«Votar es lo que logra que las democracias salgan adelante»: Santiago Silva

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Silva resaltó la importancia del voto en el marco de la campaña ‘Votar es Cuidar‘ de Comfama.

Por: Redacción 360 Radio 

Desde 360 Radio nos aliamos con Comfama en el marco de su campaña Votar es Cuidar. Queremos darle el valor al voto que se merece, explicarlo con profesionales y académicos para mejorar la calidad de nuestra democracia. Esta es la primera de una serie de entregas.

En Colombia estamos en un debate democrático previo a las elecciones del 29 de octubre en las que elegiremos a quienes serán nuestros gobernantes locales, concejales y diputados a asambleas departamentales.

Cuando hablamos de democracia y de votar podríamos encontrarnos con muchísimas capas. La democracia para una persona en una región del país es una cosa distinta a la persona que está en otra región. De un estrato a otro, de un trabajo a otro, de una profesión a otra.

No podríamos darle un significado puntual y único a la democracia, pero nos trasladamos al voto y ahí entra esta campaña de Votar es Cuidar.

Santiago Silva es profesor de la Escuela de Artes y Humanidades de la Universidad EAFIT y director de Tenemos que Hablar Colombia, plataforma colombiana de díalogo ciudadano y conversación entre diferentes actores que tiene como uno de sus objetivos «impulsar una conversación social masiva sobre los desafíos del país y que, además, permita responder a interrogantes sobre cómo somos los colombianos, qué queremos para nuestro país y cómo podríamos aportar al cambio social.»

Por esto decidimos empezar esta serie de entregas hablando con Santiago y profundizar en sus concepciones, perspectivas y visiones sobre la importancia de la participación política y democrática con el voto.

360 Radio: ¿Cómo cree usted Santiago que el voto termina cuidando a una persona y a la sociedad?

Santiago Silva:

Yo creo que ahí hay un asunto fundamental. Es uno de los principios democráticos. Hay muchas discusiones sobre cuál es la mejor definición de democracia, muchas formas en las que la gente entiende la democracia de forma cotidiana y sin embargo, ahí hay un punto central, un hilo conductor en casi todas las definiciones.

Tiene que ver con la posibilidad de participación de la persona y si algo garantiza la democracia en casi todos los tipos de sistemas democráticos es que la expresión de las personas, la opinión, su decisión, casi siempre expresada por ese voto, por ese momento en el cual van y depositan el voto, es importante y es fundamental.

Digamos que el principio fundamental de la democracia es que en algún momento hay una decisión colectiva en la que yo como ciudadano tengo un pedacito de esa decisión. Ahora, una de las discusiones recientes y un poco esta idea de que las democracias atraviesan por una crisis, pasa mucho por lo que parece ser como cierta subestimación de esa decisión: «mi voto no importa, mi voto es uno solamente entre muchos» y esa apatía de las personas pasa por «no es suficiente, no es importante, no pasa mucho si uno no vota».

Ahí aparece la conexión con esta idea que nos propone Comfama de «Votar es Cuidar» y es que los votos sí son importantes. Uno puede buscar los casos en los cuales un par de votos han definido una elección, pero también hay un punto fundamental en esto: ¿Qué pasa en una sociedad si muchas personas piensan igual? Es probable que si yo efectivamente no voto no pase mucho, pero sí muchísimas personas comparten esta creencia de que votar no es importante, ahí nos encontramos en un lío como el que enfrenta en muchos casos Colombia con porcentajes de abstencionismo bastante altos.

Ahí aparece el asunto de «al dejar de votar, pues yo efectivamente estoy descuidando una decisión que va a ser muy importante.» Nosotros claramente reconocemos y exaltamos la relevancia que tienen las organizaciones privadas, sociales, para lo que pasa en una sociedad, pero negar que buena parte de las decisiones más importantes, de las acciones más importantes en cualquier sociedad democrática, las toma el Estado es inocencia.

