¿Por qué el gobierno de Daniel Quintero causa revuelo?

Fotografía: Alcaldía de Medellín

Hemos querido construir este artículo a partir de distintas conversaciones con personas visibles, influyentes y que tienen algo qué decir en medio de la situación política que vive la ciudad. El nuevo gobierno encabezado por Daniel Quintero seguramente es el que más polémica ha desatado desde el año 2002, cuando Luis Pérez Gutiérrez fue alcalde de Medellín.


En mutuo acuerdo con los colaboradores que deferente y amablemente nos han brindado su tiempo para construir estas líneas, preserveramos sus nombres y hemos establecido todos los preceptos posibles para que el análisis a este gobierno se haga desde puntos de vista objetivos, imparciales, responsables y sin ningún tipo de interés o mezquindad, pues el único propósito es entender por qué las acciones que un gobierno emprende pueden terminar siendo tan polémicas, por qué un alcalde puede ser tan cuestionado a la hora de hacer las mismas cosas que quizá en otro gobierno hacían de igual o peor manera; y cómo aparentemente hay una nueva lucha de poder en Antioquia que no se había visto desde hace casi 20 años.

Daniel Quintero Calle fue electo alcalde de Medellín con la votación más alta en toda la historia democrática de la ciudad. Quintero, con apenas 39 años y a través de un movimiento independiente, derrotó al candidato del Centro Democrático Alfredo Ramos Maya por más de 64.000 votos; obtuvo más de 303.000 votos. Para muchos era un completo outsider en el panorama político electoral del 2019, había hecho grandes cuestionamientos y acusaciones de manera poco ortodoxas hacia EPM y la administración de Federico Gutiérrez; se mostró en su momento como un candidato antiestablecimiento, sin partidos ni jefes políticos y no solamente gracias a una campaña innovadora, astuta, estratégica y muy inteligente logró ganar, sino también que sus contrincantes le permitieron en su momento espacios imperdonables para que él avanzara de manera vertiginosa en su carrera política, siempre manteniéndose segundo o tercero en las encuestas pero nunca desapareciendo de esa foto final.

El candidato del alcalde Federico Gutiérrez, Santiago Gómez, quien era secretario de gobierno, insistió hasta no poder más con todos los recursos, esfuerzos, herramientas, y personas ser alcalde de Medellín, pero aunque ninguna encuesta seria, objetiva, técnica y legal le daban la victoria, ni siquiera una posibilidad cercana de terminar segundo. Fue una batalla ilusa, ingenua y que estuvo plagada por suposiciones. Plagada porque sus asesores y más cercanos colaboradores creían que Santiago Gómez era Federico Gutiérrez y que Gómez podía hacer lo mismo que el exalcalde, o que este iba a endosar su notable y valioso porcentaje de popularidad a Gómez, cuando pasaba todo lo contrario.

Aunque muchos grupos de interés que detectaron esta situación y que inferían que Quintero iba a ganar las elecciones se atravesaría por la mitad de Gómez y Ramos, insistieron hasta el cansancio para que Gómez dimitiera de su candidatura y se adhiriera a Alfredo Ramos. Entre sus grupos de interés había empresarios, el mismo expresidente Uribe, líderes gremiales, líderes políticos, entre otros, pero no, nunca aceptaron algún método de medición por parte de la campaña de Gómez, dijeron que ellos estaban por encima de Ramos y que contaban con todo el apoyo de personas del Centro Democrático, congresistas de ese partido que no acompañaron la candidatura de Ramos sino la de Gómez.

Quintero gana legítimamente una elección sin importar las razones que hubiesen ayudado a este resultado. Gana con una votación contundente, notable desde los barrios más populares de la ciudad. A Quintero no lo acompañó, en su gran mayoría, los estratos 4, 5 y 6 de Medellín, aunque contó con apoyos al interior del Grupo Empresarial Antioqueño que también desataron tormentas al interior de ese conglomerado, pues cuestionaban por qué había una cabeza tan importante en su momento del GEA acompañando esa candidatura. 

Claramente, se entendía que era más por una animadversión hacia el uribismo que por una antipatía hacia el candidato Alfredo Ramos. En democracia, como está consagrado hace tantos años, está claro que la voz del pueblo es fidedigna y transparente a la hora de elegir a sus gobernantes, no importa qué tan bien o mal voten, la democracia es el gobierno de las mayorías, y las mayorías las obtuvo Daniel Quintero Calle.

