Los gobiernos, principalmente los que son muy buenos y los que son muy malos, “no caben los medios”; siempre dejan muchas enseñanzas. Incluso los malos dejan cosas buenas. Y es que las personas empiezan a preocuparse por querer entender asuntos, temáticas que antes se les hacían completamente desconocidas.
Lo hemos visto en Colombia y lo vemos en el mundo: ahora las personas están queriendo entender qué es un arancel, qué consecuencias tiene, cómo les afecta o les beneficia y cómo prepararse para él.
Este medio de comunicación siempre ha defendido y lo seguirá haciendo la libertad de mercado, la libre competencia, la libertad del consumidor, la defensa del consumidor y tenemos que decir que la distorsión que desde hace varios años viene presentando el mundo en términos de comercio, que como todo en esta vida no ha sido perfecto y tiene de sobra muchos puntos para cuestionar.
Esto ha servido para que algunas grandes economías se vean amenazadas a cuenta de acuerdos comerciales que pueden terminar siendo perjudiciales para sus intereses, sobre todo en épocas de vacas flacas, en épocas en donde queda al descubierto quiénes son realmente los ricos del barrio, quiénes son los que definitivamente tienen una situación peyorativa, una precaria situación, y esto es lo que fuerza a decisiones de gran calado y muchas veces a decisiones extremas.
En Estados Unidos se dieron cuenta hace varios años de que su industria estaba decayendo, de que su posición en el mundo a nivel comercial estaba siendo realmente frágil y que hoy su máximo competidor, China, ha inundado el mundo de sus productos y no solo eso, también ha incursionado de muy mala manera y de una forma reprochable en plagios, en el no respeto de patentes y de la propiedad de marca y, desde luego, tiene cuestionables prácticas en su sistema laboral.
Esto ha generado que sea un mercado mucho más competitivo, mucho más atractivo, desde luego, para quienes buscan producir sus productos. Hace muchos años atendieron ese llamado de China de ir allá a que les hiciera sus productos rápido, barato, casi original o réplica y a generar, claramente, mayores márgenes de rentabilidad y de productividad.
Pero nos vamos ahora al otro lado de la página y es que los países en su mayoría se relajaron porque se acostumbraron a que China sea el que les produce todo. La capacidad instalada y la producción industrial de muchísimos países cayó a niveles dramáticos y todas las economías, por lo menos occidentales, en su mayoría pasaron a ser economías de servicios, economías claramente con mayor exposición a las crisis y con mayor capacidad de daño.
Estados Unidos, con las actuales decisiones del presidente Donald Trump, está buscando pelear, como quien dice por ahí, pues cada quien pelea por lo que le hace falta y Estados Unidos está peleando porque efectivamente muchas de sus industrias prácticamente han desaparecido.
Esto viene a colación con el impuesto del 25% a carros que sean producidos por fuera de Estados Unidos. Impuesto por el presidente Donald Trump, pero Estados Unidos, en vez de querer solucionar este problema con una tarifa, podría primero preguntarse, como lo deberían hacer todas las economías del mundo.
¿Por qué China y por qué otros países, como Vietnam, Taiwán, Bangladesh, etcétera, son más atractivos para las empresas para poder construir, producir allá y no en sus países de origen?
Trump se queja de que en Europa no ve Chevrolet y no ve Ford, de acuerdo, pero quizá Trump no está viendo que esas dos marcas particularmente han tenido gigantes problemas reputacionales de producción.
Y tampoco se entera Trump, y con esto dejamos claro que no estamos de acuerdo con ese tipo de medidas proteccionistas, especialmente en esta de los carros. Porque los carros que no se producen en Estados Unidos no es porque no los quieran producir allá. Es porque sencillamente es más costoso.
Muchas veces es más lento, más dispendioso, tiene más exposición a riesgos jurídicos, laborales, sociales, incluso económicos. Y eso sirve para todos los demás países cuando se pregunten por qué allá no se producen distintos productos. Ese es el primer punto.
El segundo punto es: ¿Por qué nosotros defendemos la libertad? Y tenemos que decirlo con todas las palabras. Colombia no es un país libre en términos de comercio.
Han vendido mal el cuento; nos han dicho que somos un país neoliberal, anarcocapitalista y un montón de otras frases sin sentido que para nada hacen justicia. Colombia es un país sumamente cerrado a nivel económico.
Hoy muchas personas no pueden comprar distintos productos por internet porque, increíblemente, gracias a un “partido de derecha”, se les pusieron en los últimos años aranceles, o sea, bloqueos a esas compras de los colombianos en el exterior. Todo porque ese partido pues quería favorecer a ciertos empresarios que se veían perjudicados con ese auge de compras.
Por eso es también que en Colombia seguimos pagando por una cantidad considerable de productos unos precios desorbitados y que lo único que han hecho es aumentar la brecha digital, tecnológica, de infraestructura, de moda, porque también le pusieron, recordemos recientemente, aranceles a la ropa importada y esto no ha traído ningún efecto distinto a alentar la inflación hacia arriba.
El consumidor debe tener el derecho de consumir, valga la redundancia, lo que quiera, cuando quiera, donde quiera y las cantidades que quiera. Y si ese consumidor quiere ponerse unos zapatos italianos, franceses, españoles o americanos y no un colombiano, está en su derecho, y no tiene por qué un presidente o un congresista venir a decirle que no lo puede hacer porque tiene que poner ese zapato colombiano.
Esos modelos solo son cables a tiranías como la de Corea del Norte. Entonces, claro, es difícil competir y eso lo apoyamos, es difícil competir con países como China cuando ellos tienen un sistema laboral como lo tienen.
Mientras en países como Colombia nos acostumbramos y nos encanta tener a más del 54% de la gente en informalidad y tramitamos reformas para reforzarle el puesto a ese 50% que tiene un cargo fijo y que seguramente serán menos de pasar las actuales reformas, no pensamos en cómo crear empleo.
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