Y en ese sentido tenemos la oportunidad de tomar esa decisión de influir en quienes estén en esos cargos y que tengan en la cabeza, en sus propuestas, en sus formas de trabajar, las prioridades de la sociedad y la idea de cuidarnos que es muy potente. Y por eso votar es ese ejercicio activo de cuidado.

360 radio: Votar ya es un logro y la persona que lo hace está cumpliendo con su deber y ejerce su derecho. El problema es saber votar. Votar con inteligencia. Porque hace falta cultura democrática, pedagogía, entender qué es un programa de gobierno, analizar las hojas de vida de los candidatos, las propuestas, entender en que pueden compaginar con los pensamientos que uno tiene. Hoy la desesperanza es total con respecto a los mandatarios locales y honestamente son muy contados los casos en los que uno evalúa un alcalde o un gobernador que esté por encima del 50 por ciento de favorabilidad y eso genera decepción, incredulidad, impotencia, porque la gente vota por personas que los están decepcionando cada cuatro años y eso nos ha llevado a que en ocasiones se vean tentados por el outsider, por el disruptivo, por el que no conocemos a ver qué pasa. ¿Qué lectura le da a ese pedazo de la democracia, ese pedazo del voto que nos está faltando para tener una elección más tranquila y más consciente?

Santiago Silva: 

Hay dos temas que planteas. El primero quizás tenga que ver con esa distancia que se está configurando entre las expectativas que las personas plantean aquí a quienes eligen y la forma en la que se está haciendo campaña en algunos casos.

Lo que encontramos ahí de manera recurrente es que los candidatos están encontrando que entre cada vez más extraordinarias, más llamativas, más difíciles sean las promesas y las propuestas y la reivindicaciones y lo que le plantean a los votantes, mejor les va en la elección.

El problema es que ellos mismos se terminan atrapando en esas cosas que prometieron y que plantearon que son muy difíciles de hacer. Entonces nos encontramos con muchos candidatos, que llegan electos por promesas gigantescas y que muy rápidamente, como inevitablemente iba a pasar, decepcionan a sus electores.

Si uno ve las encuestas de opinión, casi siempre ve ese incremento en popularidad justo antes de la elección y luego caen. Choque de realidad. Es como una especie de trampa colectiva en la que nos metimos todos. Los votantes estamos esperando que nuestros candidatos sean superhéroes. Nos engañamos durante un par de meses pensando que son superhéroes, que son perfectos y que todo lo que están diciendo va a ocurrir efectivamente. Los elegimos y luego cuando no lo logran nos decepcionamos. Es un círculo vicioso muy perjudicial para la democracia.

¿Qué se podría hacer para contener eso? Más responsabilidad por parte de candidatos. Uno entiende que en la mitad de la elección ellos van a echar mano de lo que parecería darles más posibilidades de ganar, pero es una tentación que ojalá controlaran tanto como fuera posible.

Ahora, después de la inocencia, algo más práctico y es que los ciudadanos podemos también ejercer hacia el otro lado ese control. De tener muy presente que los candidatos efectivamente están usando esos mecanismos para hacerse elegir. Están en una dinámica muy particular, en una competencia muy específica en la que ciertas cosas se vuelven muy tentadoras para ellos y que eso no los hace necesariamente mejores candidatos.

Yo plantearía dos asuntos: a la revisión de programas, hojas de vida, trayectorias le sumaría un par de cosas también para revisar cuando se va a tomar la decisión de la elección: la primera es la revisión de compañías, ¿Con quiénes están? ¿Con quienes han estado? ¿Qué otras decisiones han tomado? Un poco de chismografía alrededor del candidato puede darle algo de márgenes también de saber quiénes están llegando ahí.

