jueves, octubre 6, 2022
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    Y el costo de vida seguirá aumentando

    EDITORIAL


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    Nuestro editorial para hoy viernes 23 de septiembre cambia la agenda que veníamos manejando los primeros días de la semana, y quisiéramos alertar, aunque sea muy tarde porque la ola inclemente se aproxima en Colombia y el mundo entero, sobre costo de vida.

    Si los colombianos creen que han visto todo este año, que se preparen porque lo que podemos vivir entre enero y octubre del próximo año puede ser bastante complicado para muchas familias de todas las clases sociales, sin distinción alguna.

    Hay mucho temor por el incremento del salario mínimo que se pueda hacer en enero, lo decimos por parte de los empresarios. Volveremos al debate tradicional, el empresario malo, tacaño, como dice la ministra de Trabajo que no quiere pagar más, pero al otro lado estará el empresario que no puede pagar más; en otra esquina está la economía que dice que si vamos a pagar más, si vamos a mover más dinero sin crear valor ni riqueza vamos a seguir alimentando la inflación, que actualmente está por encima de dos dígitos.

    Una inflación que es el impuesto directo para todas las clases sociales y para quienes sigan sin conocer el término inflación es lo que usted percibe, lo que le preocupa, cuando va a comprar algo y dice que está muy costoso comparado con lo que costó en el pasado. Cuando lleguemos a esos terrenos, el Gobierno colombiano -que tiene la responsabilidad- y en general toda la sociedad, tiene que dejarse de debates nórdicos, debates para sociedades civilizadas, países desarrollados que ya tienen resueltos muchos ítems que Colombia no.

    LEER TAMBIÉN: Legalizar las drogas, entre cifras y contextos

    A la gente no le importa el carbono neutro, la sostenibilidad, la transición energética, la el calentamiento global si para comprar una carne, un pollo, un pescado, una camisa, unos jeans, unos tenis, entre otros, tiene que ir a empeñar un riñón. A la gente no le va a importar eso, y no hay nada más peligroso para un Estado que la vida costosa, la vida barata hace que la gente viva bien, feliz, genera competitividad, productividad pero alimentando una inflación, alimentando debates sociales y luchas de clase es bastante nocivo sin contar que ahora quieren destruir el sistema de salud colombiano, uno de los más admirados y más funcionales del mundo aún con sus falencias. Hay que mirar otros sectores que están mal, como el de la educación o el de la infraestructura.

    Pero lo que nos concierne el día de hoy es que Colombia no puede caer en la tormenta perfecta de la inflación y del estancamiento económico, eso traería caos, descontento y sobre todo insatisfacción por parte de los colombianos. El contexto mundial es difícil, retador, supone muchísimas complejidades y se requiere que el Gobierno esté a la altura del manejo macroeconómico para que la inflación se controle, para que el crédito siga siendo accesible, para que la tasa de cambio trate de mantenerse controlada porque esa tasa de cambio por encima de $4.400, las tasas de interés más altas, la inflación, un salario mínimo que se incremente más del 15 %, una informalidad por encima del 55 %, es una combinación para nada saldrá bien.

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    Nuestro editorial para hoy viernes 23 de septiembre cambia la agenda que veníamos manejando los primeros días de la semana, y quisiéramos alertar, aunque sea muy tarde porque la ola inclemente se aproxima en Colombia y el mundo entero, sobre costo de vida.

    Si los colombianos creen que han visto todo este año, que se preparen porque lo que podemos vivir entre enero y octubre del próximo año puede ser bastante complicado para muchas familias de todas las clases sociales, sin distinción alguna.

    Hay mucho temor por el incremento del salario mínimo que se pueda hacer en enero, lo decimos por parte de los empresarios. Volveremos al debate tradicional, el empresario malo, tacaño, como dice la ministra de Trabajo que no quiere pagar más, pero al otro lado estará el empresario que no puede pagar más; en otra esquina está la economía que dice que si vamos a pagar más, si vamos a mover más dinero sin crear valor ni riqueza vamos a seguir alimentando la inflación, que actualmente está por encima de dos dígitos.

    Una inflación que es el impuesto directo para todas las clases sociales y para quienes sigan sin conocer el término inflación es lo que usted percibe, lo que le preocupa, cuando va a comprar algo y dice que está muy costoso comparado con lo que costó en el pasado. Cuando lleguemos a esos terrenos, el Gobierno colombiano -que tiene la responsabilidad- y en general toda la sociedad, tiene que dejarse de debates nórdicos, debates para sociedades civilizadas, países desarrollados que ya tienen resueltos muchos ítems que Colombia no.

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    A la gente no le importa el carbono neutro, la sostenibilidad, la transición energética, la el calentamiento global si para comprar una carne, un pollo, un pescado, una camisa, unos jeans, unos tenis, entre otros, tiene que ir a empeñar un riñón. A la gente no le va a importar eso, y no hay nada más peligroso para un Estado que la vida costosa, la vida barata hace que la gente viva bien, feliz, genera competitividad, productividad pero alimentando una inflación, alimentando debates sociales y luchas de clase es bastante nocivo sin contar que ahora quieren destruir el sistema de salud colombiano, uno de los más admirados y más funcionales del mundo aún con sus falencias. Hay que mirar otros sectores que están mal, como el de la educación o el de la infraestructura.

    Pero lo que nos concierne el día de hoy es que Colombia no puede caer en la tormenta perfecta de la inflación y del estancamiento económico, eso traería caos, descontento y sobre todo insatisfacción por parte de los colombianos. El contexto mundial es difícil, retador, supone muchísimas complejidades y se requiere que el Gobierno esté a la altura del manejo macroeconómico para que la inflación se controle, para que el crédito siga siendo accesible, para que la tasa de cambio trate de mantenerse controlada porque esa tasa de cambio por encima de $4.400, las tasas de interés más altas, la inflación, un salario mínimo que se incremente más del 15 %, una informalidad por encima del 55 %, es una combinación para nada saldrá bien.

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