Más cuarentenas y toques de queda continuos son insostenibles

EDITORIAL


La semana pasada, en su recta final, tuvo como epicentro unas decisiones por parte del alcalde de Medellín Daniel Quintero, quien anunciaba a pocas horas de finalizar el viernes 15 de enero, un toque de queda continuo. Luego de esta reacción, la ciudad se quedó sola ante la negativa de sus vecinos en el área metropolitana para acoger esta medida.

Se ha demostrado con suficiente información, con casos a nivel mundial y con distintos indicadores que los confinamientos lo único que hacen es retrasar los contagios, bajar la velocidad de infecciones y dar un suspiro a las unidades de cuidados intensivos. Sirven para que los gobiernos se preparen mejor aún teniendo en cuenta el número de intensivistas, un limitante para la atención de cada uno de los enfermos, como también que son la primera línea de defensa y que los profesionales también han salido infectados y han fallecido por cuenta del coronavirus.

La otra pandemia, la económica, social y de salud mental, también afecta en gran manera a los ciudadanos. Colombia está en un segundo pico, en una segunda ola de contagios y si bien se ha mejorado relativamente en la capacidad instalada de unidades de cuidados intensivos no siendo las cifras que se trazaron como metas y con las vacunas un poco lejanas en el horizonte para nuestro país, pues planta un gran reto a todos los gobernantes y a la sociedad en general a la hora de enfrentar este nuevo pico.

Las cifras de desempleo siguen siendo preocupantes, ni qué hablar de las de informalidad que superan el 57 % en nuestro país. Las empresas han tenido que cerrar sus operaciones, o quienes han tenido que despedir a cientos de empleados y el colapso económico de muchas familias que han sido golpeadas fuertemente por esta pandemia.

Las festividades de navidad, que pudieron ser controladas de una manera más efectiva y no haber tenido incentivos tan perversos como los alumbrados, cero regulación en un día como el 7 de diciembre, entre otros, y la permisividad que se dio para aglomeraciones en casas, discotecas clandestinas y fincas, son la causa raíz de lo que hoy está viviendo Antioquia y otros lugares de Colombia. No se tomaron medidas necesarias y ahora se quiere cortar el progreso de estas infecciones con toques de queda continuos de 24 a 72 horas ineficaces.

Aunque han sido desmentidas por el Gobierno Nacional, se habla de nuevas cuarentenas. El Gobierno ha asumido la facultad en el Ministerio del Interior para que sean ellos quienes tomen las decisiones de cuarentenas en ciudades principales con UCI ocupadas en más del 70 %, una buena medida, pero parece que la semana pasada el Gobierno se olvidó de ejercerla.

Desde este medio de comunicación queremos hacer hincapié en que el único método para afrontar esta pandemia no es distinto al uso obligatorio de mascarilla so pena de multas onerosas. No se entiende por qué el Gobierno Nacional no lo ha hecho, es imposible subsistir si algunos ciudadanos siguen usando el tapabocas de adorno en el cuello o en la frente; si no son castigados por esto nunca lo van a aprender. Tenemos que remontarnos a las épocas de cuando se multaba por no usar el cinturón de seguridad en un coche, hasta que comenzaron las multas las personas comenzaron a usarlo.

El distanciamiento social y evitar a toda costa las aglomeraciones es vital. Se les tiene que exigir a todos los establecimientos de comercio que tengan un aforo controlado, no puede ser nunca el aforo que tenían antes de la pandemia. En el caso de restaurantes y bares también tiene que haber un distanciamiento, quien no lo cumpla lastimosamente tiene que ser multado. 

Estamos en un momento en donde se demanda más autoridad y regulación, en parte autoritarismo, pero no para que los gobernantes se salgan por la tangente encerrando a todo el mundo con un decreto, esa no puede ser la salida. No puede estar más encima de la mesa la opción de una cuarentena o toque de queda continuo, esa no es la salida.

Queremos destacar el valor de alcaldes como Braulio Espinosa, primer mandatario de Envigado, de Juan Sebastián Abad, alcalde de La Estrella, Óscar Andrés Pérez, en Bello, y Rodrigo Hernández, alcalde de Rionegro. Ellos se mostraron en contra de estas decisiones tomadas la semana pasada. Primero la vida, pero la vida también se basa en tener una economía que funcione, en una posibilidad de que las personas hagan actividad física y que disfruten en medio de esta contingencia con responsabilidad.

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