Lo segundo y esto es muy importante porque es una decisión del votante y es dudar de su propia elección. Cada persona, cada uno de nosotros debería ser un poco más cuidadoso del candidato que primero le llamó la atención. Porque nosotros también nos equivocamos. Por más razonables, por más leídos, por más juiciosos, también nos dejamos llevar por las emociones del momento, por las disposiciones del momento y sería muy valioso entrar a evaluar cada candidato con algo de escepticismo respecto a su propia preferencia.

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Si a mí desde el principio me gustó el candidato X yo debería de entrada preguntarme ¿por qué me gustó el candidato X? ¿no será que el candidato Y tiene algunas cosas que serían valiosas? Intentar ponerlos en un plano un poco más cercano y en ese lugar intentar tomar la decisión. Los colombianos nos preciamos mucho de ser muy avispados y sin embargo a la hora de votar, somos muy inocentes. Ahí vale la pena un poquito de avispe.

Debemos estar muy pendientes y ser muy escépticos respecto a cualquier cosa que parezca demasiado buena para ser verdad. Quizás lo es. Con ese criterio ser muy buenos o ser muy cuidadosos a la hora de definir cuando un candidato parecería estar demasiado endulzando mucho los oídos. Que los votantes no se aburran de la democracia cuando un candidato no puede hacer lo que prometió porque efectivamente no puede.

360 Radio: Comfama en su manifiesto ha dicho que no estamos siendo salvadores ni superhéroes, estamos actuando en coherencia con la expresión de vida que somos y queremos. Es verdad que nuestro voto no es la única manera de transformar el futuro, pero si es nuestro derecho a elegir un futuro distinto y a salir de la indolencia, porque votar es cuidar. Hay una actitud que acuñaron muchas empresas, algunas organizaciones que dicen «en la política no nos metemos ahí, acá mejor no hablemos de política, la política no nos importa, no nos incumben».

Pero cuando llega la hora de que quienes están allí tomaron unas decisiones que afectan actividades económicas, puestos de trabajo, el día a día, ahí si dicen «ahora si tenemos que actuar porque estamos en peligro». ¿Cómo podría uno generar una conversación? Y eso se une con Tenemos que Hablar Colombia. Conversación entre instituciones, gremios, gobiernos, empresas privadas y ciudadanía para que la política no se vuelva un tabú como el sexo. A veces en la mesa no se habla de política para no encrespar los ánimos, pero termina siendo una conversación que hay que dar porque si no se da otros la van a dar y otros van a tomar las decisiones.

Santiago Silva: 

Ahí hay dos asuntos fundamentales. El primero es esto de intentar diferenciar que no toda conversación de política tiene que ser una conversación de establecimiento de posiciones electorales. Las empresas no solamente a veces no les gusta, sino que no deberían plantear conversaciones en donde sugieren o plantean o constriñen electoralmente a los empleados.

Pero eso es muy diferente, es muy distinto y hay una distancia muy grande entre eso y hablar de política porque hablar de política es hablar de los asuntos públicos, de los temas que nos incumben a todos, de los problemas que enfrenta la sociedad y de las mejores maneras de abordarlos. Mejores en el sentido de que tienen evidencia que funcionan o de que se han utilizado durante mucho tiempo para eso. No porque las defienda una postura o un candidato en particular.

Al tiempo también hablar de política es hablar sobre nuestras preocupaciones. Todos los ciudadanos así sea el más apático, igual tiene preocupaciones públicas. Simplemente porque le preocupe el punto donde vive al punto donde trabaja, o le preocupa si efectivamente va conseguir un cupo para estudiar o le preocupa si mañana la situación económica en su hogar va a mejorar o empeorar.

Esas son preocupaciones públicas, son preocupaciones políticas, entonces hablar de política claramente abre este espectro en donde las organizaciones deberían poner conversaciones políticas adentro de ellas mismas. Conectar a sus colaboradores a sus empleados con conversaciones que los incumben inevitablemente porque, de nuevo, son insalvables, no existe la posibilidad de extraerse completamente de la conversación política. Quizás establecer muy buenas reglas de juego sobre hasta dónde es una conversación política y dónde empieza a ser una conversación electoral. Establecer esos límites sea muy valioso.

