domingo, junio 13, 2021
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    Un Gobierno insensato y sin cálculo político

    EDITORIAL

    El Gobierno de Iván Duque no tiene la menor posibilidad de que la reforma tributaria presentada en el Congreso tenga éxito. Con terquedad, y a pesar de haberlo considerado, no la han retirado. Se exponen a una humillación mayor durante su trámite en el Congreso.


    En la vida se ha comprendido poco a poco que cambiar de opinión y reconocer un error no es suicidarse; todo lo contrario, persistir en el error cuando hay una coincidencia del entorno en que es dañino, en que no se debe seguir, no solamente es prepotencia, terquedad, sino que sí configura realmente ese suicidio tan temido en otros escenarios. No puede ser que una reforma, la cual ni siquiera termina de convencer al propio partido de Gobierno, que necesita de algunos amenities para convencer a otras colectividades muy progobiernistas, mientras tiene a otras en contra, no se detenga por un momento y crea que lo más conveniente es volver a empezar, poner las cartas en una mesa con total transparencia, abordar una real y profunda tributaria, estructural.

    Más allá de eso, se trata de un grado de insensatez no visto ni siquiera en gobiernos con aplanadoras en el Congreso, como lo pudo ser el Gobierno de Juan Manuel Santos. Creería la opinión pública que cuando existe tanta oposición a la reforma planteada por los gruesos que se conocieron pues tenía que ser modificada, no solamente mejor comunicada y más detallada en cómo iba a lograr también la recuperación económica y no cómo se centraba en crear programas asistencialistas, porque las cosas hay que llamarlas como son.

    Hoy vemos en Estados Unidos cómo miles de empresas están sin poder contratar personas porque millones de americanos están cómodos en sus casas con tres, cuatro y hasta cinco subsidios. En Colombia, la política de subsidio no ha funcionado bien; eso lo demuestran los programas instituidos desde el año 2002 que en lugar de reducir su número de afiliados año tras año como muestra de su éxito, que es sacar gente de la pobreza, evidencia que recibe más y más personas. Ahora pretender perpetuar otros subsidios como Ingreso Solidario, que no impacta económicamente al país, como sí lo hace al PAEF, subsidio a la nómina, solo demuestra crear otro hueco más grande que hoy no tiene el Estado y que difícilmente se podrá quitar en el futuro.

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    Lo anterior, sin tocar un grueso fundamental, impopular pero necesario, y con estas líneas elementales: acabar con el subsidio a las altas pensiones, un tema que no es de ahora, una problemática que se ha conversado mucho en los últimos 15 años y que es un cáncer que carcome las finanzas públicas año tras año, que demanda más presupuesto nacional cada año porque los colombianos no saben que, o saben pero no quieren darse cuenta, que millones de pesos se destinan a pagar pensiones millonarias de Colpensiones por encima de $7 millones, por eso tenía lógica la propuesta de gravar esas pensiones y sorpresivamente, de forma populista, el Centro Democrático habló de solo gravar las mayores de $14 millones; hay que poner un poco de equidad y justicia, y quienes ganan una pensión de más de $7 millones en Colpensiones están recibiendo dinero de los colombianos que aún no se han pensionado injustamente, pues su pensión se consiguió muchas veces de manera irregular por la ambigüedad y los grandes huecos que tiene el sistema pensional colombiano; una bomba de tiempo que no se ha conjurado.

    Es necesario acabar con programas populistas, como la devolución del IVA. En cualquier país de primer mundo e incluso en muchos del tercer mundo la devolución de este tipo de impuesto es un absurdo porque no se puede seguir pretendiendo que solo el 30 % o 35 % de la población pague impuestos y el restante viva a costillas de esos que tributan; todos los colombianos tenemos que hacer esfuerzos y pagar IVA. Ojalá el Gobierno se atreviera a poner en la mesa un IVA diferencial de tres tarifas: uno para bienes elementales, otros de mediano rango y otros de alto rango. 

    La declaración de renta que se propuso la consideramos óptima. Toda persona que devengue un salario formal en Colombia debería pagar impuesto de renta, declarar y pagar, que no siendo lo mismo en Colombia se confunde y muchos con cálculos politiqueros  intentan hacer más confusión y no contar a las personas. Lo cierto es que en Colombia pareciera que las personas prefieren sufrir de a poquito, que les dosifiquen el dolor y no afrontar de una vez por todas una sola reforma a la justicia que sea sostenible y de largo aliento.

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    Esa reforma debería contener impuestos diferenciales, lo dice la Constitución Política de 1991, no hablamos de nada nuevo. Una persona que devengue aproximadamente $13 millones de pesos al año no puede pagar el mismo porcentaje del que gana más de $45 millones al año. Con que haga un aporte significativo de unos $15.000 estaría aportando al país, no solamente genera cultura de pago, de fiscalización, de tributación, sino también de sentido de pertenencia con el país.

    Lo correcto y lo responsable la mayoría de veces no es popular, y los colombianos tienen que entender que así como se saca dinero para el ocio, el placer, el juego y el azar, entre otros, hay que aportar, hay que ayudarle al país de una manera equitativa.

    Creemos que esa reforma tributaria presentada en el Congreso tal y como lo ha mencionado el ministro del Interior, Daniel Palacios, se va a tramitar por retazos. Y al no retirarla es porque el Gobierno cree tener un camino para hacerla aprobar, que seguramente sera un Frankenstein, como el que nunca se ha visto en este país en los últimos tiempos.

    Será una reforma hecha por los congresistas, a un año de elecciones, que no van a tomar ninguna medida impopular por miedo a sus intereses personales y ahí ya está mal. Ojalá se dejara a un lado el populismo, la demagogia y la mediocridad y se pusieran los intereses de un país. Si tenemos claro que una calificación negativa por parte de las agencias internacionales es devastadora, devaluaría más nuestro peso, tiraría el dólar a $4.000, espantaríamos la poca inversión extranjera que hay en Colombia, pues no lo hagamos y mandemos mensajes correctos, positivos, de atracción hacia los colombianos y hacia los mercados internacionales. Tenemos que ser atractivos para los inversionistas.

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    Por un momento, que miren un metro y medio más allá de la nariz, que salgan de las cuatro montañas que tiene Colombia; comparémosnos con los mejores, tratemos de tomar lo mejor de cada sistema tributario, no nos enredemos con complejidades, con miles de impuestos, mil devoluciones, con 500 exenciones; no, acabemos con tantas exenciones, con inmunidad, que todos aportemos de una manera diferencial y seguramente tendremos 15 o 20 años no con 12 o 13 reformas tributarias sino que aseguramos con menos de cinco reformas. Hagamos lo correcto por una vez en la historia.

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