Prostitución: una batalla que puede librar la sociedad evitando que las mujeres desde muy pequeñas caigan en esas garras

Prostitución: una batalla que puede librar la sociedad evitando que las mujeres desde muy pequeñas caigan en esas garras
Foto: EFE

Nuestro editorial para hoy tiene que referirse al trino que se hizo viral de la escritora y docente Carolina Sanín, que hablaba de Medellín como un burdel a cielo abierto. En líneas seguidas le preguntaba a la alcaldía de la ciudad, específicamente al alcalde Quintero qué estaba haciendo por ello.


EDITORIAL

Son muchos los análisis que se han hecho tanto desde la academia como las diferentes administraciones que han antecedido a la vigente desde aproximadamente el año 2006, los medios de comunicación también lo han hecho, esta casa periodística ha participado de esos estudios; para entender un poco más a profundidad, con detalle, detrás de cada una de las vidas de las mujeres que se dedican al ejercicio de la prostitución.

Que valga la pena hacer la claridad una vez más, que no es un delito, es una actividad laboral que se encuentra protegida por las leyes colombianas y que para mal, Colombia ha sido uno de los principales epicentros de exportación, no solamente por la vía legal, sino por la ilegal, por la clandestina, por la ilegal; la trata de blancas, de mujeres que hemos perdido porque no hemos vuelto a saber de ellas, otras que han tenido mejor suerte y han podido retornar a su país y en el caso de las que han permanecido en Colombia, pues ha ocurrido un hecho revolucionario, insisto para muchos en negativo de este ejercicio y revolucionario porque se volvió una verdadera industria.

La prostitución se ha convertido en una válvula de escape. Primero que todo, para muchas mujeres que no han tenido el acompañamiento psicosocial, que han sido abusadas, que han sido no solamente maltratadas, sino que están inmersas en un mundo de drogas del que pareciese muy difícil salir.

En segunda instancia se convierte en una plaza de trabajo para quienes no han logrado encajar en el mundo laboral actual y viven de ello, alimentan a sus hijos de esa actividad sexual diaria, y desde luego vive en ellas, estudian unas, otras, se compran su ropa, sus viviendas y tienen su diario.

Y ya en la parte superior de la pirámide se encuentran las que pareciese ser, las que nunca saldrían del sistema, y son las mujeres que se han dedicado a la prostitución porque es un muy buen negocio, porque pueden estar cobrando por un servicio, una noche, un viaje. Ya no solamente en pesos, sino también en dólares. Cobran 3 o 5 millones de pesos, o 10.000, 15.000 o 7.000 dólares, y eso sin contar lo que se ha formado con las plataformas de webcam en Colombia desde hace aproximadamente cuatro o cinco años, en donde muchas mujeres abandonaron la prostitución para dedicarse a esa otra industria de entretener a un público extranjero en su gran mayoría, que les paga con dólares, con euros, con criptomonedas, por lo que ellas hagan en frente de la cámara.

Esto es un problema que trasciende no solamente las fronteras de Medellín, porque no hay que ir muy lejos para ver los vuelos a Panamá en muchas ocasiones, qué tripulación llevan, qué personas llevan y qué mujeres son las que asiduamente toman los mismos vuelos, a las mismas horas y retornan los mismos días y a las mismas horas.

De igual manera, no hay que ir muy lejos para entender que las mujeres en Medellín lastimosamente han caído cada vez más y más en esa tentación que va ligada inexorablemente en muchas ocasiones al narcotráfico. Como muchas de esas mujeres terminan siendo dealers, jíbaros de poderosas organizaciones de narcotráfico que le ofrecen a los turistas el paquete completo; la droga, el servicio sexual de la mujer y el tour por la ciudad, por el departamento o por el país. Vemos como en Cartagena hay calles inundadas de prostitutas, es imposible pasar; deberían declararla zona de tolerancia de una vez por todas., como sucede con el Parque Lleras en Medellín.

Pero, el llamado a las autoridades puntualmente termina siendo un canto a la bandera, porque las autoridades no tienen los suficientes dientes, herramientas y recursos para hacer tan atractivos a las que están en la parte superior de la pirámide y sacarlas de ese mundo y decirles que no se ganen 15, 20, 25 o 30 millones de pesos al mes, incluso más para que se ganen un mínimo o un subsidio. Y las que están en la parte más baja de la pirámide, hay un mundo tan denso, tan oscuro, un daño mental tan grande, que el recurso público se queda absolutamente escaso para extraerlas de ese espectro que se las ha consumido poco a poco.

Es cierto, la prostitución en Medellín ha aumentado notoriamente. Solo basta con ir a cuatro o cinco lugares a cualquier hora del día para notarlo, la Policía no les puede hacer nada, nadie les puede hacer nada, y se tiene que dar otra vez en claro eso. Pero, hay que pasar del trino, de la crítica y de esa fobia que le puede dar a mucha gente ver que una mujer está ejerciendo esa actividad sexual, realmente a los entornos protectores, pasar a la solidaridad, también a la tolerancia.

Pero a estas mujeres hay que evitarles que lleguen a ese mundo para luego no tener esfuerzos improductivos de sacarlas hay que evitar, y esto se hace cuidando a las niñas en sus barrios, a las niñas que tienen 3,4,5,6,7,8,9, años. A ese otro público que sale entre 10 y 16 años, que se convierte en el foco predilecto de las cabezas de esas organizaciones.

Acá hay que ir más allá del trino. Hay que ir más allá del render, de los planes, de las cifras, a verdaderas acciones integrales, colectivas y de fuerte impacto y prevención para que Medellín pueda combatir este gran monstruo de siete cabezas que todos los días le va ganando la batalla. No, a esta alcaldía, se las ha ganado a todas y se las ganará seguramente a las venideras, porque es un monstruo tan grande que la alcaldía no tiene como ganarle esa pelea, solamente una batalla que puede librar la sociedad entera y las familias, evitando que las mujeres desde muy pequeñas caigan en esas garras.

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