Lo segundo es, y esta ha sido un poco la experiencia con Tenemos que hablar Colombia y ahora Cuando hablamos Medellín los ciudadanos, están muy ávidos de poder conversar de política. Creo que a veces tenemos un prejuicio de que las personas son apáticas, no les interesa esto y la verdad la experiencia que hemos tenido nosotros es que siempre que ofrecemos la oportunidad, la posibilidad de que la gente se siente hablar de asuntos públicos, de política en el sentido amplio con tranquilidad, con moderación, con cuidado, con estructura, la gente toma esa oportunidad y lo hacen feliz. Se hablan temas que son difíciles y se discuten porque también eso hace parte del debate, de la deliberación. Se llegan a acuerdos a veces, otras veces no lo hacen, pero aprecian profundamente esa oportunidad de hablar de asuntos públicos.

Entonces yo creo que esa es la combinación entre definir qué es política, definir ese ancho de banda de la política, establecer reglas de juego, pero lo tercero es dar oportunidad, activamente definir espacios para hacerlo, para que la gente los tenga. Los colombianos tenemos cierta resistencia hablar de política de manera cotidiana. De ahí el dicho que decías ahora: en la mesa no se habla ni de política ni religión ni de fútbol.

Nosotros hicimos una encuesta a principios de este año sobre qué tipo de cosas los colombianos hablaban, les gustaba o les incomodado hablar y el tema que salió primero de los cuales no les gustaba hablar, era de política 36% de la gente, dijo que no habla de política. Eso es un porcentaje muy alto que quiere decir que un tercio de los colombianos evitan en cualquier momento hablar de política. Yo creo que necesitamos hablar más de política.

La gente por esa misma resistencia puede que no lo haga de manera autónoma, por iniciativa propia. Hay que darles la excusa, generarles el espacio, armar la invitación en la que por ejemplo, una organización diga con tranquilidad «vamos a hablar de estos temas públicos que nos infunden a todos» y darle la oportunidad a la persona de efectivamente ir allá a dar sus opiniones, sus preocupaciones y dar sus propuestas, desahogarse. Y ojalá en ese camino ejercitar una cosa muy importante y es ese músculo democrático de la liberación. Estar hablando sobre los temas, ese es un músculo que en Colombia está un poquito adormilado y que hay que ayudar a empujar un poquito.

360 radio: Mucho venimos hablando desde hace cinco o seis años sobre la necesidad de profundizar la democracia, sobre la importancia de que se aumente la participación de las personas, de los jóvenes, indudablemente el año pasado los jóvenes le dieron un gran empujón al actual presidente, pero también es cierto que cuando tenemos unos nombres en la mesa de 15 – 18 candidaturas todas legítimas, la gente dice «¿Qué es todo esto? ¿Qué hacemos?». 

Son demasiados nombres y como medio de comunicación hacemos un mea culpa porque hace cuatro años nos vimos en esa decisión tan difícil, que es cuando llega la hora debatir, unos se van a molestar porque no están en el uno o en el otro espacio de debate. A los medios se les dificulta realmente poder cubrir a todos los candidatos cuando debería ser casi que una obligación. Pero físicamente es imposible. Entonces hay unas distorsiones que van afectando la exposición, el reconocimiento.

Si uno se fija hoy hay muchos candidatos que no marcan en encuestas porque no los conocen y eso genera a veces una reducción de la oportunidad y del abanico y que la gente pueda optar por una persona que va a quedar de cuarto quinto octavo décimo, pero que esté tranquila con su voto y no que termine haciendo parte de eso conocemos como el voto útil, el voto estratégico, un voto en contra de, que es lo que quizá más hemos visto en nuestro país no puede deshacer sobre hecho probablemente hoy padecemos en Colombia y que en Bogotá digamos implementó la segunda vuelta en este caso será la primera vez.

