El efectivo, durante décadas el rey indiscutible de las transacciones cotidianas en Colombia, cede terreno de manera acelerada. Lo que comenzó como una lenta transición hacia la digitalización encontró un punto de inflexión definitivo recientemente, transformando la forma en que los hogares, los pequeños comercios y las regiones mueven su dinero.
Panorama general: Los datos oficiales confirman este viraje estructural. Según cifras del Banco de la República, la preferencia de los colombianos por el efectivo se desplomó desde el 91% registrado en 2012 hasta el 66% este año. Sin embargo, la verdadera revolución en los hábitos de pago no se mide solo en la última década, sino en la velocidad con la que se ha precipitado el proceso desde mediados de 2025.
Ese punto de quiebre coincide de manera precisa con hitos clave en la infraestructura de pagos del país. A mediados de 2025 comenzó el despliegue de los pagos inmediatos, impulsado inicialmente por la operación del piloto de llaves y consolidado posteriormente con la entrada en funcionamiento de Bre-B, el sistema de interoperabilidad de pagos inmediatos en Colombia.
Para Asobancaria, la ligera anticipación en la caída del uso de efectivo, observada incluso antes del lanzamiento oficial de las plataformas, se explica por la intensa campaña de expectativa: anuncios masivos, registros de llaves y publicidad institucional que prepararon el terreno en la mente de los consumidores.
El fin de una era: la preferencia por el efectivo en Colombia cae al 66%

El impacto territorial de este nuevo ecosistema digital se hizo evidente en las cifras. La región Insular, por ejemplo, protagonizó el descenso absoluto más pronunciado al pasar de un indicador de 31% a 23% entre el segundo y el cuarto trimestre de 2025. Al mismo tiempo, regiones como la Amazonía, la Andina, el Caribe y la Pacífica convergieron hacia una franja de uso de entre 15% y 18%, mientras que la Orinoquía moderó su demanda hasta situarse cerca del 12%.
A pesar de la tendencia generalizada a la baja, el mapa colombiano mantiene contrastes profundos. Los registros correspondientes al segundo trimestre de 2026 muestran que los valores del indicador regional oscilan, a grandes rasgos, entre el 10% y el 30%.
Zonas como el Eje Cafetero, la Amazonía y la región Insular se mantienen como los principales bastiones del papel moneda. En el primer caso, departamentos como Quindío y Risaralda conservan una alta utilización del efectivo, impulsados por una estructura económica donde conviven el comercio minorista tradicional y actividades agrícolas con cadenas de pago altamente informales.
Por su parte, en la Amazonía, con departamentos como Vaupés, Amazonas y Guainía, el fenómeno responde a realidades estructurales muy distintas: una menor densidad de infraestructura financiera digital, grandes distancias geográficas hacia los centros urbanos y la relevancia de las operaciones de bajo valor y del comercio fronterizo. En la región Insular, la alta participación del efectivo responde a dinámicas comerciales particulares que también empiezan a ceder ante la digitalización.
Por qué es importante: Para seguir de cerca esta transformación, Asobancaria implementó una metodología, inspirada en el Libro Amarillo del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos, que cruza los registros administrativos de retiros en cajeros con una distribución trimestralizada del PIB departamental. Esta herramienta permite vigilar en tiempo real cómo avanza la adopción de los pagos inmediatos en cada rincón del país.
La combinación de estos indicadores con las encuestas del Emisor deja una lectura clara: el sistema de pagos colombiano atraviesa una metamorfosis irreversible. Aunque el efectivo aún conserva un peso importante en las zonas rurales, fronterizas o con menor conectividad, el ritmo de los pagos digitales demuestra que la economía nacional camina, de forma acelerada, hacia una era menos dependiente del papel moneda.
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