¿Por qué más de 8.000 empresas no quieren contratar estudiantes del SENA?

Una alarmante brecha se abre en el mercado laboral colombiano.

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El panorama de la inserción laboral juvenil en Colombia enfrenta una encrucijada compleja. Un alarmante incremento en el número de compañías que optan por la compensación económica en lugar de integrar estudiantes del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) a sus plantillas ha encendido las alarmas de gremios económicos y analistas. Cifras recientes revelan que más de 5.000 organizaciones formalizaron el pago de la denominada «cuota de monetización» solo en el primer cuatrimestre del año, consolidando una tendencia que, según proyecciones del sector privado, ya supera las 8.000 unidades productivas alejadas de la contratación directa de practicantes.

Esta coyuntura, lejos de responder a un desinterés por el talento joven o a deficiencias en la calidad educativa de la institución, encuentra su origen en el nuevo marco regulatorio del país. Tras la aprobación de la última reforma laboral, las condiciones del contrato de aprendizaje sufrieron una transformación radical que elevó sustancialmente las cargas operativas y financieras para el tejido empresarial colombiano.

¿Por qué más de 8.000 empresas en Colombia rechazan contratar aprendices del SENA?

Históricamente, el mecanismo de aprendizaje funcionaba bajo un esquema de apoyo económico de sostenimiento. No obstante, la nueva legislación otorgó plenas garantías laborales a estos contratos. En la actualidad, los estudiantes tienen derecho a percibir el 75% de un salario mínimo legal vigente durante su etapa de formación teórica (fase lectiva), asignación que escala al 100% una vez inician su etapa práctica en las instalaciones de la compañía.

¿Por qué más de 8.000 empresas no quieren contratar estudiantes del SENA?
Foto: redes sociales

A este incremento directo en los ingresos del aprendiz se suma la obligatoriedad, por parte de los empleadores, de asumir la totalidad de los aportes al sistema de seguridad social: salud, pensión y riesgos profesionales (ARL), complementados con el reconocimiento de prestaciones sociales. Para una proporción considerable de medianas y pequeñas empresas, este nuevo ecosistema de costos fijos representa un esfuerzo financiero que desborda sus presupuestos operativos.

Ante el encarecimiento de la contratación directa, el sector corporativo ha comenzado a validar la penalización legal como una alternativa viable de planificación financiera. La normativa vigente estipula que las organizaciones con más de 15 trabajadores que decidan no incorporar aprendices deben pagar una multa equivalente a 1,5 salarios mínimos mensuales por cada cupo no cubierto, una cifra que ronda los 2,6 millones de pesos por estudiante.

Expertos en derecho laboral señalan que el riesgo latente de este diseño normativo es la previsibilidad. Para múltiples juntas directivas, asumir la sanción se transformó en una opción administrativa «limpia»: un costo predecible que se paga mensualmente para evitar la gestión de nóminas estudiantiles, procesos de tutoría interna y posibles contingencias jurídicas asociadas al régimen prestacional.

Los estados financieros del propio SENA confirman la magnitud de esta migración corporativa. Durante el año anterior, el recaudo de la entidad por concepto de multas y monetización experimentó un salto del 68%, superando los 440.000 millones de pesos. La tendencia al alza se mantiene sólida: con corte a abril de la vigencia en curso, la caja de la institución ya reportaba ingresos por más de 296.000 millones de pesos bajo este mismo rubro.

Si bien estos recursos adicionales robustecen el presupuesto del SENA para infraestructura y sostenimiento interno, la finalidad social del sistema corre peligro. El verdadero objetivo de la regulación no es la recaudación de capitales, sino abrirles las puertas del mercado formal a miles de jóvenes que buscan su primera experiencia laboral. Mientras la balanza económica siga inclinándose hacia el pago de penalidades, el acceso al empleo juvenil continuará restringiéndose de forma alarmante.

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