miércoles, febrero 1, 2023
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    Un periodista que miente es un periodista corrupto

    Un periodista que miente es un periodista corrupto: «Ante eso, no se puede esperar que exista censura en el trabajo periodístico, pero sí mayor responsabilidad y control, así sea por parte de los mismos colegas y organizaciones periodísticas agremiadas…»


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    Por: Wilmar Vera Zapata

    La prensa hegemónica se ha convertido en un actor más de la política, no solo en Colombia sino en el mundo. Flaco favor hizo las campañas desinformativas Republicanas en EEUU, así como los Conservadores en Reino Unido y la Derecha fascistoide en España y Colombia. Rompieron hace casi 10 años un equilibrio que daba la sensación de que los medios eran el cuarto poder, junto al Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

    En su momentos los llamaron “los perros guardianes de la democracia”. Hoy algunos son pulgosos falderos del poder económico.

    Y ejemplos abundan. Titulares amañados, como el que decía que Arturo Calle se iría del país, pero en el texto decía porque iba a abrir sucursales en el extranjero, así como manipulación en imágenes como las realizadas en las raquíticas marchas de la oposición (¿?) ilustradas con fotos de protestas de 2021 contra las medidas económicas del sub presidente Duque. Y sin ir más lejos, la famosa imagen de RCN Noticias en la que centenares de personas estaban en Cali “celebrando” el retiro de la propuesta de Reforma Tributaria, cuando era todo lo contrario.

    Y ni hablar del éxito de Juan Carlos Uribe Vélez como gerente del No, durante el plebiscito del proceso de paz con las extintas Farc, en la que se dedicaron a mentir y exagerar para que la gente saliera a votar “berraca”.

    Mentir en los medios no es decir medias verdades. Es engañar y manipular.

    Abre foto de perfil

    Del mismo autor: Con mis 6.402 hijos no te metas

    No en vano, en 2019, más del 83% de los encuestados en El Barómetro de la Reconciliación, dijeron no confiar en los medios de comunicación. Sin duda, con los últimos años la cifra debió aumentar y con la llegada del Progresismo a la Casa de Nariño la actividad proselitista de los medios hegemónicos se ha multiplicado.

    Ante eso, no se puede esperar que exista censura en el trabajo periodístico, pero sí mayor responsabilidad y control, así sea por parte de los mismos colegas y organizaciones periodísticas agremiadas. Es hora de que la Fundación para la Libertad de Prensa, por ejemplo, sea vocera real y equilibrada ante las amenazas y abusos que se realizan por parte de comunicadores, que convirtieron sus micrófonos, columnas y espacios audiovisuales en trincheras proselitistas. Dejar impunes las tergiversaciones diarias de Semana, Noticias RCN o El Heraldo, cuando abusan de su poder y se les exige mesura y equilibrio, no es ayudar a construir respeto y tolerancia.

    Además, tener acceso a medios hegemónicos, tentáculos de alguno de los grupos de poder económico y político nacional o regional, no es patente de corso para abusar de la libertad de expresión. La agresión no es un derecho constitucional y que se amparen entre ellos mismos para difundir su veneno, como se hace con los comentarios de la falangista Salud Hernández Mora, del racista sionista David Ghitis o las mentiras dogmáticas y violentas de Fernando Londoño, deben ser expuestos -mínimamente- por nosotros los periodistas.

    La pauta publicitaria se ha convertido en una justificación para atacar a los funcionarios que no son generosos con sus avisos en los medios que, antaño, abrevaban a borbotones de los presupuestos oficiales dedicados a los medios de comunicación. Buscar el equilibrio repartiendo un segmento de ese recurso en medios comunitarios y ciudadanos, como los existentes en los Medios Alternativos, Independientes, Comunitarios y Ciudadanos (Maicc) de Medellín, es una alternativa para luchar contra los bulos y falsedades de los medios hegemónicos. Ese caso se vio en Ecuador y hoy se padece en España, donde los medios públicos y privados atacan al gobierno del Psoe con falsedades y tergiversaciones.

    Además de la Flip, otras organizaciones como Consejo de Redacción, el Círculo de Periodistas de Bogotá, el Círculo de Periodistas de Antioquia o la Asociación de Facultades de Comunicación deberían apersonarse de un problema grave que atañe no sólo a los profesionales de la información, sino que se extiende a la sociedad, porque el poder que manejamos es grande y debe ser con responsabilidad.

    Al respecto, María Teresa Pérez, co-portavoz del partido Podemos, periodista y política española, señaló que “un periodista que miente es un periodista corrupto, igual que un político. Cada vez que un periodista miente capa al periodismo. Los medios son actores políticos que tienen intereses económicos. La libertad de información no ampara la mentira, en ningún caso. Aunque los medios actúen como vigilantes de la democracia, y es fundamental esa tarea, creo que también deben ser sometidos a vigilancia y crítica”.

    Mentir en los medios no es un derecho, como agredir a la ciudadanía no es libertad de expresión. Es hora de dar la cara y ponerle el cascabel al gato de la desinformación y el engaño.

