El sector energético colombiano enfrenta uno de sus desafíos más complejos debido a las condiciones climáticas extremas. Durante el periodo de mayor intensidad del fenómeno de El Niño, se proyecta que el precio de la energía experimente un incremento sustancial, alcanzando niveles críticos que podrían situar el valor del kilovatio hora en la barrera de los $1.000.
Esta proyección surge en un contexto donde la disminución de los embalses obliga al país a depender en mayor medida de fuentes de generación térmica, las cuales operan con costos de producción significativamente más elevados que las centrales hidroeléctricas. El fenómeno de El Niño reduce drásticamente los aportes de lluvia en las cuencas que alimentan las principales hidroeléctricas de la nación. Al descender los niveles de almacenamiento, el sistema eléctrico nacional debe activar su «plan de contingencia»: la generación a través de plantas térmicas que utilizan combustibles fósiles.
El kilovatio a $1.000: Un golpe a la competitividad industrial en tiempos de sequía
Este cambio en la matriz de generación es el principal responsable de la presión alcista. Mientras que la energía hídrica es comparativamente económica, la generación térmica está sujeta a la volatilidad de los precios de los combustibles y a la logística de suministro, lo que se traduce en un encarecimiento directo en el mercado mayorista.

La posibilidad de que el costo llegue a los $1.000 por kilovatio hora representa una señal de alerta no solo para las empresas distribuidoras, sino para el bolsillo de los hogares y la competitividad industrial. Los expertos señalan que, aunque existen mecanismos de estabilización, la prolongación de la sequía presiona los precios en la bolsa de energía de manera inevitable.
Es el respaldo necesario, pero su costo operativo es el doble o triple que el de la hidroelectricidad. Algunos usuarios podrían estar protegidos por contratos previos, pero aquellos expuestos al mercado «spot» sentirán el impacto de inmediato.
Ante este panorama, Enel, las autoridades del sector y los gremios energéticos han comenzado a enfatizar la importancia de la eficiencia energética. La meta es evitar que la demanda supere la capacidad de oferta actual y, de paso, mitigar el impacto financiero en las facturas mensuales.
El Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Minas y Energía, monitorea diariamente el estado de los embalses. Se espera que, de mantenerse la tendencia de pocas precipitaciones, se intensifiquen las campañas para reducir el consumo innecesario tanto en el sector público como en el privado.
Este escenario pone de relieve la urgencia de diversificar la matriz energética con fuentes renovables no convencionales, como la solar y la eólica, que podrían servir de soporte durante los ciclos de sequía sin depender exclusivamente de los combustibles fósiles. Por ahora, el país entra en una etapa de vigilancia estricta, donde el uso responsable de la electricidad será determinante para transitar la fase más aguda del fenómeno climático sin comprometer la estabilidad económica del usuario final.
Lea también: Nutresa renueva 30 millones de empaques para impulsar su estrategia de sostenibilidad
