Y nos dejaron sin salsas

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Luego de que chefs y empresarios de la gastronomía en Colombia, se dieran cuenta en primer lugar de la escasez que hay, con estos productos, ahora millones de colombianos lo reportan desde todas las ciudades del país. ¿Qué fue lo que pasó? ¿De quién es la culpa?, pues no es de este gobierno.


EDITORIAL

Definitivamente, es un mal momento en el que llega este suceso, donde en medio de quiebras de empresas, de crisis, del turismo, de inflación, de intereses altos, de una moneda depreciada para toda la puesta en escena, solo le faltaba un fantasma de la escasez.

Colombia ha tenido episodios de escasez en el último año por cuenta de paros, por cuenta de bloqueos en las vías del país, pero también tenemos increíblemente un desabastecimiento de medicamentos, que será tema para otro editorial; pero en este caso son las salsas.

Aunque encontramos en esto también un debate casi que radicalizado de clases sociales, donde unas personas indican que solo quienes consumen estas salsas, que están escasas o ya no están en el mercado colombiano, es el estrato alto. No se trata, por lo menos desde nuestra perspectiva, de una lucha de clases o un debate ideológico, ni mucho menos, la salsa la puede comer cualquier persona de derecha, izquierda, centro, azul, roja, quien viva en el Guaviare, en Bogotá o en Cartagena. Eso no viene al lugar y quisiéramos desecharlo de entrada.

Quisiéramos, en primera medida, lamentar que redes fanáticas, hagan hasta lo imposible por meterse en el plato de los colombianos y definir que comen, que no comen, cuando lo comen y cuánto comen.  Ahora bien, nosotros apoyamos, desde esta misma tribunal, que se etiquetarán los alimentos con advertencias, decir si un alimento tiene mucha azúcar, mucha grasa, si era alto en sodio o si es perjudicial para la salud. Pero nunca que transgreden la libertad para elegir de las personas, a la hora, de seleccionar un producto en un supermercado.

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Creemos que eso no le incumbe al Estado, mucho menos le incumbe a un gremio y tiene que ser una libre elección de la persona, a la hora de comprar o no comprar, donde esta práctica de limitar qué se puede importar y no se puede importar, si hicieran países como en Estados Unidos habría protestas nacionales y hasta políticos derrocados por cuenta de haber aprobado semejante exabrupto.

Hablando de sazonadores, también tenemos un problema y es que no es solo la mostaza Dijon, estamos hablando de salsas orientales como la Hunsts salsa, que es muy consumida por muchísimos restaurantes a nivel nacional, especializados en comida asiática desde Sushi hasta yakimeshis, wok, entre otros platos, que son muy apetecidos por los colombianos y que ahora prepararlos se está volviendo más difícil y costoso, en el mejor de los casos.

 Al ser pocas las salsas, que hay en el mercado colombiano, por ser las últimas están obteniendo más de 270 o 350 por ciento más en su precio, de manera que hay una situación que ya la vienen padeciendo, muchos lugares colombianos porque cocina en su casa o porque simplemente les gusta sazonar sus alimentos con ella y es que primero no está la Dijon, una salsa que en Colombia puente estar costando $100.000 mientras que en un mercado de Estados Unidos puede estar USD $2.50.

Todo se basa en que hay una resolución del año 2020, año de pandemia durante el gobierno de Iván Duque y el ministro de salud Fernando Ruiz, donde se estableció desde el bolsillo, un tope al contenido de sodio que puede tener un grupo de 59 alimentos ultra procesados por cada 100 gramos, las lumbreras del Ministerio de salud y el gobierno Duque, creyeron que las personas se consumían estas salsas directamente del tarro a la boca y no que eran para condimentarse, para acompañar distintas comidas.

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 Al haber mencionado la salsa Dijon, pues la otra escasez se evidencia en la salsa de soya, en otras mostazas normales, en la mayonesa, en salsa de tomate, en sardinas, en mantequilla y lo único que se ha conocido es que es una prioridad del gobierno reducir el consumo del sodio en Colombia.

¿Quejas?, todas, ¿preocupación?, alta, esta ley del sodio del 2020, tiene a muchos médicos, han considerado, que esto es algo desfasado, por parte del gobierno, los cocineros, empresarios de restaurantes, hoy no saben qué hacer para poder conseguir sus faltantes que son tan necesarios, para preparar los platos que le sirven a los colombianos.

 En el caso de la mostaza Dijon, que es la más emblemática, aplicaba un máximo de 817 mg de sodio por cada 100 g de producto, de manera que esa fabricación, no le permite estar en el mercado.  Lo cierto es que todos coinciden que esta forma de medición, no es correcta, porque no se puede medir los ingredientes de la misma manera.  

Las cantidades que se utilizan para ciertos productos de porción son mínimas, como para que todas las totalidades del producto llegue a ser dañino, la gente no consume todo el tronco de mostaza que el gobierno cree, sino que por lo general se usa entre 70 gramos y 100 gramos. 

De manera que es increíble lo que se está viviendo en Colombia, ojalá el gobierno actual logre revisar esta ley y la logre cambiar. Este tipo de salvajadas son extralimitaciones del Estado, que se meten al bolsillo y al paladar de los colombianos que hoy no tienen sentido.

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