Pero acá hay otras ciudades en las que seguramente habrá gente que gane y con el 25% o 30% de la votación y dentro de cuatro años estemos condenados otra vez a que ese gobernante tenga solamente el 20% o el 25% de favorabilidad.

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Santiago Silva:

Hay varios asuntos complejos.

El primero tiene que ver con el diseño. Yo creo que lo que se va ahorita a explorar de una manera pilotear, pues no, porque va a ocurrir, pero va a ser por primera vez en Bogotá que es la segunda vuelta, quizás sea un lugar inevitable al que van a llegar la mayoría de las ciudades capitales muy pronto. Al menos las ciudades que tengan más de dos – tres millones de habitantes, porque claro también tiene una implicación práctica y es que hemos venido teniendo alcaldes bajitos en legitimidad, si lo entendemos como la cantidad de votos totales por los que los eligen. La mayoría de sus alcaldes con el 30, 25% de la votación. Eso quiere decir que los eligieron poco porcentaje de la población.

La segunda vuelta también permite, no sólo como una competencia en donde se reúnen posturas, sino también que quien gana al final lo haga por una legitimidad más amplia. Yo creo que hay eso asuntos del diseño institucional que podrían mejorarse. A mí no necesariamente me gustaría la reducción como la fuerza de la cantidad de opciones por lo que planteabas, porque la cantidad implica diversidad, representación, pero quizás nos da pistas de algo parecería ser un problema más como de cultura política en Colombia y esa dificultad que tienen los candidatos de reunir posturas.

En el caso de Medellín pues un poco lo estamos viendo y es que en muchos de ellos ha habido una disposición, un esfuerzo por intentar reunir candidaturas desde que empezaron a especular sus candidaturas y vinieron a ocurrir ahorita pronto y realmente no ocurrieron mucho. Pasamos a tener 14 inscritos. También creo que da cuenta de lo que parecería ser una dificultad de parte de los políticos colombianos y de los movimientos políticos, los partidos y los grupos políticos en Colombia para acordar posturas que lleven a candidaturas conjuntas.

La dispersión puede ser una buena muestra de esa dificultad. De cara al problema práctico de cómo representarlos de manera equitativa creo que será un asunto muy difícil siempre uno intentará guiarse por ejemplo por los números en las encuestas puede ser en algunos casos puede ayudar pero pero en el caso por ejemplo Medellín en el que hay probablemente diez candidatos entre el 3 y el uno por ciento intención de voto en donde cada encuesta se mueve un poco de abajo hacia arriba

¿Uno cómo define dónde está el corte, cuál es la encuesta con la que hace el corte? Esta semana vimos también un debate con una especie de contradebate, entonces ese tipo de dinámicas no ayudan para nada a la discusión, además creo que introducen un poquito de desconfianza con los votantes.

Lo único que se me ocurriría aquí que también es una tarea pendiente que tenemos muchos es seguir buscando alternativas innovadoras en términos del debate electoral tradicional y lo digo porque aquí por ejemplo la universidad también se van a hacer un par de debates en formato tradicional, en televisión se sigue haciendo este tipo de debates. Es un formato que tiene muchas ventajas, tiene la ventaja de escuchar el candidato en detalle, de dar la oportunidad de interacción entre candidatos. Por algo ha funcionado durante 70 años sin muchos cambios en la mayoría de las democracias, pero quizás podamos complementarlo con otro tipo de aproximaciones que ayuden a visibilizar candidaturas por ejemplo más pequeñas.

