El deporte femenino atraviesa uno de sus momentos más visibles en términos económicos. En 2025, las atletas no solo compiten por títulos y récords, sino también por consolidarse como marcas globales capaces de atraer contratos millonarios dentro y fuera del campo.
Según Forbes sobre las deportistas mejor pagadas del mundo confirma una tendencia clara: el talento deportivo, combinado con proyección mediática y acuerdos comerciales, está redefiniendo el mapa del deporte profesional.
La clasificación reúne a figuras de distintas disciplinas principalmente tenis, baloncesto y atletismo y muestra cómo el ingreso de estas atletas ya no depende únicamente de premios deportivos. Patrocinios, publicidad, derechos de imagen y redes sociales juegan un papel clave en una industria que empieza a ofrecer mayores oportunidades económicas para las mujeres, aunque la brecha frente al deporte masculino sigue siendo evidente.
Encabezando la lista aparece la tenista estadounidense Coco Gauff, con ingresos cercanos a los US$33 millones, impulsados tanto por sus resultados en la élite del tenis como por su fuerte presencia comercial. Le siguen otras figuras del circuito femenino como Aryna Sabalenka e Iga Świątek, quienes consolidaron su posición no solo por su rendimiento en torneos de alto nivel, sino por su capacidad de atraer marcas globales interesadas en asociarse con campeonas jóvenes y carismáticas.
El tenis es, de hecho, el deporte que domina ampliamente el ranking. Nombres como Eileen Gu, Naomi Osaka, Jessica Pegula, Madison Keys, Elena Rybakina y Amanda Anisimova confirman que este deporte sigue siendo la principal plataforma de ingresos para las mujeres, gracias a calendarios internacionales sólidos, premios en dólares y una exposición mediática constante. En varios casos, los contratos publicitarios superan ampliamente lo obtenido en competencias.
Sin embargo, el listado también refleja la diversificación del protagonismo femenino en otras disciplinas. El baloncesto gana terreno con figuras como Caitlin Clark, Sabrina Ionescu, Angel Reese y Paige Bueckers, quienes se han convertido en referentes dentro y fuera de la cancha. La WNBA y el baloncesto universitario estadounidense comienzan a mostrar un impacto comercial creciente, impulsado por audiencias jóvenes y una narrativa más cercana a los fanáticos.
El atletismo y los deportes de invierno también tienen presencia destacada. Sydney McLaughlin-Levrone, campeona olímpica, aparece como una de las atletas mejor remuneradas, al igual que Lindsey Vonn, referente del esquí alpino, y Eileen Gu, cuya popularidad trasciende el deporte para convertirse en un fenómeno cultural y publicitario. Estos casos evidencian cómo el éxito deportivo, combinado con una imagen global, puede generar ingresos sostenidos incluso fuera de la competencia activa.

El ranking de 2025 deja un mensaje claro: el deporte femenino avanza en visibilidad y valor económico, aunque aún enfrenta desafíos estructurales. La concentración de ingresos en pocas disciplinas y países, así como la distancia frente a los salarios masculinos, siguen marcando límites. Aun así, las cifras confirman que el mercado empieza a reconocer el impacto, la audiencia y el poder comercial de las mujeres en el deporte profesional.
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