La Procuraduría General de la Nación ha dado un giro inesperado en el caso de la cuestionada fiesta celebrada en el Centro Penitenciario de Alta y Mediana Seguridad de Itagüí, conocido como La Paz. A través de una decisión oficial, el ente de control anunció la reapertura de la investigación disciplinaria contra varios funcionarios del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), tras considerar que el cierre prematuro del expediente no permitía esclarecer la totalidad de los hechos ocurridos.Este proceso busca determinar cómo fue posible que, en un centro de reclusión de máxima seguridad, se llevara a cabo un evento con música en vivo, consumo de sustancias prohibidas y la presencia de artistas externos, sin que aparentemente mediara un control efectivo por parte de la guardia.
Escándalo en Itagüí: Reapertura de investigación
La controversia se remonta a los videos filtrados hace meses, donde se observaba a importantes jefes de bandas criminales en Itagüí, hoy vinculados a procesos de paz urbana, disfrutando de una celebración que distaba mucho de las restricciones propias de un sistema penitenciario. En su momento, la investigación inicial había sido archivada, argumentando falta de pruebas directas contra los mandos superiores de la cárcel.

Sin embargo, tras una revisión técnica de los folios, la Procuraduría determinó que existen cabos sueltos y testimonios que no fueron valorados con el rigor necesario. La reapertura no solo implica volver a revisar los turnos de vigilancia de aquella fecha, sino también indagar sobre la posible omisión o complicidad de quienes tenían el deber de custodiar el orden en el pabellón de alta seguridad en Itagüí.
El núcleo del escándalo reside en que los protagonistas de la celebración son miembros de estructuras delictivas de gran impacto. Para el Ministerio Público, permitir este tipo de eventos no solo vulnera el reglamento carcelario, sino que envía un mensaje de «permisividad peligrosa» a la sociedad, debilitando la autoridad del Estado frente a los grupos armados que se encuentran en procesos de negociación.
Entre los puntos clave que se volverán a investigar se encuentran:Cómo se burlaron los filtros de seguridad para introducir elementos de gran volumen.Quiénes firmaron los permisos de acceso para personas externas al penal en horarios no permitidos.La evidencia visual que sugiere la presencia de bebidas alcohólicas dentro de las celdas.
Esta nueva etapa procesal pone nuevamente contra las cuerdas la gestión administrativa del penal de Itagüí. La Procuraduría ha sido enfática en que no se puede permitir que las cárceles se conviertan en «centros de eventos» para quienes están pagando condenas por delitos graves.El objetivo inmediato de los investigadores será vincular a los oficiales que estaban a cargo de la vigilancia directa en el momento de los hechos. No se descartan suspensiones provisionales si se halla evidencia de que los funcionarios intentaron ocultar bitácoras o alterar informes de novedades durante la noche de la fiesta.
Con la reactivación del expediente, la opinión pública espera que finalmente se establezcan sanciones ejemplares. La lucha contra la corrupción en el sistema carcelario sigue siendo uno de los mayores retos de la justicia colombiana, y el caso de Itagüí se ha convertido en el símbolo de los beneficios irregulares que algunos internos logran obtener mediante influencias o pagos indebidos.Se espera que en las próximas semanas se realicen las primeras citaciones a descargos para los uniformados implicados, mientras la Procuraduría recopila nuevas pruebas digitales y testimoniales que permitan cerrar, esta vez con una decisión de fondo, uno de los capítulos más vergonzosos de la seguridad penitenciaria en el departamento de Antioquia.
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