El fantasma de una crisis energética vuelve a rondar en Colombia ante la inminente llegada de un nuevo ‘Súper El Niño’. A pesar de los esfuerzos preventivos que el sector ha venido implementando en los últimos meses, la incertidumbre persiste y el fantasma del racionamiento se instala con fuerza en la agenda nacional de cara al periodo 2026-2027.
Las cifras sobre la mesa son elocuentes y preocupantes. De acuerdo con un análisis detallado de Lumen Economic Intelligence, un escenario de racionamiento eléctrico con características de profundidad y duración similares al histórico apagón de 1992 tendría un costo económico devastador para Colombia: $30,7 billones, una cifra que equivale aproximadamente al 1,6% del Producto Interno Bruto (PIB).
Panorama general: Para dimensionar el golpe, el análisis desglosa cómo se calcula este impacto. La valoración económica incluye tanto la energía que dejaría de suministrarse, tomando como referencia los costos de racionamiento de la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme), como la caída en la producción y la inevitable pérdida de bienestar en los hogares colombianos.
Si se mide exclusivamente el impacto sobre la producción nacional, la contracción podría rondar el 1,3% del PIB, lo que se traduce en unos $25 billones.
«Un racionamiento como el de 1992 le costaría a Colombia más de $30 billones y pondría en riesgo más de 100.000 empleos», advierte Luis Fernando Mejía, fundador y CEO de Lumen Economic Intelligence.
Apagón en Colombia: ¿Cuánto le costaría al país un racionamiento eléctrico como el de 1992?

Las proyecciones para la vigencia 2026-2027 encienden las alarmas institucionales. Según el centro de análisis, la energía firme del sistema se ubicaría un 7,8% por debajo de la demanda prevista, una brecha estructural que equivale nada menos que a 28 días de consumo en todo el territorio nacional.
Por qué es importante: A este panorama macroeconómico se suman cuellos de botella operativos que dificultan la respuesta del sector. Por un lado, persisten retrasos preocupantes en los proyectos de expansión energética: con corte al 10 de septiembre, apenas había entrado en operación un 23% de lo programado.
Por el otro, la estructura de los embalses es hoy más vulnerable que en el pasado. El crecimiento constante de la demanda ha reducido de manera significativa el margen de seguridad. Medida en días de demanda máxima, la capacidad de almacenamiento de los embalses pasó de 87 a 67 días si se compara con la época en la que azotó el fenómeno de El Niño de 2015-2016.
Con el margen de maniobra cada vez más estrecho, los analistas coinciden en que la reacción oportuna y la gestión eficiente de los recursos serán determinantes para evitar que la advertencia se convierta en una crisis de proporciones históricas.
