Funcionario público: un trabajo de alto riesgo

La reciente captura del gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria, confirma una vez más lo peligroso que es laborar en el servicio público, cuando irónicamente esto debería ser un honor y no que persigan a muchos ciudadanos, por querer servirle a su ciudad, departamento o país.


Por: Andrés Felipe Gaviria

Las realidades económicas y laborales que tiene Colombia son bastante complejas y no será esta la columna que las analice, sin embargo, en el Estado muchos encuentran un importante lugar de destino para una estabilidad laboral, crecer económicamente, incluso, profesionalmente, pero en ciertos círculos del sector público, sobre todo, en los cargos de elección popular y claramente, en los cargos que son por designación pero que tienen bajo su directriz ordenación de gasto, contratación, entre otras funciones que involucre el manejo directo de recursos públicos, siempre existirá un peligro muchísimo más alto de terminar con alguna investigación de cualquier naturaleza, sea disciplinaria, fiscal o judicial.

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Una de las frases que ha hecho carrera en el sector público es: No se es buen funcionario público o no se ha pasado por allí, si no se tiene una investigación. Pareciera que es un plus que se le agrega a cada uno de estos cargos mencionados, que realmente a muchos les asusta y les hace mantenerse alejados de este servicio.

Si bien las remuneraciones económicas en el sector público no son las mejores y a estas alturas del partido algunos dan batallas por reducir los salarios, por ejemplo, de los congresistas, lo que más preocupa a quienes llegan sin ningún interés mezquino a estos cargos, a pesar de hacer obras con las mejores intenciones para el beneficio de sus comunidades, es que por cualquier mínimo error que se pueda cometer, no sólo se reciba una sanción económica, inhabilidad o suspensión, sino una condena que los prive de su libertad, lo que conlleva a una contaminación absoluta de la hoja de vida y la reputación.

En el caso de Aníbal Gaviria – situación que lamento profundamente – considero que la medida emanada por parte de la Fiscalía General de la Nación es desproporcionada, injusta, inaceptable e ilógica, donde queda manchada la confianza en la institucionalidad, algo que ya se veía.

Es claro lo que ha suscitado el caso de Gaviria, como el respaldo de gremios, el sector académico, empresariado, algunos medios de comunicación y de la ciudadanía en general, ya que entienden que no hay lugar a lo pasado con el gobernador.

Gaviria tiene todo el derecho de defenderse en libertad, que se le respete el artículo 29 de la Constitución Política de Colombia y que no se deje sin cabeza visible al departamento de Antioquia en un momento como este. Si el gobernador cometió algún delito, falta disciplinaria o incurrió en algún detrimento patrimonial, y si se comprueba, debe responder ante las autoridades.

Confío en su inocencia, espero que este caso se solucione, que la Corte resuelva a su favor y anule la orden de captura. Quería dejar aquí planteada la reflexión sobre el servicio público. Lastimosamente el Estado seguirá siendo el mayor empleador del país, mucho más después de la crisis del coronavirus, cuando las empresas privadas cierran, el desempleo es exponencial y el Estado será la única solución, el único escampadero para muchos.

Más allá de las personas que puedan llegar a un cargo corriente y sin ningún peligro, lamento que el servicio público se pierda de perfiles excepcionales, personas con liderazgo, conocimientos importantes e ideas innovadoras que podrían llevar desarrollo, crecimiento social, económico y progreso integral a tantos territorio de nuestro país, solamente por ese miedo de perder hasta su libertad, exponer a su familia y echar a perder su vida por cualquier error, un documento que no se firmó, alguna cifra que quedó mal concebida, un procedimiento fallido o porque ha sido víctima de una persecución política y judicial, algo que no es nuevo en este país.

Seguramente estaremos condenados a que muy pocos sean los valientes, literalmente, que se atrevan a entregar su vida a estas causas y que sean más las personas que perdamos y que pudiesen aportar decididamente al desarrollo.

Ojalá, y como Aníbal Gaviria lo ha planteado, se reflexione sobre el papel de la justicia, su manera de proceder, la urgencia de una reforma y respetar los derechos fundamentales de las personas en Colombia.

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