Técnicos, políticos o activistas: el nuevo dilema de los gobiernos

Aunque parezca una discusión superficial y realmente inocua, porque lo es, se ha debatido sobre el perfil que debería tener el funcionario público que acompaña a un gobierno. Principalmente, esto proviene de críticas hechas por parte del gobierno de Gustavo Petro a exfuncionarios suyos, así es el nuevo dilema de los gobiernos.

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Uno de los puntos a completar en la agenda de un recién electo mandatario es la conformación de su equipo o de sus varios equipos. Normalmente, como bien se dice, «cada torero llega con su cuadrilla»; los gobernantes suelen rodearse de las personas que les han acompañado en campaña, de algunas personas que son sus amigos más cercanos y de confianza históricos. Aún así, les quedarán muchas plazas vacantes, plazas que no son menos importantes y que demandan, en el fondo, a alguien que cumpla una tarea específica, que cumpla la ley, las normas, que lo haga de la manera más eficiente posible y que contribuya a cumplir un plan de gobierno que ganó en las urnas.

En los últimos 7 años, siempre se ha cuestionado si los gobiernos deben ser técnicos 100%, políticos 100%, tener una mezcla y ahora, en los últimos 4 años recientes en la historia moderna de la política, se podría decir, el activismo. Porque desde que los gobiernos llegan también por causas como las redes sociales, movimientos de redes e influencers, opinadores, autodenominados líderes de opinión, cuando los gobernantes ganan, sienten una deuda con ellos y les dicen: «Bueno, ¿usted en qué quiere estar? ¿Qué quiere hacer?». Ahí es cuando llega el gran dilema. Nos encontramos con personas que no son graduadas ni de bachillerato, o que no tienen ni pregrado, o que sencillamente no cumplen con los requisitos con el perfil de una dirección, de una gerencia y una secretaría de un ministerio. Aún así, los pueden poner allí.

Y es que particularmente llama la atención que se debata sobre el activismo, porque el activismo es una figura extraña que nos han querido colar en el debate recientemente, diciendo: «Es que los activistas merecen su espacio en el gobierno», o «Es que esta persona es un activista y no es una persona técnica», o «Es que estás muy técnico y no conoce de lo político». Entonces llegamos a la gran conclusión de que siempre a uno le falta algo de lo que otro tiene, y a eso que le falta algo de lo que tiene, todo sería en una decisión salomónica fácil de encontrarlo como un equilibrio, y que tener activistas, hay que tener técnicos y hay que tener políticos.

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Qué nos hemos encontrado nosotros y qué revisión hacemos luego de tener charlas previas a escribir este editorial: primero, que con políticos experimentados que han tenido la posibilidad de gobernar, quizá a quienes primero hay que consultar, señalan que hay personas excelentes, funcionarios que cumplen a cabalidad su labor, que son responsables, pero que, por ejemplo, no tienen tacto político, no tienen sensibilidad política o no tienen incluso sensibilidad social y son atacados por esto desde las corporaciones que les hacen control político. Y es un dolor de cabeza porque es alguien que hace bien su tarea pero en lo político, que es la esencia del ejercicio público, pues no cumple. Y ahí es cuando no dan respuestas adecuadas a un político de turno o cuando sencillamente están tan desconectados de otros aspectos o frentes o parámetros de sus responsabilidades que no son inherentemente esenciales al funcionamiento del cargo que terminan embarrándola.

Por ejemplo, Alberto Carrasquilla presentó una reforma sin tiempo, presentó una reforma sin previo consenso con partidos políticos, se equivocó en la respuesta en el precio de un cartón de huevos y todos sabemos cómo terminó. Los que han nombrado políticos en cargos pues entienden que llegan a hacer política, a tener sus oficinas como sedes políticas, a pensar en cómo se arman para ir a una campaña política, no duran, por lo general, cuatro años en un cargo, duran dos años, dos años y medio máximo, y son reconocidos por ser realmente precarios en sus responsabilidades y muchas veces el cumplimiento de resultados, seguimiento de indicadores, conocimiento de nuevas tendencias de administración pública, de modelos de gobernanza, globalización, son más esos encargados de la política y tener buenas relaciones con la asamblea, con el consejo, con la cámara, con el senado, con los ministerios, muy eficientes a la hora de gestionar, pero, por ejemplo, a la hora de cumplir con un deber de la función pública, se quedan cortos.

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Y por último, están los activistas, este nuevo elemento extraño, el activismo no es más que un fundamentalismo y es apoyar ciegamente, sectariamente, una causa, un político y defenderlo ante todo, como sea y con quien sea, casi como una fe dogmática o una creencia mesiánica, y pues, por lo general, los activistas carecen de la sensibilidad política, porque son personas irracionales si no estás conmigo eres mi enemigo, y carecen de lo técnico porque siempre van a querer imponer sus creencias donde están los números, es decir donde está la verdad, donde está la ciencia y quizás tener esos activistas en vez de complementarlos entre políticos y técnicos, pues es el mayor error que un gobierno puede cometer y hoy el Gobierno Nacional parece que camina a buscar más perfiles activistas que realmente políticos y técnicos o político técnicos que son una especie que escasea pero que se pueden encontrar.

Ojalá los gobernantes dejaran atrás este debate y se centraran en elegir personas buenas y si quieren que sean egoístas en primera instancia que los gobernantes sean personas buenas porque son conscientes de la necesidad y que no los hagan quedar mal, que se blinden ellos con gente buena que los deje hacer un buen gobierno. Incluso pensando en ellos primero y en su bienestar están haciendo un bien a la sociedad que van a gobernar, pero va a ser lo contrario, pues una bomba de tiempo, y va a ser un bumerán en donde los resultados no se van a ver, con escalas de corrupción, porque no saben administrar, no saben hacer las cosas bien porque no tienen relación con los entes públicos en los gremios y eso hace quedar mal a sus jefes. Esto es una discusión donde necesitan gente idónea, capacitada sin cuestionamientos y que pueda ser complementos el uno del otro para tener buenos planes de gobierno.

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