Se acabaron los tintos

El rompimiento de los protocolos de diplomacia y no agresión entre el expresidente Álvaro Uribe y el actual mandatario Gustavo Petro parece haber llegado a su fin. ¿Qué consecuencias tendrá en la política colombiana?

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No es nuevo un enfrentamiento entre Álvaro Uribe Vélez y Gustavo Petro, quienes en la arena han sido sus mayores antagonistas en los últimos 23 años de la historia política colombiana. Y es que resultó para muchos inconcebible, para otros sorpresivo, y para otros bastante valioso que al momento de asumir Petro la presidencia, Uribe hubiese querido tener unos actos de cortesía e incluso colaboración con Petro.

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Entendiendo en su momento, como lo expresó Uribe, que al presidente no había que atacarlo ni con insultos ni de carácter personal y que había que ayudarlo a gobernar en lo que se estuviera de acuerdo y en lo que no, pedirle revisiones, pero con el propósito de construir. Algo que en su momento desde este medio de comunicación valoramos positivamente ante la inminente necesidad de un alto en el camino, no para buscar reconciliaciones o amoríos políticos efímeros, sino para tratar de darle un poco de altura al debate político nacional. Para entender que el país tenía o tiene unas necesidades que solo se pueden resolver bajo acuerdo, evitando más polarizaciones que nos han traído tantas consecuencias nefastas incluso en los años recientes.

La pregunta que muchos se hacen es, por qué se acabó este cese al fuego, quizá el único acuerdo de paz que le estaba saliendo bien al presidente Petro, porque nadie duda de que hoy su política de «paz total» ha sido realmente un fracaso total.

Primero, el expresidente Uribe, es innegable, no es un secreto para nadie que mantiene unas relaciones de muy alto nivel no solo con algunos gobiernos extranjeros y líderes políticos mundiales, sino también a nivel interior con miembros tanto en retiro como activos de la fuerza pública.

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El conocer poco a poco lo que se ha venido denunciando y comunicando, transmitir el sentir de las tropas, entender la situación por la que están pasando, ver cómo han sido vulnerados no solo sus derechos sino su integridad, su dignidad y sus vidas, y a la par ver cómo se pierden terrenos que se habían recuperado al inicio del gobierno del expresidente Uribe con la seguridad democrática, tocaron fibras muy profundas del expresidente. Así lo pudimos constatar con algunas voces consultadas en las últimas horas por parte de este medio de comunicación.

Uribe tiene una sensibilidad grande con la fuerza pública, y al escuchar testimonios, al recibir mensajes, por ejemplo, de soldados que están en las áreas de combate y que ruegan por apoyos aéreos que nunca llegan, pues terminaron desatando lo que hemos podido ver en los últimos días.

Tanto es así que ya Petro manda mensajes indirectos de que él puede mandar a encarcelar a una persona que incite a la sedición, al derrocamiento dé gobierno, por las declaraciones que Uribe dio sobre lo que deberían hacer las fuerzas armadas y militares en caso de que se viole la Constitución. Este es un punto álgido y delicado, no se trata de una simple pelea, no se trata de una discusión política más, se trata de que hay colombianos, que no son pocos, que consideran que el actual gobierno está incumpliendo la Constitución y que bajo esa medida la fuerza pública no debe ir en contra de ella por seguir las órdenes del presidente en un aspecto elemental y suficiente como el de proteger la soberanía nacional y defender la integridad, honra y bienes de los colombianos.

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Este nuevo capítulo de la pelea Uribe-Petro nos hace llegar a un punto de no retorno. Ese punto de no retorno es: o vuelven a tomarse un tinto (lo que, según nos han dicho, las posibilidades son cero), o vuelven a llegar a algunos acuerdos o vuelven a conversar sobre ciertos puntos, faltando dos años para que el gobierno de Gustavo Petro termine.

De lo contrario, se abrirá un nuevo frente de confrontación para el Gobierno Nacional con uno de los políticos más reconocidos y respetados, que aún catorce años después de haberse retirado del poder sigue vigente y con altos índices de favorabilidad. De cara a las elecciones de Congreso y presidencia, también deja ver cómo se van a ir perfilando no solamente los partidos y sus fichas para enfrentar esta elección.

Al país en general no le conviene en este momento una pelea no ideológica y de convicciones, algo que sea puramente pasional, algo que tenga que ver con enviar a la cárcel a uno o al otro, con poner zancadillas, con hacer trampas. Está muy lejano de lo que el país necesita y claramente de lo legal.

Lo cierto es que no se necesita pedir un confrontamientos, ojala lo exista pero en un terreno de la dialéctica, de las tesis, de los numero, si se quiere de las convicciones. Seguramente Colombia ganaría en ese terreno y estamos seguros que muchos colombianos están de acuerdo y considerarán que es más conveniente un debate, una discusión amplia y con argumentos que una pelea de cantina.

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