Con Roy Barreras ocurre un fenómeno que las encuestas aún no logran reflejar. Su nombre no aparece con fuerza en los sondeos ni registra cifras competitivas, pero el movimiento político que se percibe a su alrededor sugiere un escenario distinto. Todo indica que hoy Roy concentra buena parte de la maquinaria política del país, con la excepción de la izquierda más ortodoxa, la que acompaña a Iván Cepeda y la que no ve, ni vería, con buenos ojos a Roy, salvo que no tenga otra opción al frente.
La frase que lo resume es clara: “con Roy ganamos todos”. Ese mensaje queda flotando cuando actores de muy distintas tendencias políticas, incluso de derecha, hablan de él. No es que para muchos sea la mejor opción; para varios, más bien, puede ser el último trago del vaso y, aun así, una alternativa más favorable que Iván Cepeda.
Primero, por la historia política de Roy, que muchos consideran llena de incoherencias, vaivenes, cambios de identidad y de convicciones, aspectos que él mismo ha aceptado sin rodeos. Roy sabe que tiene una posibilidad real de convertirse en la carta de la centroizquierda, y a eso está apostando.
Tiene, además, una historia de vida que vende bien: criado en las Tres Cruces, en Cali; taxista para pagarse la carrera de Medicina; médico, luego congresista. A diferencia de otros, aceptó inteligentemente no ser ministro del gobierno de Gustavo Petro. Fue embajador y aprovechó ese periodo para atender asuntos de salud.
Su presidencia del Congreso fue, probablemente, la más efectiva para el Gobierno en su arranque, siempre con sus formas y maneras, para muchos cuestionables, porque la efectividad no siempre justifica los medios. Pero lo cierto es que Roy le consiguió resultados a este gobierno en su inicio, y así se lo reconoce el propio presidente.
Dicho eso, hay que decirlo sin rodeos: Roy hoy tiene una estructura política que muchos quisieran. Esa estructura no se mueve sola, pero existe. A su favor juega la duda, la incógnita y el camino minado que enfrenta Iván Cepeda. Si Cepeda insiste en continuar sin una autorización previa del CNE, el escenario se complica. A eso se suman las dudas sobre su estado de salud y, sobre todo, la resistencia que genera en otros sectores, mucho mayor que la que despierta Roy Barreras.
Roy juega, como buen ajedrecista, a muchas manos. Para algunos, ese juego puede parecer maquiavélico, pero la política lo es; de eso no cabe duda. Entonces surge la pregunta: ¿por qué Roy, a pesar de no marcar, literalmente, en las encuestas, se mueve tanto y acumula apoyos importantes en varias regiones del país? Porque algo se está tramando entre una parte del Gobierno, una parte del Congreso y una parte de la clase política que entiende que Roy conoce bien las dolencias, los quereres, los malestares y los gustos de los congresistas, y sabe cómo atender esos frentes.
Además, Roy combina algo que tranquiliza a muchos: respeto por el libre mercado, la propiedad privada y una relación fluida con los empresarios, justamente lo que la derecha siente amenazado con Gustavo Petro. En ese sentido, ¿qué caminos tiene Roy? ¿Por qué tantos hablan de él y tantos se sorprenden? Decir que alguien que no alcanza ni el 3 % en las encuestas pueda ser una sorpresa electoral parece descabellado.
Pero una cosa es lo que se mide en ciertos sectores, en determinadas redes y círculos urbanos, y otra muy distinta lo que ocurre, como dirían con cierta intriga desde Bogotá, en la Colombia profunda. Eso está por verse el 8 de marzo. Insistimos: una cosa es lo que se mueve y otra lo que realmente se ejecuta.
Si Iván Cepeda no va a la consulta, puede quedarse con la porción más ortodoxa y radical de la izquierda, avanzar tranquilo hacia una primera vuelta y no someterse al pulso del 8 de marzo, siempre y cuando el CNE le cierre la puerta a la consulta. Eso puede pasar.
Ahora bien, si Cepeda se lanza sin claridad jurídica, sin conceptos sólidos, siempre habrá alguien dispuesto a demandar su inscripción o su eventual elección, alegando que no podía participar en esa consulta. Su candidatura nacería con problemas. Y Roy estaría atento a cualquier tropiezo.
Si Cepeda participa y gana, o incluso si queda segundo, Roy podría terminar como su fórmula vicepresidencial. En los otros escenarios, ocurre algo parecido: Roy siempre queda a un paso. Pero si Cepeda no va y Roy gana la consulta, puede hacerlo por una diferencia amplia, convertirse en una sorpresa, en un momento político, atraer votantes en detrimento de Cepeda y de otras candidaturas, y transformarse en una opción real de primera vuelta.
En conclusión, hoy la apuesta de Roy no es, estrictamente, ganar la Presidencia de inmediato. Lo que le interesa es consolidarse como una opción viable. Ya lo es en la cabeza de muchos. Y la manera de lograrlo pasa por ganar el 8 de marzo o, al menos, quedar segundo, mientras persisten las dudas sobre Iván Cepeda. Por eso Roy Barreras sigue rondando, para bien o para mal, en la cabeza de los estrategas, y de los mitos, de la política colombiana.
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