El bajo perfil que ha mantenido la senadora Paola Holguín en el actual proceso electoral no es casual, detrás de su distancia hay una definición política de fondo: su relación con el Centro Democrático y con el expresidente Álvaro Uribe atraviesa un punto de quiebre que ella misma interpreta como el cierre de un ciclo.
Aunque no se trata de una ruptura formal, sí hay una decisión clara. Holguín respaldará la consulta presidencial en la que participa Paloma Valencia y votará por las listas al Congreso del partido, pero no hará parte de los actos públicos ni compartirá tarima con Uribe ni con la precandidata. Para ella, ese gesto marca una frontera política y personal.
Paola Holguín toma distancia del expresidente Uribe y marca un punto de quiebre con el partido
La razón no es el resentimiento, sino una acumulación de hechos que derivaron en decepción. Tras años de trabajo, disciplina y lealtad, Holguín considera que dentro del partido se consolidó una dinámica en la que, pese a los resultados y méritos, el reconocimiento nunca llega o llega demasiado tarde.
Uno de los episodios que más pesa en esa lectura ocurrió durante el gobierno de Iván Duque. Luego de ser la senadora más votada del Centro Democrático, recibió la confirmación de que asumiría la presidencia del Senado. Sin embargo, apenas 24 horas antes de la elección, se le informó que el cargo recaería en Ernesto Macías. La decisión fue acatada en silencio, por disciplina partidista.
A ese hecho se suman las tensiones alrededor de la conformación de las listas al Congreso en el actual proceso electoral. Holguín señala que no se le permitió incluir personas de su entorno cercano en las listas a la Cámara de Representantes, pese a su trayectoria dentro del partido. También manifestó inconformidad por la ubicación asignada a Juan Espinal en la lista al Senado, a quien considera merecedor de un lugar dentro de los primeros diez renglones.
Otro punto clave fue la forma en la que se definió su propio futuro político, no hubo consulta previa ni discusión interna. Simplemente fue notificada de que no tendría opción en la Cámara y que ocuparía el renglón 14 en la lista al Senado.

El distanciamiento no se limita al plano político, Holguín reconoce que la comunicación con el expresidente Uribe se ha enfriado desde hace mucho más tiempo del que públicamente se percibe. Hoy, el contacto entre ambos es prácticamente inexistente.
De cara a una eventual aspiración a la Gobernación de Antioquia o a la Alcaldía de Medellín, la senadora no descarta ese escenario. De concretarse, lo haría por firmas, dejando en manos del partido la decisión de acompañarla o no.
Pese a este alejamiento, Holguín insiste en que no abandona su compromiso con el país ni con el departamento. Su distancia es de la órbita cercana al liderazgo de Uribe, no de la vida política ni de sus convicciones.
El episodio abre una discusión incómoda pero necesaria dentro del Centro Democrático. Más allá del caso puntual, deja en evidencia tensiones acumuladas, liderazgos desgastados y una pregunta de fondo sobre las formas, los reconocimientos y el manejo interno de figuras que han sido protagonistas en la historia del partido. Un debate que, coinciden voces internas, pudo tramitarse a tiempo con una herramienta básica: el diálogo franco y oportuno puertas adentro.
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