Renuncias, despidos y cambios: una particularidad negativa del Gobierno de Petro

Con el tiempo, se ha perfeccionado los modelos de administración pública, así como las primeras enseñanzas o instrucciones, como prefieran llamarlas, que se han recogido y que se deben adoptar. Estas incluyen evitar la alta rotación de cargos y propender por procesos de largo aliento como las de Gustavo Petro

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Las ciudades, los departamentos y los países, como hemos dicho repetidamente, no tienen un botón de encendido y apagado. Las sociedades no se paralizan esperando a sus gobernantes mientras estos organizan su oficina, cambian la iluminación, realizan terapias grupales y tratan de definir cuándo van a comenzar a gobernar. Esto, ligado a que los períodos de gobierno son muy cortos para hacer una buena gestión y muy largos para causar mucho daño, contempla procesos internos, proyectos y programas de largo alcance que trascienden los cuatro años y hacia los cuales deberían orientarse los gobiernos modernos.

Quizás el ejemplo más reciente que ha tenido Colombia, en los años recientes, se dio en Medellín desde 2004 hasta 2019, donde, sin importar la tendencia del gobierno o su ideología, existían procesos encadenados y la responsabilidad política con los asuntos públicos era tan alta, que el gobernante en turno terminaba las obras de su antecesor y así sucesivamente. No había espacio para la mezquindad, la venganza o la retaliación política porque estaba claro que la ciudad estaba por encima de todo, que era un bien primordial y todos los esfuerzos debían dirigirse en ese sentido estricto.

Lo que ha ocurrido en el gobierno de Gustavo Petro, que no es exclusivo de él, pero que ha ocurrido con más frecuencia e intensidad, es sumamente negativo para el modelo de administración pública que el mundo demanda hoy. En el gobierno de Iván Duque y en otros anteriores también hubo cambios ministeriales repentinos; por ejemplo, en el gobierno de Duque se tuvieron casi cuatro ministros de justicia. Esto no se trata de una crítica política, pero como ejemplo reciente tenemos el caso de Gustavo Petro, y esto incluye a los nuevos gobernantes.

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¿Cómo es posible que hoy haya alcaldes y gobernadores que saben que han nombrado secretarios que están haciendo campaña para ir al Congreso dentro de dos años, es decir, que van a renunciar aproximadamente en un año? ¿Qué tipo de responsabilidad tienen con su electorado y sus gobernados al nombrar personas que van a salir en un año y dejar todo inconcluso?

Lo mismo ocurre con el gobierno de Petro, exactamente lo mismo, fue un gobierno que inició con una propuesta de inclusión de diversas perspectivas, diálogo, comunicación y concertación, pero este enfoque se perdió a los siete meses y comenzó su radicalización, la cual ha avanzado incesantemente en este año y ocho meses de gobierno aproximadamente.

Lo que ha ocurrido es que todos los empresarios, gobernantes regionales, líderes gremiales y quienes forman parte del escenario público pierden tiempo en reuniones con directores, gerentes o presidentes porque a los 15 días o fueron despedidos por razones políticas, renunciaron por insatisfacción o fueron reemplazados. Esta ha sido la constante en todos los ministerios del gobierno de Petro, en todas las entidades descentralizadas y en todas las agencias y empresas del Estado. Entonces, vamos aproximadamente hacia un cuarto remezón ministerial en un año y ocho meses de gobierno, lo cual es inaceptable.

Esto, ojalá, el presidente no lo tome como una crítica particular, sino como algo que está afectando, en primera instancia, a su gobierno. Un presidente que se queja por ejecución no puede esperar algo distinto cuando está cambiando a los responsables de ejecutar cada vez que cambia el rumbo del viento y tampoco puede esperar una mayor ejecución cuando sus ministros le hacen ver una posición diametralmente opuesta a la que él defiende y él lo considera un ataque personal.

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Ahora, con la excusa de los Juegos Panamericanos, que según él la culpa era de Duque, el gobierno de Petro tenía que haber retomado ese proceso y llevarlo a término, como todos los demás proyectos y obras de infraestructura en todo el país. Solo basta mirar lo que ocurre en Antioquia, que es sumamente delicado por la negligencia, el abandono y el egoísmo del gobierno.

Hoy parece que el gobierno no tiene claro qué recibió, no tiene claras sus responsabilidades y mucho menos cuenta con gente apta para poder culminar obras que venían en marcha y que hoy están en riesgo de convertirse en elefantes blancos porque el gobierno de Petro no les da término.

Por lo tanto, si el presidente Gustavo Petro no realiza un cambio significativo y elige un equipo que al menos le permita terminar los dos años y dos meses que le quedan, será muy difícil que pueda cumplir con su plan de desarrollo, entregar obras físicas y cumplir indicadores, porque no hay interés y quienes están tienen el riesgo y el miedo de que los van a mover, hacer renunciar o se van a ir porque están insatisfechos.

Por último, debemos hacer un llamado a la reflexión para que se valoricen las políticas públicas y para que se entienda que el ejercicio de gobierno no es una campaña política. El ejercicio del gobierno tiene un compromiso natural e ineludible con cada uno de los ciudadanos que debe honrarse y no ir al vaivén de los caprichos políticos o personales de un mandatario.

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