Durante años hemos confundido modernización con acumulación. Más cámaras, más sensores, más radares. Más pantallas en los centros de control. Más tecnología visible. Sin embargo, la experiencia demuestra que una infraestructura verdaderamente moderna no es la que más equipos tiene, sino la que sabe interpretar lo que ocurre y actuar a tiempo.
En este sentido, Colombia no parte de cero. Hoy contamos con carreteras, túneles, aeropuertos y puertos dotados de sistemas tecnológicos avanzados. El país ha invertido de manera consistente en infraestructura física y digital, especialmente en los corredores estratégicos que sostienen la competitividad regional.
Y es que una vía no es solo asfalto. Es un organismo vivo que produce información de manera constante para el usuario de la vía: flujos de tráfico, condiciones ambientales, comportamiento de las personas usuarias, eventos recurrentes, riesgos previsibles. Cada sensor instalado genera datos que describen la personalidad de esa infraestructura. Cuando esos datos se quedan almacenados sin análisis, la tecnología se vuelve pasiva. Cuando se interpretan correctamente, la infraestructura comienza a aportar en la toma de decisiones.
Imaginemos un túnel en la vía al Llano o en las vías de Antioquia. Allí, donde la operación se apoya en sistemas integrados de última generación que permiten centralizar información y anticipar escenarios críticos, la tecnología deja de ser un lujo y pasa a ser una herramienta esencial. Ante la amenaza de un incendio, no dependemos del ojo humano, sino de algoritmos capaces de detectar en segundos cambios de temperatura, visibilidad y presencia de gases tóxicos, activando ventiladores y barreras de forma automática para proteger la vida.
Aquí es donde la transformación digital deja de ser un concepto abstracto. No se trata de automatizar por automatizar, sino de integrar sistemas, centralizar la información y utilizar analítica avanzada e inteligencia artificial para apoyar la toma de decisiones. Una infraestructura inteligente no reemplaza a las personas operadoras, las respalda. Les ofrece contexto, alertas oportunas y escenarios claros para actuar con rapidez y criterio.
Esta lógica no aplica solo a las carreteras. El país necesita avanzar hacia un ecosistema multimodal verdaderamente integrado, donde puertos, aeropuertos, transporte urbano, ferrocarriles y vías terrestres conversen entre sí.
La buena noticia es que Colombia cuenta con talento técnico, empresas líderes con capacidades tecnológicas demostradas como Indra y casos de referencia que demuestran que es posible avanzar hacia una movilidad más segura, eficiente y sostenible. Lo que se requiere ahora es una decisión clara: pasar de la promesa tecnológica al hábito operativo, del dato almacenado al dato utilizado y de la reacción tardía a la prevención inteligente.
Modernizar la infraestructura no es hacerla más vistosa, es hacerla más confiable: que funcione cuando no la vemos y que responda cuando más la necesitamos, poniendo siempre en el centro al usuario de la vía, razón de ser de cualquier sistema de movilidad.