Ahora que se habla de revocatorias, de veedurías ciudadanas, de un excesivo control al gobierno de Quintero (todas herramientas respetables y que enriquecen el debate), también es importante preguntar con qué fundamento nacen estas corrientes ideológicas o políticas. ¿Por qué se convoca un movimiento revocatorio contra el alcalde Quintero si no es basado en esos principios que dicta la ley a la hora de permitir una revocatoria de un mandatario? Así les parezca extraño a algunos, lo cierto es que un gobernante no se puede revocar porque no es el candidato por el que se votó, o porque no gusta cómo gobierna; hay que cumplir unos prerrequisitos para poder avanzar en esta figura. Quintero, en la actualidad, tendría que pasar por un arduo examen a través de distintos lentes que revisen su programa de gobierno consignado en la Registraduría cuando inscribió su candidatura y su plan de desarrollo que fue aprobado por el Concejo de Medellín en este mismo año.

A Daniel Quintero se le ha cuestionado por sus nombramientos que realizó en distintas gerencias, unidades administrativas, secretarías, direcciones y otras plazas en donde él, como alcalde de la ciudad, tiene total derecho a realizar dichos nombramientos. Se le han cuestionado porque tienen lazos familiares (entre las personas nombradas), porque no son oriundos de Medellín, porque hacen parte de grupos políticos, o porque sencillamente su hoja de vida o preparación académica no les permiten acceder a esos puestos para los cuales han sido nominados. El alcalde Quintero debería haber tenido más precaución a la hora de hacer estos nombramientos, seguramente sí; sin embargo, que haya errado en uno o en varios de ellos no le convierte en un alcalde que esté yendo en contra de las instituciones o de la ley, es una muestra de un desconocimiento (cómo ha ocurrido con otros mandatarios) de una de las tantas áreas que tiene la administración pública, y que aunque es fácilmente enmendable, cuando se tiene un spotlight encima y muchos ojos de ciudadanos, pues van a cobrar más caro esos errores.

Quintero cometió otro error, que fue haber hablado de veedurías y cazatalentos para hacer nombramientos en algunos cargos estratégicos en la Alcaldía, no tenía la necesidad, no era perentoria esa promesa y terminó funcionando de caldo de cultivo para sus contradictores. El alcalde se equivocó ratificando a toda la junta de EPM cuando llega a su cargo, Quintero estuvo en todo su derecho de haber removido a todos los miembros que él podía remover sin ningún inconveniente ni necesidad de entrar en contradicción con el sindicato de EPM o con el Concejo de Medellín. Los primeros hechos que le pasaron factura a Quintero tienen que ver con los desmanes presentados en enero, cuando se hizo famosa la frase suya: “eso es una pinturita que sale con agua”. Desde esto, Quintero, endureció sus políticas hacia las protestas violentas y terminó por echarse encima a muchos de sus electores que le cuestionaban porque enviaba el ESMAD para controlar los desmanes; Quintero entraba por primera vez en su gobierno a un escenario complejo como quedar bien y agradar a quienes no votaron por él, quienes le exigen una medida en temas de seguridad, de protesta social y orden público, y cómo no quedar mal con sus electores que lo veían como un egresado de la Universidad de Antioquia, como el hombre líder del barrio tricentenario estaba del lado de sus intereses.

Luego, Quintero tiene que afrontar lo que significa el estatuto de la oposición y tener a su excontendor en las elecciones a la Alcaldía como concejal de Medellín, es el caso de Alfredo Ramos, quien ha hecho una tarea bastante importante eligiéndose como el único concejal que ha puesto lupa en cada una de las secretarías, gerencias y procesos de contratación para exponer lo que según Ramos son irregularidades. En su momento, a Quintero se le abrieron investigaciones por presuntos sobrecostos en la alimentación escolar, que luego fue archivada, y desde enero hasta agosto del presente año, Quintero puede ser el alcalde más escrutado en los últimos 17 años en la ciudad de Medellín, según los registros que hemos verificado, cosa que no está mal, que le conviene a la ciudad y que demuestra que la democracia funciona como un sistema de pesos y contrapesos. Pero a la hora de revisar con objetividad esta situación, sí existe un cuestionamiento de cómo se le critica a Quintero por algunas acciones políticas y de gobernanza que sus antecesores han hecho con la diferencia de que estos no han tenido veedurías ni tanto escrutinio, tampoco tantos cuestionamientos ni mucho menos ataques políticos.

Esta es la primera entrega de cuatro que este medio de comunicación hará semanalmente sobre el gobierno de Daniel Quintero Calle.

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