La visibilización de la candidatura pequeña tiene la ventaja de que quizás alguien se va a llevar representado en esa persona y efectivamente votar por esa persona independiente de que tenga mucho chance para ganar pero sobre todo que también le introduce de nuevo legitimidad a la decisión. Si mi postura es muy extraño o sigo a un candidato que tiene intención de voto baja igual ese candidato se puede lanzar, puede hacer su campaña estarán los espacios y tener su candidatura que es una postura válida y que cabe en la discusión democrática. Sigue ese reto de cómo logramos visibilizarlos y lo único que se me ocurre es seguir encontrando fórmulas en las cuales haya cierta participación equitativa de cara a como se comunican esas candidaturas.

360 radio: Uno de los llamados que hace Comfama está centrado obviamente en Antioquia, Área Metropolitana y los 125 municipios. Pero sí creo que hay un aspecto diferencial cuando analizamos Medellín y ligeramente él Área Metropolitana a cuando vamos a la subregiones de nuestro departamento. Comfama que un voto no es la única forma de cambiar las cosas pero hace parte de la decisión que tomamos si queremos una realidad diferente porque protegemos la vereda, la vivienda, la salud, la seguridad unas cosas que puede que para los que están en la ciudad hoy se den por sentadas.

Lastimosamente muchas veces los municipios más pequeños, las regiones más pobres, terminan sucumbiendo ante unos valores claramente antidemocráticos y por más que vayan a votar, no están cuidando ni su voto ni el bienestar de los demás. Santiago ¿Cómo puede una persona alejada de Medellín de Bello Envigado de las capitales que salga y cuidar con su otro el próximo 29 de octubre, si aún su territorio tiene esas necesidades básicas que no están satisfechas?

Santiago Silva: 

Esa es una pregunta difícil. Yo creo que la primera respuesta que quizás no es la más satisfactoria de todas es que es preferible en estos casos igual votar o no hacerlo. Para muchos ciudadanos que viven en municipios o que creen que la forma como funciona la votación en su municipio realmente no es una buena representación de una decisión democrática, sino que se ve definida por otros intereses, por mecánicas de clientelismo, de corrupción, etcétera o incluso de amenazas de violencia, podría ser un poco descorazonador esta idea de votar y entonces la apatía y la abstención es más una expresión de «pues yo para que voto si eso ya lo resolvieron en otro lado o en otro momento de otra forma que supera pues que se sale de la decisión democrática».

Incluso en ese momento el voto ayuda. Puede ser un poco frustrante pero valioso para esta conversación y tiene que ver con los tiempos de transformación de una democracia.

Colombia durante buena parte de su historia ha estado una especie como de consolidación democrática. Un proceso de democracia que no termina de cuajar del todo, pero es un proceso. Eso requiere cierta paciencia, para ir cuajando. La forma como se elegían alcaldes en muchos municipios particularmente grandes del país, incluso la forma como funcionaba la democracia colombiana ha cambiado sustancialmente en los últimos 30, 40, 50 años.

Uno ve estudios e índices que plantean que en Colombia lo que ha habido en los últimos 50 años ha sido una Consolidación de la Democracia Nacional grande. En las regiones las cosas todavía están en camino. Pero hay ciudades en las que podemos decir con tranquilidad que hay procesos democráticos.

Un poco para quienes viven en estas regiones es plantearles la esperanza de que eso es posible y que hay que seguir trabajando sobre esa posibilidad y que en el fondo uno de los mecanismos fundamentales para eso es a pesar de cualquier cosa seguir votando. Con la expectativa ojalá de que en el futuro eso va a llevar a transformaciones más posibles, a la llegada de candidatos que efectivamente cumplen los mandatos públicos.

360 radio: Un último mensaje o invitación. 

Santiago Silva: 

El mensaje general es a no subestimar el poder del voto. Entendemos que sea un lugar común y un cliché, pero quédense con una idea y es que los clichés, casi siempre son clichés por una razón, que son ciertos. En este caso votar es lo que logra que las democracias salgan adelante. La alternativa que es la apatía y el distanciamiento nunca han logrado que una democracia realmente funcione

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