una mentira que confrontarla. Basta ver cómo desde la llegada del gobierno progresista de Gustavo Petro, las hordas hacen gala de su ignorancia con tal prolijidad que ni cuenta se dan que hacen el ridículo o no les importa, máxime cuando tienen como ejemplo de líder a un sujeto que no se sabe si es negro o indígena y que llegó al puesto gracias a las amenazas y extorsiones a los ganaderos de la costa por parte de sus patrocinadores

    (Ver: https://www.elespectador.com/investigacion/ganaderos-denuncian-presiones-de-fedegan-para-votar-por-maria-fernanda-cabal/).

    Idiota es el que cree que, tras 20 años de uribismo, el capo de esa banda criminal tiene las respuestas y soluciones a los daños que él mismo generó. Los ladrones y corruptos de la banda de la tercera y cuarta letra saben cómo sacarnos del escorial donde son los reyes y amos.

    Ahora, dicen eufóricos, sí saben gobernar…

    Colombia se cansó de esas mentiras y hay que demostrarlo. El ex presi (dente, diario) se diluye como estatua de hielo bajo la canícula. Debe ser frustrante ver cómo en sus reuniones sólo va un puñado de viejos nostálgicos de un discurso que no cala, en salones sociales o parroquiales, porque llena más un vagón de Metro a mediodía que las convocatorias de esas “carnitas y huesitos”. Verlo y oírlo es tan novedoso como vender máquinas de escribir en una feria de ciencia.

    Ya les pasó la hora y el triunfo del progresismo fue el primer palado de tierra y en 2023 deben quedar para siempre sepultados. Los momios, a la tumba, donde no deben volver a resucitar.

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    Como todo manual es sesgado y tira para el lado que le conviene. Igual ocurre con el texto de Galeano, el cual dijo en alguna ocasión que si pudiera hubiera investigado más para esa obra. Sin lugar a duda, en los anales del periodismo y el ensayo latinoamericano, Eduardo Galeano tiene un sitial de honor, no solo por la calidad de su prosa sino por su sentido humanista y político.


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    Por: Wilmar Vera Zapata

    A finales de la última década del siglo pasado, tres “intelectuales” de la derecha latinoamericana publicaron un libro que pretendió ser la guía para conocer al “perfecto idiota latinoamericano”. Su texto, Manual del perfecto idiota latinoamericano, escrito por Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, pretendió ser una carta de navegación y crítica a los conceptos de izquierda aún presentes en la región. Además, quiso ser la versión reaccionaria de otro clásico de la política regional: Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano.

    En 2007, se reencaucharon con El regreso del idiota, versión actualizada de sus odios y tergiversaciones en medio del giro al progresismo que había dado en ese momento América del Sur.

    Para ambos textos hay detractores y áulicos. Sobre el libro de los momios, vale la pena decir que fue una compilación de frases comunes y análisis sesgados sobre cómo el comunismo internacional había llevado a la ruina a países prósperos y felices, como la Cuba de Batista, donde los dólares fluían y La Habana era una de las ciudades más animadas del mundo… hasta 1959, cuando cayó el muro de hierro sobre el tropical paraíso mafioso y capitalista.

    Del mismo autor: Febrero 13, ¿golpe de Estado contra Petro?

    Como todo manual es sesgado y tira para el lado que le conviene. Igual ocurre con el texto de Galeano, el cual dijo en alguna ocasión que si pudiera hubiera investigado más para esa obra. Sin lugar a duda, en los anales del periodismo y el ensayo latinoamericano, Eduardo Galeano tiene un sitial de honor, no solo por la calidad de su prosa sino por su sentido humanista y político.

    De su contraparte, no podemos esperar un nivel parecido. Apuleyo es un hijo mimado del sistema cuyo mérito es haber sido amigo de Gabo (izquierdista, castrista y perseguido político) del cual ha explotado esa relación publicando libros de chismes y recuerdos, pues sabe que develar la memoria del Nobel de Literatura colombiano le representa algunos centavos en su vida de intelectual de derechas, que no da un golpe a la tierra, pero vive de anunciar desde su torre de marfil los errores del socialismo.

    Montaner y Vargas Llosa son dos lánguidas sombras que poco aportan a la reflexión política y que, en suma, representan, la carencia de autores y pensadores latinoamericanos de esa corriente retrógrada. El más cercano y no produjo mucho fue Álvaro Gómez Hurtado, un derechista moderado, a diferencia de su padre Laureano Gómez, que era un filonazi, racista y católico (perdón el pleonasmo).

    Ahí segaron un intelectual de derecha, porque sus descendientes no pasan de ser oportunistas y disminuidos mentales. Como todos los representantes de la gloriosa línea ideológica azulada, desde Rafael Núñez, Mariano Ospina Pérez, Guillermo León Valencia, Andrés Pastrana o Álvaro Uribe. Ni hablar de Duque, que fue un pelele…

    Vale la pena recordar el origen de la palabra idiota. En la antigua Grecia, los eupátridas estaban llamados a gobernar la polis, como las mujeres dirigir la casa. De ahí vienen las palabras política y economía. A esos varones, mayores, ricos, educados, que no querían participar en la gobernanza de la ciudad-estado, se le llamaba ideota. De ahí nuestra palabra e insulto.

    Hoy los idiotas son otros, se enorgullecen de serlo y hasta lo pregonan. Repiten como loras consignas caducas y absurdas, que no superan un leve remezón de conciencia, porque es más fácil creer una mentira que confrontarla. Basta ver cómo desde la llegada del gobierno progresista de Gustavo Petro, las hordas hacen gala de su ignorancia con tal prolijidad que ni cuenta se dan que hacen el ridículo o no les importa, máxime cuando tienen como ejemplo de líder a un sujeto que no se sabe si es negro o indígena y que llegó al puesto gracias a las amenazas y extorsiones a los ganaderos de la costa por parte de sus patrocinadores

    (Ver: https://www.elespectador.com/investigacion/ganaderos-denuncian-presiones-de-fedegan-para-votar-por-maria-fernanda-cabal/).

    Idiota es el que cree que, tras 20 años de uribismo, el capo de esa banda criminal tiene las respuestas y soluciones a los daños que él mismo generó. Los ladrones y corruptos de la banda de la tercera y cuarta letra saben cómo sacarnos del escorial donde son los reyes y amos.

    Ahora, dicen eufóricos, sí saben gobernar…

    Colombia se cansó de esas mentiras y hay que demostrarlo. El ex presi (dente, diario) se diluye como estatua de hielo bajo la canícula. Debe ser frustrante ver cómo en sus reuniones sólo va un puñado de viejos nostálgicos de un discurso que no cala, en salones sociales o parroquiales, porque llena más un vagón de Metro a mediodía que las convocatorias de esas “carnitas y huesitos”. Verlo y oírlo es tan novedoso como vender máquinas de escribir en una feria de ciencia.

    Ya les pasó la hora y el triunfo del progresismo fue el primer palado de tierra y en 2023 deben quedar para siempre sepultados. Los momios, a la tumba, donde no deben volver a resucitar.

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