La recién publicada Encuesta Nacional Logística 2024 confirma algo que en la Federación de Agentes Logísticos de Comercio Internacional (Fitac) venimos advirtiendo desde hace años: Colombia avanza, sí, pero lo hace sobre una infraestructura y un modelo logístico que continúan sometidos a estrés permanente. El país exhibe resiliencia, innovación puntual y esfuerzos notables del sector privado, pero también sufre cuellos de botella que se repiten encuesta tras encuesta.
Este contenido hace parte de la Revista 360 – Edición 10: El año de las Decisiones. Producto periodístico anual y exclusivo elaborado por 360 Radio.
Si Colombia quiere competir en un mundo que se reorganiza más rápido que nunca, la logística no puede seguir siendo un asunto táctico: debe convertirse en una política de Estado.
El contexto global envía señales mixtas. El comercio mundial empieza a recuperar ritmo, los fletes se estabilizan y el transporte marítimo deja atrás buena parte de los sobresaltos recientes. A nivel interno, el sector de transporte y almacenamiento crece por encima del promedio nacional, las exportaciones se reactivan y las cadenas productivas muestran dinamismo.
Uno de los datos más críticos es el costo logístico nacional: 15,6 %. Una cifra difícil de sostener para un país que quiere diversificar exportaciones, atraer inversión y ampliar presencia internacional. Las medianas empresas logran contener costos, pero para las microempresas —que representan la base empresarial de Colombia— operar sigue siendo demasiado costoso.
El transporte, que absorbe más del 60 % del costo total, revela una dependencia preocupante: combustibles costosos, congestión urbana crónica e infraestructura deficiente que el 60 % de las empresas sigue señalando como obstáculo recurrente.
Aunque el país ha visto mejoras en productividad, los tiempos operativos siguen contando otra historia. El descargue continúa siendo la etapa más lenta y más de la mitad de las microempresas opera todavía sobre la vía pública. Y la calle no es infraestructura logística.
Otro hallazgo que requiere acción inmediata es la brecha tecnológica. El uso de tecnología apenas promedia 1,4 sobre 5. En un mundo que avanza hacia cadenas predictivas, automatizadas y basadas en datos, buena parte del país funciona con soluciones mínimas: GPS, facturación electrónica y códigos de barras.
En tercerización, Colombia muestra un equilibrio interesante: 56,4 % de las empresas terceriza al menos una operación, especialmente transporte y comercio exterior. Pero persiste una resistencia cultural a delegar almacenamiento, inventarios y procesamiento de pedidos. Esto abre dos interpretaciones: falta confianza en la oferta de servicios logísticos o falta comprensión sobre la necesidad de depender de proveedores especializados para ganar eficiencia real.
En logística verde hay avances: más del 66 % recicla y casi la mitad reutiliza materiales. Pero el desafío sigue siendo la transición energética: solo el 5,5 % de los vehículos son de bajas o cero emisiones.
La perspectiva regional entrega otro mensaje incómodo: Colombia no compite con una sola realidad logística, sino con catorce. El índice nacional regionalizado es apenas 2,9, con brechas profundas en infraestructura vial, seguridad y adopción tecnológica. Mientras Caribe Central y Pacífico Central lideran, regiones como Pacífico Norte, Pacífico Sur y Caribe Occidental enfrentan costos logísticos superiores al 18 %. Esta fragmentación es un freno directo al desarrollo territorial.
Asimismo, hay un llamado adicional: el rol de la mujer en la logística. Si bien es cierto, el 45,7 % participa en operaciones, la cifra cayó frente a 2022, y solo 12,8 % de las empresas cuenta con programas de equidad. Un contraste evidente si consideramos que el 41,9 % de las organizaciones del sector está dirigido por mujeres. Hay liderazgo, sí, pero sigue faltando presencia en la base operativa, donde también se define la competitividad del país.
La Encuesta Nacional Logística 2024 envía un mensaje inequívoco: Colombia avanzó, pero no en la dimensión que la economía global exige. Contamos con un tejido empresarial resiliente, innovador y dispuesto a seguir transformándose, pero seguimos atrapados por brechas estructurales que comprometen nuestra competitividad.
El país necesita una agenda nacional articulada y estable; que trascienda coyunturas y gobiernos; que ponga la infraestructura, la tecnología, la seguridad y la eficiencia en el centro del debate público. La logística no puede seguir tratándose como un eslabón más: es la arquitectura que sostiene la productividad, el comercio exterior y el desarrollo territorial.
La competitividad no espera. Y la logística es, hoy más que nunca, la clave para acelerar el futuro del país.
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