Este viernes termina en Cartagena la IX Cumbre del Petróleo, Gas y Energía, donde se esperaban más de 3.500 asistentes. Se hablará, como en cada edición, de reservas, contratos y confianza. Pero esta vez el contexto aprieta: el Brent cerró el lunes en 104,77 dólares después de llegar a 113,43 el 30 de octubre, y Colombia sigue sin aprovechar un mercado que le pagaría bien por lo que tiene bajo tierra.
La nevera llena y la mesa vacía
El Informe de Recursos y Reservas de 2025 registra 2.020 millones de barriles de reservas probadas de petróleo, entre 7,2 y 7,4 años de producción, y 1.717 gigapiés cúbicos de gas, suficientes para 5,9 años. La producción ronda los 731.000 barriles diarios, mientras que en 2015 el promedio fue de 1.008.161. El gas comercializado cayó 26 % entre 2022 y 2025. En 2025 se repusieron 94 barriles por cada 100 producidos: un país que apenas logra sostenerse. Y cuando el petróleo sube, el efecto se nota: las exportaciones petroleras llegaron a 1.620 millones de dólares en abril, su nivel más alto desde julio de 2022.
Al lado, los vecinos avanzan. Guyana superó los 900.000 barriles diarios de capacidad y busca llegar al millón. Argentina marcó un récord de 916.200 en julio, según la ministra de Minas, María Nohemí Arboleda. Chevron prevé unos 300.000 en Venezuela a finales de año. Nos dijeron durante años que Colombia no es un país petrolero. Los números sugieren algo distinto: es un país que dejó de buscar con la urgencia necesaria, ya sea por errores de exploración, lentitud, inseguridad física o inseguridad jurídica.
El gas, la factura de no decidir
El problema más inmediato es el gas. Según Promigas, el gas importado fue 28 % del suministro en lo corrido de 2026 y llegó a 34 % en agosto. Un estudio presentado por Andesco estima que el déficit podría superar 39 % este año y 58 % en 2027 si no hay correctivos. Es una proyección, pero las cifras de reservas la vuelven plausible. Importar gas natural licuado cuesta más, depende de un mercado en guerra y deja a los hogares y la industria expuestos.
La transición energética no contradice esta urgencia. Ecopetrol destina cerca de 7 billones de pesos a transformación energética, y el gas es el puente más barato mientras llegan otras fuentes. Dejar que se apague la oferta nacional no acelera la transición, solo la encarece.
Lo que dicen los inversionistas
Los planes de las empresas muestran cautela. Parex proyectaba invertir 300 millones de dólares en Colombia este año y se quedaría con los activos de Frontera, tras ofrecer 500 millones de dólares más deuda. GeoPark habló de entre 110 y 120 millones. Gran Tierra casi redujo a la mitad su plan, a entre120 y 160 millones. Shell, ExxonMobil y Chevron salieron del país en los últimos años. Campetrol espera que las petroleras manifiesten interés en nuevos contratos desde el primer trimestre de 2027, y la ANH reservó cerca de 20 millones de hectáreas para estudiar el subsuelo. Drummond condiciona inversiones superiores a mil millones de dólares anuales en el Cesar a la estabilidad jurídica.
El mensaje es consistente: hay capital, pero necesita reglas estables. El presidente Abelardo de la Espriella anunció el 26 de septiembre que reabre la exploración, los contratos y el fracking, y la ministra Arboleda habla de acelerar 270 contratos vigentes y revisar las condiciones fiscales. Es el rumbo correcto. En bolsa, la acción de Ecopetrol cotizaba cerca de 2.795 pesos el 26 de octubre, según la BVC, con un nuevo presidente, Joaquín Gutiérrez, y un plan de inversión de entre 22 y 27 billones de pesos. Pero una exploración que da frutos en años no puede esperar a 2027.
Qué pedimos al Gobierno, al Congreso y a la empresa privada
Al Gobierno, un cronograma público de contratos y rondas, licencias ambientales ágiles con estándares internacionales y exclusión de las áreas protegidas, más seguridad en las zonas de producción y tarifas fiscales competitivas. Al Congreso, un marco legal estable, incluido el de los yacimientos no convencionales, que no cambie con cada gobierno. A la empresa privada, compromisos de inversión con metas verificables y trato respetuoso con las comunidades.
También se requieren alianzas. Estados Unidos fue el primer destino del crudo colombiano en el primer cuatrimestre, con 1.995 millones de dólares, y Ecopetrol ya opera pozos en ese país. Hay espacio para atraer empresas estadounidenses con experiencia en yacimientos maduros y no convencionales, entre ellas algunas de las que se fueron. Del Golfo no hay hoy una alianza documentada con Colombia, pero ADNOC firmó en 2025 acuerdos con ExxonMobil, Occidental y EOG, y el Gobierno debería explorar si esos capitales pueden mirar hacia el Caribe y los Llanos.
Cuidado, sin embargo, con confundir el precio con la política. El Brent a 105 dólares es un precio de guerra que puede caer si Washington y Teherán llegan a un acuerdo, y algunos pronósticos advierten de un posible exceso de oferta en 2027. La respuesta no es esperar, sino llegar al mercado con costos competitivos y reglas claras.
Con la nevera llena no hace falta permiso para cocinar, hacen falta llave, luz y seguridad. Colombia puede discutir el cómo, el dónde y el cuánto. El cuándo ya no admite debate. El subsuelo no paga deudas mientras siga bajo tierra.