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    Un periodista que miente es un periodista corrupto: «Ante eso, no se puede esperar que exista censura en el trabajo periodístico, pero sí mayor responsabilidad y control, así sea por parte de los mismos colegas y organizaciones periodísticas agremiadas…»


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    Por: Wilmar Vera Zapata

    La prensa hegemónica se ha convertido en un actor más de la política, no solo en Colombia sino en el mundo. Flaco favor hizo las campañas desinformativas Republicanas en EEUU, así como los Conservadores en Reino Unido y la Derecha fascistoide en España y Colombia. Rompieron hace casi 10 años un equilibrio que daba la sensación de que los medios eran el cuarto poder, junto al Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

    En su momentos los llamaron “los perros guardianes de la democracia”. Hoy algunos son pulgosos falderos del poder económico.

    Y ejemplos abundan. Titulares amañados, como el que decía que Arturo Calle se iría del país, pero en el texto decía porque iba a abrir sucursales en el extranjero, así como manipulación en imágenes como las realizadas en las raquíticas marchas de la oposición (¿?) ilustradas con fotos de protestas de 2021 contra las medidas económicas del sub presidente Duque. Y sin ir más lejos, la famosa imagen de RCN Noticias en la que centenares de personas estaban en Cali “celebrando” el retiro de la propuesta de Reforma Tributaria, cuando era todo lo contrario.

    Y ni hablar del éxito de Juan Carlos Uribe Vélez como gerente del No, durante el plebiscito del proceso de paz con las extintas Farc, en la que se dedicaron a mentir y exagerar para que la gente saliera a votar “berraca”.

    Mentir en los medios no es decir medias verdades. Es engañar y manipular.

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    Del mismo autor: Con mis 6.402 hijos no te metas

    No en vano, en 2019, más del 83% de los encuestados en El Barómetro de la Reconciliación, dijeron no confiar en los medios de comunicación. Sin duda, con los últimos años la cifra debió aumentar y con la llegada del Progresismo a la Casa de Nariño la actividad proselitista de los medios hegemónicos se ha multiplicado.

    Ante eso, no se puede esperar que exista censura en el trabajo periodístico, pero sí mayor responsabilidad y control, así sea por parte de los mismos colegas y organizaciones periodísticas agremiadas. Es hora de que la Fundación para la Libertad de Prensa, por ejemplo, sea vocera real y equilibrada ante las amenazas y abusos que se realizan por parte de comunicadores, que convirtieron sus micrófonos, columnas y espacios audiovisuales en trincheras proselitistas. Dejar impunes las tergiversaciones diarias de Semana, Noticias RCN o El Heraldo, cuando abusan de su poder y se les exige mesura y equilibrio, no es ayudar a construir respeto y tolerancia.

    Además, tener acceso a medios hegemónicos, tentáculos de alguno de los grupos de poder económico y político nacional o regional, no es patente de corso para abusar de la libertad de expresión. La agresión no es un derecho constitucional y que se amparen entre ellos mismos para difundir su veneno, como se hace con los comentarios de la falangista Salud Hernández Mora, del racista sionista David Ghitis o las mentiras dogmáticas y violentas de Fernando Londoño, deben ser expuestos -mínimamente- por nosotros los periodistas.

    La pauta publicitaria se ha convertido en una justificación para atacar a los funcionarios que no son generosos con sus avisos en los medios que, antaño, abrevaban a borbotones de los presupuestos oficiales dedicados a los medios de comunicación. Buscar el equilibrio repartiendo un segmento de ese recurso en medios comunitarios y ciudadanos, como los existentes en los Medios Alternativos, Independientes, Comunitarios y Ciudadanos (Maicc) de Medellín, es una alternativa para luchar contra los bulos y falsedades de los medios hegemónicos. Ese caso se vio en Ecuador y hoy se padece en España, donde los medios públicos y privados atacan al gobierno del Psoe con falsedades y tergiversaciones.

    Además de la Flip, otras organizaciones como Consejo de Redacción, el Círculo de Periodistas de Bogotá, el Círculo de Periodistas de Antioquia o la Asociación de Facultades de Comunicación deberían apersonarse de un problema grave que atañe no sólo a los profesionales de la información, sino que se extiende a la sociedad, porque el poder que manejamos es grande y debe ser con responsabilidad.

    Al respecto, María Teresa Pérez, co-portavoz del partido Podemos, periodista y política española, señaló que “un periodista que miente es un periodista corrupto, igual que un político. Cada vez que un periodista miente capa al periodismo. Los medios son actores políticos que tienen intereses económicos. La libertad de información no ampara la mentira, en ningún caso. Aunque los medios actúen como vigilantes de la democracia, y es fundamental esa tarea, creo que también deben ser sometidos a vigilancia y crítica”.

    Mentir en los medios no es un derecho, como agredir a la ciudadanía no es libertad de expresión. Es hora de dar la cara y ponerle el cascabel al gato de la desinformación y el engaño.

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