Ya no hay dónde esconderse

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Fredy Castillo, alias «Pinocho», es el máximo jefe de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. Hace pocos días le dijo a la revista Semana que está dispuesto a entregarse, tanto a la justicia colombiana como a la de Estados Unidos. Lo dijo apenas unos días después de que la Policía diera de baja a otro cabecilla de su misma organización, Naín Pérez Toncel, alias «Bendito Menor», en La Guajira.

El presidente Abelardo de la Espriella le respondió sin rodeos: nada de plazos ni de exigencias, tiene una semana para entregarse, porque si sigue enfrentando al Estado, la orden será darlo de baja también a él. Mientras tanto, en Caracas, otro hombre que alguna vez encabezó una guerrilla entera lleva más de dos años ciego, sordo de un oído y sin movimiento en el brazo derecho. Se llama Iván Márquez y hoy no manda sobre nadie. Y ni siquiera el régimen que lo escondía sigue en pie: a Maduro, quien le dio refugio durante años, se lo llevaron preso los Estados Unidos en enero. Entre esos dos extremos, el que pide entregarse y el que ya ni siquiera tiene quién lo proteja, está el mensaje que Colombia necesita decirles hoy, con toda claridad, a quienes todavía creen que tienen tiempo de sobra: no lo tienen.

El primero de septiembre, la Fiscalía reactivó las órdenes de captura contra 27 excabecillas que durante tres años estuvieron protegidos por la Paz Total. Entre ellos está Alexander Díaz Mendoza, conocido como alias «Calarcá», máximo jefe del Estado Mayor Central. Un juez ya le impuso medida de aseguramiento por ocho delitos, entre ellos homicidio, desaparición forzada, tortura y reclutamiento de menores. Y aun así, su Frente 36 sigue imponiendo restricciones y desplazando por la fuerza a comunidades enteras en Anorí, Antioquia, como si nada hubiera cambiado. Iván Mordisco tampoco está mejor. Según los propios informes de inteligencia, está herido, aislado y cada vez controla menos a sus hombres. El 6 de septiembre murieron siete presuntos disidentes suyos en una operación militar en Nariño. Apenas una semana después, 41 integrantes de su estructura Carlos Patiño se presentaron voluntariamente ante las autoridades en el Cauca. Esto ya no es una guerrilla sólida resistiendo al Estado colombiano. Es una organización que se está desmoronando desde adentro, hombre por hombre.

Y lo más importante es que ya no tienen a dónde correr. Durante años, Venezuela fue el patio trasero donde el ELN y las disidencias descansaban, se rearmaban y movían droga con la complicidad del régimen de Maduro. Eso se acabó. Desde la caída de Maduro, el gobierno de transición en Caracas empezó a presionar a esos grupos hacia el lado colombiano de la frontera, y en abril Bogotá y Caracas se sentaron en Maracaibo para relanzar la cooperación fronteriza. Ecuador tampoco es ya un refugio. En marzo, con apoyo de Estados Unidos, el ejército ecuatoriano bombardeó un campamento de las disidencias en Sucumbíos, y hoy Colombia, Ecuador y Estados Unidos avanzan en una base militar binacional en la frontera para cerrarles el paso en Nariño y Putumayo.
La selva ya no es escondite, es zona de operaciones conjuntas.

Y esa presión no viene solo de los vecinos. Colombia recuperó aliados que en otros gobiernos se habían perdido. Con Estados Unidos, Colombia entró a la coalición contra los cárteles que impulsa Washington y recibió en préstamo aviones no tripulados de combate. Con Israel, que volvió a ser socio después de años de distancia, llegan tecnología de inteligencia, vigilancia fronteriza y sistemas contra drones, justo lo que se necesita frente a los mismos drones que hoy usa el ELN. Y con el Reino Unido, Colombia firmó acuerdos en ciberseguridad y lucha contra el crimen organizado y el terrorismo. Cada acuerdo es una puerta que se cierra para quienes hoy dan órdenes desde un escondite.

Por eso este editorial se dirige, sin rodeos, a quienes todavía dan las órdenes: al Comando Central del ELN, a alias Calarcá, a alias Iván Mordisco y a cada jefe de frente o de columna que hoy decide si un soldado, un policía o un campesino sigue con vida mañana. Escúchennos bien, porque esto no es una amenaza vacía: se les acabó el tiempo de negociar como si fueran interlocutores políticos. El presidente ya lo dijo con una frase que a muchos incomodó por su dureza, pero que describe la realidad con precisión: los va a cazar como alimañas si no se someten. Y hay que ser honestos, porque un periodismo serio no debe endulzar lo que viene. Durante los próximos cuatro años de este gobierno la persecución no va a parar, y cada mes van a tener menos fronteras, menos selva y menos aliados donde apoyarse. No los van a capturar con vida a todos. A muchos los van a dar de baja.

Por eso les decimos, con la franqueza que exige el momento, que la salida fácil todavía existe, pero se está cerrando rápido. Entregarse hoy a la justicia ordinaria, contar la verdad completa a las víctimas, entregar las rutas del narcotráfico y las estructuras financieras, y responder legalmente por cada desaparición, cada reclutamiento de un niño y cada masacre, sigue siendo una alternativa real. Mañana, cuando la presión internacional termine de cerrar el cerco, esa alternativa puede que ya no exista. Someterse no puede volver a ser sinónimo de impunidad disfrazada de paz, eso hay que decirlo con toda claridad. Pero sí es, para quien todavía puede elegir, un destino mucho mejor que el de sus propios jefes: la selva, el exilio forzado o un cuarto en Caracas donde ya nadie les hace caso.

Iván Márquez no es una advertencia retórica que inventamos para asustar a nadie. Es la prueba física de lo que la guerra termina dejándole a quien la elige hasta el final: ni país, ni mando, ni cuerpo entero, ni siquiera un protector con poder de verdad. Colombia les habla hoy, quizás por última vez con este tono de invitación, a quienes todavía tienen piernas para caminar hasta un juzgado. Sométanse mientras el Estado sigue ofreciendo esa puerta, porque la otra puerta, la de la persecución sin fronteras seguras y sin aliados que los cubran, ya está abierta, y no la va a cerrar nadie.

Andrés Gaviria Cano
360 COLOMBIA | 360radio.com.co | 14 de septiembre de 2026

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