La confrontación entre Estados Unidos y Venezuela escaló este fin de semana a un punto crítico tras el anuncio del presidente Donald Trump de ordenar el cierre total del espacio aéreo venezolano. La decisión, comunicada a través de su red social Truth, marca uno de los movimientos más contundentes dentro del pulso geopolítico que ambos gobiernos sostienen desde hace años, pero que hoy adquiere un tono marcadamente militar.
El mandatario aseguró que ningún tipo de aeronave debería sobrevolar el territorio venezolano ni sus alrededores, incluyendo aerolíneas comerciales, pilotos independientes y organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico y la trata de personas.
Trump ordena el cierre total del espacio aéreo de Venezuela en medio de tensión militar y alerta internacional
El mensaje no estuvo acompañado de detalles técnicos o logísticos sobre la implementación del bloqueo aéreo, lo que abre interrogantes sobre el alcance real de la medida y sus consecuencias inmediatas para la región. No obstante, el anuncio ocurre en un contexto en el que el tráfico aéreo venezolano ya se encontraba prácticamente paralizado desde hacía una semana, luego de que la Fuerza Aérea estadounidense emitiera una alerta alertando sobre el incremento de riesgo en vuelos sobre el país debido al “empeoramiento de la situación de seguridad y la intensificación de la actividad militar”.
Como respuesta, aerolíneas internacionales como Iberia, Air Europa, Latam, Avianca, TAP, Plus Ultra y Turkish Airlines suspendieron sus operaciones. Ante ese retiro masivo, el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil de Venezuela dio un ultimátum de 48 horas para retomar los vuelos, con advertencia de cancelación de licencias.
Tras el incumplimiento generalizado, el gobierno venezolano dejó sin efecto los derechos de operación de varias compañías, interpretando la suspensión como un acto alineado con el gobierno estadounidense.
En paralelo, Venezuela acusó tanto a las aerolíneas como a Estados Unidos de promover actos de “terrorismo de Estado”, reforzando el discurso oficial de que las presiones externas buscan asfixiar al país. Sin embargo, el bloqueo aéreo no aparece aislado. Trump ha reiterado que su administración está dispuesta a intensificar acciones por tierra para frenar el narcotráfico, responsabilizando directamente al gobierno de Nicolás Maduro de permitir la circulación de drogas hacia territorio estadounidense. “Les hemos avisado: dejen de mandar veneno a nuestro país”, declaró recientemente el presidente, subiendo el volumen de una retórica que ya supera lo diplomático.

La Casa Blanca ha concentrado en los últimos meses un notable despliegue militar alrededor de Venezuela, incluyendo más de 15.000 efectivos y el portaviones USS Gerald Ford, considerado uno de los más avanzados del mundo. Paralelamente, fuerzas estadounidenses han atacado presuntas narcolanchas en aguas cercanas, con un saldo superior a 80 muertos y sin aval del Congreso.
Para analistas, el cierre total del espacio aéreo suele ser una señal previa a operaciones militares directas. La tensión, que hoy se expresa en la suspensión de vuelos y la militarización de fronteras, podría convertirse en el preludio de una intervención de mayor escala. Mientras tanto, Venezuela queda prácticamente aislada del cielo, envuelta en un conflicto diplomático que cruza ya la línea de advertencia.
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