Reforma a la justicia: el reto de los operativos y la estrategia de la seguridad del presidente

Los golpes a la delincuencia y la disuasión necesitan un sistema judicial que garantice condenas reales para quienes cometen delitos graves.

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Al presidente Abelardo de la Espriella hay que reconocerle que está haciendo algo que hace muchos años hacía falta. Ni siquiera bajo administraciones anteriores, cuyo enfoque militar era parecido, se había visto algo similar como a lo que está haciendo el mandatario actual. Era necesario que la policía y las instituciones que dependen del Ejecutivo recuperen la moral, tengan respaldo y se sientan acompañadas por su comandante en jefe.

Sin embargo, el cuestionamiento principal radica en que, si el presidente lograra capturar hoy a absolutamente todos los delincuentes en Colombia, y fueran dispuestos ante la justicia y los jueces, con el actual ordenamiento jurídico mínimamente el 70% de esos capturados quedaría libre.

Ese ha sido el karma que Colombia ha tenido que padecer en las últimas dos décadas, tal como lo reconocen la Policía, la mayoría de las autoridades y, en contadas ocasiones, la propia justicia.

La urgencia de una reforma inaplazable

Dicho esto, es maravilloso lo que está haciendo el mandatario; sin embargo, lo que hay que hacer de manera urgente es una reforma a la justicia, porque de lo contrario todos los esfuerzos serán en vano. Esa reforma, que no se ha atrevido a hacer ningún gobierno, tendría que ser la prioridad de esta administración.

Porque como si fuera poco, el gobierno actual, que lleva tres meses y está arrancando en su gestión, tiene la responsabilidad de construir cárceles, puesto que una de las razones para dejar a los bandidos sueltos es la falta de cupos en los centros penitenciarios.

Abelardo de la Espriella se ha referido al tema de la reforma a la justicia varias veces en espacios que tuvo con este medio de comunicación, y ahora que tiene poder, esperamos que lo haga.

La frustración policial y el muro de la impunidad

Hoy en día, la Policía conoce a los bandidos, sabe quiénes son, cómo se llaman, se saludan y todo. Y ya les da vaina actuar, pues se preguntan para qué los van a coger si en cuestión de días los van a dejar sueltos.

Estas acciones disuaden, mandan un mensaje que a la gente le gusta y al bandido le da miedo. Pero insistimos: después de la judicialización, ¿cuántas terminan en condenas efectivas?

En el país aún está vigente un tema de pequeñas causas o pequeños crímenes. Por ejemplo, si alguien se roba un celular por primera vez recibe una advertencia de “cuidado y no lo vuelva a hacer”, o si es la primera vez que apuñala a alguien y, como no la mató, no pasa nada y se queda suelto. Ahí es donde debe haber un cambio.


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