¡No estamos para paros!

¿No fue suficiente con el paro que tuvimos por 6 largos y cruentos meses por cuenta de la pandemia que nos ha azotado? Ahora resulta que algunos sectores quieren seguir parando al país, con todo tipo marchas sin ninguna medida de bioseguridad, y lo peor, en algunos casos con complicidad de alcaldes. ¿Para dónde vamos?, ¿En dónde está la autoridad?


Por: Andrés Felipe Gaviria

En la vida hay paradojas que quizás nunca terminemos de entender. Un ejemplo de esto lo podemos ver cuando la policía captura a un ladrón, pero resulta que este termina enojándose porque lo han puesto en evidencia y termina demandando a las autoridades; lo curioso del caso es que el ladrón sale avante y el policía sancionado.

Otro ejemplo para contextualizarlo con nuestra situación actual puede ser el de los ciudadanos legales, trabajadores y que construyen patria día cumpliendo con todas las medidas de bioseguridad.

Pese a que han cerrado sus negocios en épocas de confinamiento y han atendido todos los llamados del Gobierno, terminan bastante perjudicados por culpa de unos grupos que pretenden acabar con el país en plena reactivación económica.

Aún sigo tratando de entender como unas marchas que afectan en gran medida a los ciudadanos del común, porque destrozan sistemas de transporte público, además de propiedades públicas y privadas, nos va a ayudar a ser un país más igual y reivindicar nuestros derechos.

¿Qué sentido tiene que en una sociedad que quienes cumplan la ley no sean beneficiados ni recompensados, mucho menos congratulados, pero en cambio los que ostentan la bandera del caos y del desorden puedan hacer lo que se les venga en gana?

¡Los paros actuales son netamente políticos! Esto no tiene otra lectura y quienes han querido hacer ver esto como una real problemática al interior del país lo han hecho con intereses politiqueros.

No va ni un año de aquel famoso paro nacional del 21 de noviembre de 2019, en donde casi destruyen ciudades principales como Bogotá, Cali y Medellín, y ahora llega la famosa minga indígena con un interminable pliego de peticiones que no es más que una bonita carta escrita al Niño Jesús.

Todo hay que decirlo y las cosas son como son: El Gobierno Nacional se ha equivocado de cabo a rabo en atención a la minga.

Fue un gran error que mientras la minga estaba en Bogotá Duque se haya ido al Cauca, pero también fue una gran equivocación no haber prohibido tajantemente esa aglomeración.

Lo más lamentable es que las consecuencias de todas marchas y desórdenes que están prohibidas en el mundo se verán en 15 o 20 días cuando el presidente anuncie un nuevo encierro al país, así sea exprés, o un cese de actividades con medidas como la del 4×3.

Desde ya hay que tener claro que esto no será por pulpa de los ciudadanos y empresarios que han querido salir a trabajar y reconstruir lo que han perdido, será responsabilidad de estos indignos y dementes ciudadanos que quieren sembrar caos y ver arder al país para luego lavarse las manos y culpar al Gobierno.

Estos serán los únicos culpables de que Colombia tenga otra vez un nuevo confinamiento.

De manera que, realmente lamento la falta de autoridad y de carácter de este Gobierno para enfrentar a estos revoltosos, sobre todo en este momento, porque hace 1 año no los enfrentaron por cobardía y miedo, pero ahora que estamos en plena pandemia, en donde hay más riesgos y hay herramientas para controlarlos, tampoco lo han hecho.

Es bastante complicado que todas estas expresiones, supuestamente sociales, terminen bien. Simplemente es imposible, no va a pasar, pero el Gobierno lo está permitiendo como si nada.

Para cerrar, las conductas humanas están predeterminadas por el ego, por el niño interior, por las relaciones paralelas o de jerarquía que se dan y la mayoría de las veces las personas conectan el inconsciente con el ego en cada una de sus actuaciones.

Cuando las reacciones son efímeras y en efervescencia terminan generando culpabilidad en el futuro.

Una tarea importante para todos es tratar de ser más racionales y siempre ser compasivos. Debemos tener compasiones horizontales y sobre todo, guardar respeto.

Lo digo porque en este país la misma descomposición social que tenemos se da porque en la mayoría de los casos hemos vuelto desechables todas las relaciones humanas.

Desafortunadamente el mercantilismo y el trepar de un bejuco a otro se ha impuesto, y en ese sentido, falta más constancia, lealtad, principios, pero sobre todo, esa capacidad de poder mirar a los ojos.

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