La política, especialmente cuando se mueve en acuerdos de fondo, exige algo más que juicios rápidos. Lo que aquí se propone es una lectura serena de una alianza que se venía tejiendo desde hace meses y que, pese a los pronósticos, terminó materializándose. El acuerdo que involucra a la Casa Char, a Abelardo De La Espriella y a Federico Gutiérrez no es un hecho menor en el tablero político nacional.
En primer lugar, está el caso de la Casa Char. Y aquí hay un dato que no es menor y que resulta, cuando menos, llamativo: por primera vez, el poderoso grupo político del Caribe va al Congreso sin un candidato que lleve el apellido Char. En su lugar, Cambio Radical presenta una baraja amplia y cuidadosamente construida.
En la Cámara por el Atlántico aparecen nombres como Estefanel Gutiérrez, exconcejal de Barranquilla; Samir Eduardo Radi Chemás, también exconcejal y expresidente del Concejo; Welfran Mendoza, exdiputado; junto a perfiles como Felipe Saruma, Dorita Bolívar, Yolanda Herrera Peña y Darling Guerrero Rodríguez, que buscan ampliar el alcance del partido hacia nuevos sectores. Al Senado, la colectividad respalda a Gonzalo Baute, exdiputado del Atlántico, y a figuras de peso institucional como César Lorduy, Gersel Pérez y Selmen Arana, con la intención de proyectar a escala nacional el modelo político-administrativo que ha consolidado a Barranquilla.
Lo segundo es entender que la Casa Char ha sido, históricamente, un actor clave en la política nacional, especialmente para cualquiera que aspire a la Presidencia de la República. A veces ese respaldo ha sido decisivo; otras, no tanto. El episodio con Germán Vargas Lleras es recordado precisamente porque dejó una lección: cuando el apoyo no se materializa electoralmente, las distancias aparecen. Aun así, la casa del patriarca, la de Fuad Char, ha sido durante años una suerte de estación obligatoria para quienes buscan avales, respaldos o simplemente una señal política.
Ese lugar de romería, donde se escucha y se decide rápido si algo se puede o no se puede hacer, hoy tiene un nombre propio en el Caribe político. Germán Vargas Lleras sigue siendo el gran orientador ideológico de Cambio Radical, pero el músculo electoral, cada vez más, lo administran y lo hacen pesar los Chávez, convertidos en el bastión real del partido.
El tercer elemento aparece en Medellín y Antioquia, con Federico Gutiérrez. Es la primera vez que su movimiento, Creemos, incursiona con una lista propia al Congreso de la República. El objetivo inmediato es claro y ambicioso: superar el umbral, que ronda los 650 mil votos, conservar la personería jurídica y abrirse espacio en el Senado y la Cámara. Antioquia es su mayor fortaleza. Según cálculos internos, allí esperan superar los 300 mil votos, lo que les permitiría soñar con dos, incluso tres curules a la Cámara, y pelear una en el Senado.
En esa estrategia aparecen como figuras centrales Catalina Gutiérrez, hermana del alcalde de Medellín, junto a Julián Andrés Gutiérrez y Andrés Bedoya, los nombres más fuertes de la lista de Creemos.
¿Y dónde entra Abelardo De La Espriella? Su rol es clave. En la recta final de la campaña presidencial pasada respaldó a Federico Gutiérrez, pese a que al inicio no existía una cercanía evidente. Lo hizo, entre otras razones, porque Federico representaba la opción de unidad contra el proyecto de Gustavo Petro, una causa que compartían. Ese acercamiento abrió la puerta a un entendimiento mayor.
Para Abelardo, Antioquia era un objetivo estratégico. Golpear políticamente en la cuna del Centro Democrático, el bastión histórico del uribismo, no era un detalle menor. Con su lista de Salvación Nacional al Congreso, el movimiento es doblemente disruptivo: compite directamente con el uribismo y, al mismo tiempo, se convierte en garante del acuerdo entre la Casa Char y Federico Gutiérrez. Un verdadero triunvirato que, en Antioquia, puede terminar beneficiando especialmente a De La Espriella, restándole terreno a figuras tradicionales de la derecha como Paloma Valencia.
Al final, la pregunta inevitable es: ¿quién gana con este acuerdo? Federico Gutiérrez gana porque suma apoyos en el Caribe, una región donde los Char tienen influencia probada, y eso puede ser decisivo para que Creemos alcance el umbral. La Casa Char gana porque asegura cooperación política, empresarial y de poder en Medellín, una plaza clave fuera de su territorio natural. Y Abelardo De La Espriella gana porque obtiene en Antioquia un respaldo que era fundamental para su proyecto, justo en la tierra del expresidente Álvaro Uribe Vélez.
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