Futuro para la muchachada

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Si la tasa de desempleo nacional para el trimestre a 30 de marzo era de 15,8%, la de los jóvenes era 23,9%. A su vez, el número de ninis, muchachos en que ni estudian ni trabajan, salto de un 22% en 2019 a un 27,7% para febrero de este año.


Por: Rafael Nieto Loaiza

La crisis ha sido aún más cruel con los muchachos. Las razones para su dolor, frustración y rabia son innegables. Pero no hay que equivocarse. Es Petro quien quiere incendiar el país, no los jóvenes. Hay que cuidarse de estigmatizar a esta muchachada de las calles porque aunque es cierto que es manipulada y algunos son usados con fines violentos, otros muchos protestan pacíficamente y hay que comprender las causas de su enfado y buscar soluciones a las mismas. Y con esto no estoy diciendo que esa muchachada refleje a todos los jóvenes colombianos. La inmensa mayoría de los jóvenes no está en el paro, ni en las protestas ni, mucho menos, en el vandalismo, las vías de hecho y los bloqueos. Pero que los de la calle sean una minoría no significa que sus razones para protestar no sean ciertas.

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Ahora, los muchachos no quieren renta básica. Prefieren que su futuro esté en sus manos y no en las de los burócratas. Quieren estudiar y trabajar. Es nuestro deber buscar soluciones estructurales a la baja calidad en la educación, la desescolarización y el desempleo juveniles. Hay que empezar por volver a vincular a los muchachos que desertaron del sistema educativo y condicionar la permanencia en la red de asistencia social a que los hijos asistan a la escuela.

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Es clave mejorar la calidad, que es un desastre, y la pertinencia de la educación. Es vital establecer un mecanismo de calificación de los maestros que esté directamente ligado a los resultados de sus alumnos. La falta de experiencia, de un segundo idioma y de conocimiento técnico lastra las posibilidades de los jóvenes. Hacer alianzas público privadas para identificar potencialidades productivas y que el Estado apoye la capacitación y el enganche de los jóvenes en esos proyectos. Fortalecer los programas de Matrícula cero y Mi primer empleo e introducirles una variante de pertinencia para alinearlos con el mercado laboral. Estamos educando para lo que no se requiere.

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Y hay que incentivar de manera rápida la infraestructura, la vivienda y el campo que necesitan abundante mano de obra no calificada, precisamente la que más abunda hoy entre la muchachada. Eso y los incentivos a los emprendimientos serán temas de otra columna.

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